VIDEO.Tirreno-Adriático. 4ºetapa: El vuelo del Águila Scarponi

Scarponi se eleva sobre la cuesta de Chieti tras una refriega de Cancellara y con la ayuda de su compañero Cunego, que salió a los ataques de Di Luca, Evans y Basso frente a la resistencia de Gesink, nuevo líder
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A Michele Scarponi lo llaman el Águila. Viene de lejos, de las colinas de Filottrano, en el centro sur raudo, pleno de rocas y montaña férrea del centro norte de Italia, las que han modelado su cuerpo a golpe de cincel. Escalador. Por ellas sobrevuela cada día que el ajetreo típico del ciclista le permite estar en casa. En soledad gira sobre sí mismo, sobrevuela, agudo y avispado como un zorro, todo un rapaz con alas. Quizás también por eso se ha ganado el sobrenombre merecido, no se le escapa nada al vivaracho y entusiasta ciclista del Lampre en su planeo. Visualiza y observa, tantea. Centra un objetivo y apunta a él. Despliega las alas y vuela victorioso. Instinto animal. Circunvoló sobre el pétreo suelo del Abbruzzo, de la primera etapa de montaña de la Tirreno, del paso simbólico y el recuerdo omnipresente a l'Aquila, de los que ya no puede salir de sus cocinas y habitaciones, sepultadas por el terremoto para ver el espectáculo del ciclismo. Surcó Scarponi a pies de la vistosa cuesta de Chieti, desplegó alas. Voló.


Ataque de Cancellara

La de Scarponi es una elevación sospechada. Prevista. En esta Tirreno-Adriático pedalea más con la rabia que con otra cosa después de que el año pasado el puestómetro y un despiste para coger las bonificaciones le castigaran al segundo puesto de la general tras Stefano Garzelli. Solo le vale ganar este año, por la rabia, por sí mismo castiga un poco más de la cuenta al cuerpo en marzo, excepción extraordinaria en un camino el suyo que lleva directo a Turín, donde empezará el próximo Giro de Italia en el que, más que nunca, apunta a ganar. Es su año, lo sabe. Siempre ha tenido claras las cosas, el destino, su vía a seguir. Cuando Marco y Silvia, sus hermanos, inventaban su camino en el fútbol, el primero llegó hasta la categoría B y Silvia lo sigue practicando, en la misma categoría, el alborotador Michele se reveló, subversivo. Él quería darle a los pedales.


"Cuando era pequeño me regalaron una bicicleta, era una Bianchi y con ella daba giros alrededor de mi casa todo el día. Allí empezó todo". Se elevó. Igual que en Chieti, la primera escalada hacia la victoria en la Tireno-Adriático al que se apuesta como el último de los grandes favoritos -Gesink lidera la general con diez segundos de ventaja sobre Evans, una docena sobre Basso y quince con el ciclista del Lampre- después de la criba de la cuarta etapa provocada por él, por su vuelo en solitario. Visualizó Scarponi cuando salió Cancellara como una bestia seguido del alegre Visconti y de Muravyev. Brutal su pedalada, salvaje. "Se anticipó demasiado", analizaba después Scarponi. Antes lo había provocado Madrazo, más por el ansia del adolescente al que poniéndole una cámara delante se aloca para que su madre le vea en televisión.


La ayuda de Cunego

Al órdago de Cancellara trató también de seguir Hushovd, otro animal. No logró contactar con el grupo del suizo, apostado ya a las faldas del busto de Chieti y su repecho final, a punto de entrar en explosión en el 19% de máxima escondido en el último kilómetro. Allí tanteó Scarponi, a vista de pájaro. Saltó, visualizando de lejos la llegada y el triunfo mientras por detrás Di Luca, un manojo de nervios contenido por llegar a su casa, reordenada las ideas. No le hacía falta pensar demasiado, consistía en atacar, en cogerlo. En ganar. No llegó, por poco. Y por Cunego, la nueva pareja de Michele Scarponi en el Lampre. Ayuda inestimable para que el Águila acabara ganando la etapa cuando el que fuera ganador del Giro de Italia 2004 saltó a por todos los intentos de aguar la fiesta en casa de Giuseppe Saronni.


Di Luca primero, que en la corta pero eterna subida final parecía por momentos que cazaba al Águila. Tiro fallido. Basso después, y Evans. De lejos, desde la línea de meta en lo alto del estrecho Corso Marrucino donde llegó vencedor Scarponi hasta parecía que se abría la guerra con Cunego. Cerca estuvo de de alcanzarle, pero la meta llegó antes, para cortar de cuajo la polémica y impulsar el vuelo del Águila de Filottrano. El primero, el de marzo. El de la preparación para en gran vuelo que lo convierta en cóndor del Giro de Italia.  


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