VIDEO.Milán-San Remo:La leyenda viva de Óscar Freire

Suma su tercera 'classicissima' con un espectacular sprint en el que sacó de rueda a Bonnen y dejó en la estacada a Petacchi y Bennati
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VIDEO.Milán-San Remo:La leyenda viva de Óscar Freire

Recordaba Óscar Freire 24 horas antes de asaltar por novena vez la Milán-San Remo la congregación que hizo la organización de la clásica italiana con sus últimos ganadores para una sesión de fotos. "De todos los que estábamos allí, de todos los que seguimos en activo, yo era el único que la he ganado dos veces". Mito ciclista. Vivo y agudo como nadie. Pronosticaba Friere con los posibles finales para el cuento de la 101º Milán-San Remo marcada por la ausencia mediática de Lance Amrstrong. Una gastroenteritis le obligó a deshacer la maleta a última hora. Antes, mucho antes había sufrido Óscar Freire los achaques de las afecciones en el cuerpo. Una gripe le puso a temblar de frío a una semana de la Milán-San Remo. 'La classicissima'. La 'cita', en mayúsculas para el cántabro que apenas se dejó ver en las llegadas masivas de la Tirreno-Adriático. Por falta de fuerzas primero y por no querer arriesgar después. Inteligencia suprema, astuta y sagaz la de poner en estado de reserva su maquinaria. Todo por agarrar de la mano el tridente. Por cerrar su círculo de 'hat tricks' históricos, -Milán-San Remo y Mundiales-, por esperar a la bajada del Poggio. Por detonar un sprint de impresión. Por convertirse en leyenda viva del ciclismo.


Escapada con 22 minutos

No hay personaje más dispar que él en el pelotón. Despistado como nadie, es capaz de olvidarse de su documentación de identidad, imprescindible, antes de salir de casa para emprender un viaje y, a la vez, presumir de un intelecto supremo para pronosticar rivales, para predecir la situación de carrera que va a travesar, para presentir la rueda a seguir y adivinar en en ella el golpe necesario hasta la gloria. Un superdotado de las dos ruedas. Un día antes de las Milán-San Remo dibujó en un papel el esquema de la carrera: "No veo a nadie capaz de romper en la Cipressa y el Poggio", vaticinaba el cántabro, para escándalo de la parroquia ciclista que veían en Philippe Gilbert, Juan Antonio Flecha, Edvald Boasson Hagen o Cancellara, más por esperanza que por sensaciones, la ilusión de romper una llegada masiva. Más opciones que nunca. Pero no. Resulta que Freire acertó a pesar de los múltiples intentos a las disyuntivas del sprint cuando el grupo se acercó a los dos puntos calientes de 'la Classicissima' con el acelerador metido. Cambio de marcha después de conceder más de veinte minutos a Fabrice Piemontesi, Diego Caccia y Aristide Ratti.


Soñaron los tres con la Cipressa y el Poggio mientras miraban las agujas del reloj hasta que el Columbia de Cavendish, el Lampre de Petacchi, el Liquigas de Bennati y el Katusha de Filippo Pozzato les bajaron de las nubes. Un suspiro les duró la ventaja porque mucho antes del primer gran juez los tres habían sido ya borrados del mapa. Nada de escapadas consentidas hasta la meta, ni fulminantes golpes al pelotón. Así lo había dicho el adivino Freire. Así fue. La Cipressa solo sirvió para certificar lo que todos esperaban, el suicidio de Mark Cavendish. "No creo que aguante en las subidas", afirmó con total seguridad el de Torrelavega el viernes. No era difícil saberlo de antemano. La operación bucal a la que se sometió a principios de año le está provocando más de un dolor de muelas al hombre de Man. No pudo masticar el ascenso a la Cipressa con el cambio de ritmo del pelotón y quedó eliminado de la pelea. Uno menos.


Liquigas pone el ritmo

El bárbaro compás que escribía la melodía camino de San Remo, la ciudad famosa por su festival anual de música, también dejó sordos a José Joaquín Rojas, a Koldo Fernández de Larrea y a Fran Ventoso. Los tres españoles hicieron aguas cuando Valerio Agnoli pasó al comando del pelotón, reducido a treinta unidades. Allí aguantaba con maestría Pablo Lastras. También Juan Antonio Flecha. Y Boonen, Bennati, Petacchi, Hushovd y Cancellara. Así, medio centenar de corredores por inercia se quedaron delante, con el Liquigas como referencia con Franco Pellizotti y Vincenzo Nibali evitando los saltos inesperados. No quisieron los de Valerio Scirea desafinar el guión del sprint y agarraron la batuta del grupo sin dejar que Stefano Garzelli, Alexandr Kolobnev, puente para Pozzato que le seguiría poco después y Enrico Gasparotto se alejaran de sus pisadas. La entonación suprema de Franco Pellizotti hizo pronto efecto y no necesitaron ni el descenso para acallar su voz. Cuesta abajo gritó Ginnani con un magistral descenso. De locos. Por eso solo podían unírsele un lunático como Sylvain Chavanel y Luca Paolini, como refrenda al magnífico trabajo de su compañero Garzelli en el ascenso.


Intento frustrado de Pozzato

De poco les sirvió tomar la senda de la ventura a los tres. El Liquigas no cesaba en su empeño de abortar todo ataque para jugarse la batalla final con Bennati y prontó acalló la canción. Mientras,Freire callaba. Afinaba su voz recóndita entre las gigantonas pedaladas de Tom Boonen y la suma centralización en Alessandro Petacchi. Eran las dos amenazas para los hombres del Liquigas con las últimas referencias de la Tirreno-Adriático. Allí Freire no se había dejado ver. "Pero yo estoy bien, sufrí mucho en los primeros días de esa semana pero después me recuperé", decía con total seguridad Freire. Confiado en sí mismo. Solo él lo había visto entonces. "Pero no puedo engañar a nadie, todos nos conocemos". Peligro constante. Para eliminarlo buscó Filippo Pozzato la sorpresa desde lejos en el descenso del Poggio. Todo un regalo su despliegue en los kilómetros finales cuando con dos pasos hercúleos redujo a la nada el hueco en el que se empeñó Vincenzo Nibali durante largos metros.


Reducido a cenizas quedó el joven del Liquigas. Mucho por aprender le resta. Esperanzador, como lo fue el intento del campeón italiano. Mantuvo en vilo al Liquigas, reorganizado tras la destrucción de Nibali hasta bien entrado el arco del último kilómetro. Con la apuesta del Katusha salvada, Pozzato no aguantó el ritmo al lanzar el sprint, solo Boonen y Freire se apostaban como alternativas. El cántabro agarró la rueda verde de Bennati en las dos curvas antes de encarar la Via Italo Calvino. "La clave es llegar bien colocado a la recta y superar la curva en buena posición para sprintar". Palabra de Freire antes de irse a la cama, de reflexionar y contar ovejas para caer en el largo letargo de la narcosis. "Yo me veo en condiciones de ganar". No lo soñó aquello. Era real. Una espectacular arrancada para adelantar a Bennati y sacar más de tres ruedas de diferencia a Tom Boonen. Las mismas que suma la Milán-San Remo viendo sus neumáticos cruzar victorioso la línea de meta. Leyenda ciclista viva.



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