Tour 2010. 9ºetapa: El enemigo se llama Andy

Andy Schleck se vistió de amarillo en Saint Jean de Maurienne, donde Casar batió a Luis León Sánchez después de que el luxemburgués y Alberto Contador libraran la batalla de los ataques en la Madeleine, juez de la etapa que eliminó a todos los favoritos y deja el Tour de Francia entre ambos
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Tour 2010. 9ºetapa: El enemigo se llama Andy
Tour 2010. 9ºetapa: El enemigo se llama Andy

Es así Andy Schleck, mirada ilusionada, ojos pícaros, sagaces, tan ambiciosos como insaciables. Caprichoso el niño luxemburgués. Porque al fin y al cabo es eso, un chaval de veinticinco años y retinas claras, tanto como el temperamento reposado, tranquilo. Calma cuando pisa el suelo. Si se sube a los pedales cambia, vuela mordaz, arisco. Bruto en los ataques, lo de un adolescente que no deja de desear, antojadizo, más y más. Que si tiene algo muy relamido, muy visto se cansa pronto. Codicioso y antojadizo el muchacho espigado hasta el cielo, hasta más no poder. Pocas veces pierde la sonrisa, tranquilo y rezagado cuando pide más. Cuando quiere más. Y todo lo consigue al paso de conversar con el interior antes de marcharse de compras mientras recorre Francia. "una etapa y ganar el Tour" se prometió para el mes de julio. En ello está el chico. El enemigo, único antagonista ya, cerco estrechado para Alberto Contador. No hay más jugadores con sus manos escondiendo naipes. Las fuerzas, como las cartas, ases, reyes, picas y corazones, están ya sobre la mesa. Esclarecedoras con solo nueve etapas y el que se presuponía intrascendente paso por los Alpes donde el Tour ha dictado sentencia. Solo dos jugadores, no hay sitio para nadie más. Dos bazas a repartir. Un par de barajas: Andy Schleck y Alberto Contador.


El resto de cartas volaron cuán huracán de fuerza suprema se las hubiera llevado. Corazones sangrientos, como el de Cadel Evans, entraña y codo encarnizados. Amarillo líder por fuera, rojo a ras de piel, la del codo derecho con una fractura "leve pero molesta", suficiente como para alejarle una vez más, un año más, del triunfo por el Tour. Vacío por dentro iba el australiano, un difunto en medio de la desolación cuando coronó la Madeleine a más de siete minutos del explosivo Andy Schleck y el respondón Alberto Contador. Otro telón que se baja para seguir al de Armstrong en Morzine. Otro punto y final a la historia de amor y odio del 'aussie' con la ronda gala. Sin carta para poder jugar en la partida. Ni él ni el resto. Sastre, Menchov, Basso, Leipheimer. Todos se han quedado sin asiento sobre la mesa.


Ataques de Andy Schleck

"Hagan sus apuestas". Ahora solo es cosa de dos: Andy y Alberto. Así lo dijo el larguirucho luxemburgués de mirada tierna y plácida mientras sonreía. "¡Eh, todavía no he ganado ninguna etapa, eso es lo primero que quiero!". Se decantaba entonces, todavía sin rodar un kilómetro por Francia, por el Tourmalet. Pero hasta entonces queda mucho, "puede pasar de todo". Chico precavido. Mejor atar las cosas cuando se tienen al alcance. Luego el amarillo, otro capricho que nunca había vestido. "Todo a su tiempo, cuando sea el momento". Plácido. El momento ha llegado. También el de los ataques subversivos contra el poder de Alberto Contador, el rey "mi ciclista preferido", no le importa confesar. Chico rebelde sin respeto ante la monarquía. Intrépido indomable Andy, que supo esperar al relevo de la muerte de Dani Navarro. De nuevo el asturiano dio el aliento descorchador y la confianza vital ara Contador, esta vez con apenas un kilómetro de pedalada salvaje y espectacular. Espléndida. Antes lo habían hecho Morabito y Santambrogio para Evans y Sorensen para sus líderes. Pero, al contrario que en Morzine, no era día para el lucimiento de los gregarios. Era día de líderes.


En esas no juega, o no debería, Alexandre Vinokourov. Desafío el del kazajo con su incomprensible ataque. Un trébol en medio de la partida. Incógnita. Aguantó en cabeza en las primeras rampas de la Madeleine y luego se desahogó. O paró. Ante su rostro inamovible nunca se sabe pero dejó el terreno a Dani Navarro antes de que el caprichoso Andy Schleck volviera a tentar a las piernas de Contador. Esta vez sí respondieron. Una vez. Y otra. Y otra más. Y otra vez más también. Así caían pliegos de cartas , por culpa de la mirada indómita y carnívora del niño simpático tras los bastidores y matador en la bicicleta. Descarnizante. A él le siguió Contador tan solo. El resto, cartas sobre el suelo. Muertos. El Tour ya es una partida de dos jugadores con nueve etapas en las piernas. De dos y sus gregarios, como Jens Voigt, uno de los integrantes de la fuga que de inicio desafió al pelotón con el Caisse d'epargne cono director de orquesta.


Escapada de salida

Puerto de altura sublime y descenso vertiginoso solo podían llevar por montera su nombre: Luis León Sánchez. Rugió el equipo navarro con Ivan Gutiérrez, cerebro en el arte de formar la escapada y Christophe Moureau, el ancla y piedra táctica. Con ellos Cunego, Nocentini y el líder de la montaña Pineau. Taaramae, Charteau, Sandy Casar. Ninguno ensombrecía la figura rauda del león. Rugía ya en el descenso de la Madeleine incluso cuando Andy Schleck y Contador acortaron diferencias gracias al desdoblamiento de Jens Voigt, reventado en cabeza pero con dosificación suficiente para tender la mano a Andy. "Toma un botellín", le dijo, entre ataque y ataque del pequeño. "¡¡No quiero agua!!", le gritó. "¡Vamos, dale fuerte!". Empecinado se mordió la lengua el caballo alemán. A cabalgar. Igual de retorcido Samuel, consistente en la subida. Regulador. No podía seguir el ritmo de los dos mejores escaladores del mundo y supo mantener la calma hasta que la carretera se tornara hacia abajo.


En esas es más poderoso que nadie. Apretó los dientes y brilló en la trazada, como acostumbra. Seguridad y confianza a mil por hora. De nada le sirvió ante el entendimiento de Contador y Andy Schleck. "Los tenía a poca distancia pero nada, no los cogía", se lamentaba. Volvió a perder su oportunidad, como en Morzine. Otra más. También Luis León Sánchez en la llegada. Focos instaurados en su garganta, esperando el rugido. Miradas expectantes de su ataque. Planteó trasera la llegada pero supo salir con un arte inconcebible para ponerse a rueda de Damiano Cunego. Mano a mano entre los más rápidos. Otra curva y azote de Sandy Casar en el golpe final. Allí no llegó Luisle, le fallaron las fuerzas. Le sobró la calma de los tres kilómetros anteriores, los que sirvieron para encadenar a Andy Schleck y Contador a la disputa de la etapa. Lo probó Andy, otra vez deseoso, con un sprint lejano pero desistió. Eso ya no le ocupa, tocaba vestirse de amarillo. Y ahora más, que no se cansa el niño, el rival de la partida del Tour de Francia que se queda con solo dos jugadores.



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