Vuelta a Turquía.Giovanni Visconti en camper hasta Marmaris

Se hizo ciclista viajando en una 'mini-camper' que construyó él mismo, con el coche de su padre para poder desplazarse a las carreras hasta que recaló en el Quick Step primero y en el ISD después, donde se ha convertido en una de las referencias de la nueva generación de ciclistas italianos. Su punta de velocidad estancó a Rein Taaramae, nuevo líder de la Vuelta a Turquía
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Vuelta a Turquía.Giovanni Visconti en camper hasta Marmaris
Vuelta a Turquía.Giovanni Visconti en camper hasta Marmaris

Fotos: Sabine Jacob

A Giovanni Visconti le tocó hacerse hombre-fuga a la fuerza. Nació en Torino, allá donde la bota italiana toca a su fin, "por casualidades de la vida. Mi madre era de Nápoles y mi padre de Palermo, pero se conocieron en Torino porque trabajaban allí. Pronto huyó del frío norte alpino. Al tacón sureño de Palermo, donde vivió toda su adolescencia. "O parte, mejor dicho", aclara. Porque con quince años desertó, subido a los pedales ya. "No hacía más que subir y bajar, de la Toscana a Sicilia cada fin de semana cuando tenía colegio. En verano me quedaba allí arriba". Entre Apeninos y con la sola compañía de la bicicleta, el casco y el maillot. Nada de partidos de futbol en el campo del barrio, ni golosinas en el recreo. Nada de salidas nocturnas con los amigos. Se le escapó todo aquello. Pero aprendió.

 

Dio el estirón mental antes que cualquier quinceañero que agonizaba por el estruendo de las campana para alejarse, añoraban, para siempre del colegio. "Cuando iba a estudiar me llevaba un tupperware con pasta para aprovechar el tiempo y, del colegio, irme directamente entrenar. Mis compañeros se reían de mucho de mi". Su escuela fue la carretera, los kilómetros acumulados en cada viaje de fin de semana, el canto del despertador cuando el alma todavía no es humana. "Ahora me doy cuenta de que fueron los años más útiles". Puso la base. "Crearon en mi un fundamento de sacrificio y lucha para llegar a donde ahora estoy". A ser la estrella de su equipo, el ISD de Mario Cipollini, apeado este año del Giro de Italia con una de las joyas del ciclismo italiano. El explosivo Visconti. El que solo cree en la voz de las piernas, de los ataques y de las fugas. Todas, como su vida. Construidas sobre seis ruedas. Las dos de su bicicleta y las cuatro restantes, de la 'camper?' que convirtió en el habitáculo que le vio crecer. Que fue testigo de cómo se hizo ciclista.

 

Colchón en el asiento trasero

"Me di cuenta de que valía para esto con 16 años y sabía que para hacerlo tenía que marcharme fuera de mi región, porque en el sur apenas había carreras y los gastos para viajar eran muy altos", recuerda con dulzura. No hace tanto de eso, apenas una década. "Tenía dos opciones: o dormir en el suelo de cualquier lugar o, como mucho en un albergue cada vez que subía al centro y al norte de Italia". Le sobrevino entonces la idea al pequeño Visconti de convertirse en caracol. Con la casa a cuestas. "Le cogí el auto a mi padre, y la transformé en una mini-camper... bueno, en realidad fue él quien hizo la reconversión", reconoce. Sin llegar a las veinte primaveras y ya viendo cómo le colocaban la maleta en la puerta de casa. Y el colchón en el coche. "Bajamos el asiento trasero y quedaba sitio para ponerlo", explica. Aprovechamiento del espacio al máximo. De aquello también aprendió Visconti, de explotar hasta el límite las oportunidades como la que se le presentó camino de Marmaris, en la tercera etapa de la Vuelta a Turquía.

 

Terreno escarpado. Interior y sinuoso, de ese que les gusta a hombres como él, atacantes. De ese con el que tiemblan otros como Greipel, más dado a la serenidad y la calma hasta que el cuenta-kilómetros se coloca en los últimos diez. Hasta allí no llegó el alemán, emborrachado de triunfos turcos. No supo subirse a la 'mini-camper' que llevaba el nombre de la victoria. El nombre de Giovanni Visconti. Sí se ataron el cinturón, por contra, la armada francesa del Cofidis: David Moncoutie, Rein Taaramae y Remi Pauriol, con la compañía Simon Spilak. Condujo Moncoutie la máquina transformada por Visconti en su camino a la condecoración. Escalador consagrado al servicio del ciclismo que viene, el del estonio Rein Taaramae. La rueda a seguir. La tomó Visconti, parecía dormido. Iba en el asiento trasero. En el colchón, reposando para la carrera que le tocaba ganar.

 

Grupo de cinco

Desveló el joven italiano del letargo engañoso cuando Taaramae le lanzó el despertador a la cabeza. Un cambio de ritmo valiente el del estonio. Remaba para liderar Turquía. Pero sin ruedas de caravana para llegar en solitario hasta la meta. Visconti cogió entonces el volante. Conducción temeraria en el último descenso pero sin frenos. Sin mirar atrás. Al colchón en el que habían crecido sus piernas de ciclista a medio hacer. Al grupo perseguidor en el que asomaba 'Hulk', la masa de André Greipel coloreada del azul líder que se desteñía con los más de veinte segundos de diferencia respecto a la 'mini-camper' de Visconti, inteligente como nadie en los últimos kilómetros. Esperó al demarraje de Spilak tras su ataque. El esloveno era como una bebida con gas: Desenvuelto el tapón, agitado el líquido, expande sus mejores burbujas. Al poco, se funde, templado por la avanzada que le superó.

 

Rememoraba Visconti que, al convertirse en juniors, dejó de lado el duro colchón del coche para empezar "con la odisea de los aviones". Eso debieron de pensar Spilak, Taaramae y Remi Pauriol. Un avión el italiano, centelleante cuando lanzó el sprint. Volaba hasta la meta, donde entró besando la medalla que le regaló hace poco su padre Presente el del progenitor por haberle devuelto su coche, sin colchón. Por haber recorrido con él el camino al profesionalismo. Con el número 27, los años que tiene Visconti, "y porque es un número que me da suerte". Se la dedicó a él. Por transformarle el coche en mini-camper con la que escapar del sol siciliano y esculpir su cuerpo de ciclista cada noche en el colchón del coche que llegó hasta Marmaris, lejos para responder a la organización del Giro de Italia, que ha apeado a quien fuera líder de su carrera en el 2008 y postula sus piernas como la próxima referencia alpina. Pedales, los de Visconti, que viajan en 'mini-camper'.

 

 

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