Tour 2010: Cancellara, el maestro de motor humano

Barrió con el tiempo de Tony Martin y demostró seguir siendo el rey sin propulsores mecánicos de por medio en la prólogo que abrió la ronda gala y en la que Alberto Contador se quedó a cinco segundos del tiempo marcado por Lance Armstrong, el mejor de los favoritos
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Tour 2010: Cancellara, el maestro de motor humano
Tour 2010: Cancellara, el maestro de motor humano

Hace tiempo que a Fabian Cancellara le dejaron de estimular las victorias en las prólogos de las grandes vueltas. "He ganado ya tantas...", dice con sinceridad cercana, la propia del hombre que se sabe superior, el rey del reloj. Sin ostentaciones ni chulería. Realismo puro. "Encima a veces es un poco rollo", se sincera. "El podium, el control antidoping, la rueda de prensa...". Para cuando llega al hotel, mientras sus espaldas reciben el pertinente y vital masaje regenerador, sus compañeros ya han sacado el champagne para celebrar su triunfo y se lo han bebido antes de que él se siente a la mesa a cenar. Por eso busca estímulos. Incitaciones directas. Provocaciones a él mismo. Una marca, un récord, batir a un corredor en concreto o marcar un determinado número de kilómetros a la hora que le animen y le hagan sacar a esa bestia contrarrelojista que lleva dentro. A veces, tiene la suerte de que esos desafíos se los imponen los demás y no necesita buscar en su interior o navegar entre matemáticas y números que superar. Así sucedió cuando se encaminaba a la rampa, esa cuestita mágica que, como balín fugaz, daba el pistoletazo de salida al Tour de Francia más abierto y emocionante de los últimos años. Era el penúltimo en salir, favorito indiscutible. Pero nadie se fijaba en él de camino a la salida. Todos miraban su bicicleta. La más estudiada, la más chequeada. La más analizada.


Impecable por fuera pero ¿vacía por dentro? Le tocaba demostrar que así era. Incitado por el mundo que le ponía la incógnita en la limpieza de sus impresionantes victorias en Flandes y Roubaix. Motivación inmejorable. Llevaba inscrito en la parte superior de su casco Cancellara dos credos epistolares. Dos líneas doradas que resumen su supremacía contrarrelojista: 'World Champion' y Olympic Games Champion'. Absoluto jefe y dueño del reloj. Él y sus dos piernas. Nada más. Ni motores, ni propulsores mecánicos- El dueño del infierno con las manecillas del tiempo domadas a su gusto. Jefe supremo. Ahí tenía la motivación, una incitación dada desde que Davide Cassani le retó con un vídeo donde explicaba sus oscuras prácticas motorizadas en las clásicas del pavé. Por allí, por las piedras, Cancellara pasará el próximo martes protegiendo a su líder, Andy Schleck, el gran rival de Alberto Contador en este Tour. Y lo hará de amarillo. De líder. Por ser el mejor en la prólogo. El rey. "Quería demostrar que soy el maestro de las prólogos". Dicho y hecho.


Mejor tiempo de Martin

Calentaba motores, los de sus bíceps de guerrero mientras una sarta de corredores cruzaban la meta indelebles ante el piso mojado que dejó a la vanguardista Rotterdam mojada. Una serpiente de ciclistas que no quiso tomar la vía del peligro y situó a Tony Martin inamovible del primer puesto. El HTC-Columbia había estudiado las predicciones del tiempo. Fueron los únicos, junto al Sky, que lo hicieron. Por eso colocaron a sus líderes, a Tony Martin los amarillos y a Wiggins los ingleses, camuflados. El ex-pistard reconvertido en hombre-Tour apenas se acercó a los mejores tiempos. Al alemán, en cambio, le tocó meterse en el 'reservado' y esperar, merced a una marca de matrícula -10 minutos y 10 segundos-. Un reto para Cancellara. "Me dijeron que para ganar tenía que marcar diez minutos". Los clavó. Maestro.


Antes que él ya habían salido Armstrong, Basso, Andy Schleck y Evans. Todos desvalidos ante la marca de Tony Martin. Un tiempo para ganar, si las acusaciones del uso de motores, de doping mecánico y bicicletas con propulsores no se hubieran vertido sobre Cancellara. Incitado. Bestia furiosa y desatada. El alemán del HTC-Columbia esperó, impertérrito como acostumbra. Solo una leve sonrisa se disfrazó en su inexpresivo rostro cuando Millar, superaba su tiempo a cien metros de cruzar la meta. Uno menos. Quedaban Kreuziger, que cumplió, pero no le batió, Andy Schleck, que decepcionó y se defraudó a sí mismo. "Ha sido un día de mierda", dijo el joven luXemburgués, todavía con las manos chirriando de dolor por la caída que hace una semana sufrió entrenando y le tiene lleno de magulladuras. Quedaba también Luis León Sánchez, ataviado con el maillot de Campeón de España de la modalidad. Nada. Quedaba Evans, a treinta segundos del joven alemán. Otro menos.


Armstrong y Contador cumplen

Y quedaba Armstrong. Temblaba la mente de Martin, silenciosa. Sin vocablo cuando en el punto intermedio se quedaba solo cinco segundos de su marca. Por allí pasó poco después Cancellara. Una bestia con el cordel desatado. Un gladiador hambriento de sangre y victorias. Mejoró en seis segundos el mejor tiempo y entonces Martin lo supo. No había nada que hacer contra el, locomotora humana sin motor artificial. Solo dos piernas. Dos masas que se llevaron por delante toda acusación y dudas. Apisonadora. Por allí pasó también Alberto Contador, el último honorífico. Curvas con pedaleo abierto, ritmo alegre pero sin riesgos sobre un piso en vías de secado. Doce segundos en el primer punto intermedio con respecto a la bestia humana de Cancellara y uno solo, la comparativa de verdad importante, con Lance Armstrong.


Aumentó en meta esa distancia, afincada finalmente en cinco segundos. El doble de boquete fijó Cancellara con Tony Martin, sonrisa resignada cuando el suizo cruzó la meta. Nada se puede hacer contra una bestia hambrienta. Ni siquiera se levantó para lanzar la bicicleta en los últimos metros. Repitió postura, gestos y pedaleo sádico del Tour de Flandes y de la París-Roubaix. Allí, donde en plena Capilla distanció a Tom Boonen sin inmutarse. Sin acelerar. Después llegaron las acusaciones de correr con motor incorporado, la rabia, la defensa en forma de palabras y ahora, la demostración con hechos. "Mucha gente pensará que llevo motor y se creerá esas tonterías, por eso quería demostrar que soy el maestro de las contrarrelojs". Sin más maquinaria que un par de pedales, dos ruedas y una bicicleta. Acoplado todo en su gladiadora figura. Cruenta bestia de maquinaria natural. El maestro de motor humano.




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