Vuelta al País Vasco: Once años después, Andreas Klöden

El alemán, ganador en el 2000, se apuntó la Vuelta al País Vasco en la crono de Zalla, en la que venció Tony Martin. Horner y Gesink le acompañaron en el podio
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Vuelta al País Vasco: Once años después, Andreas Klöden
Vuelta al País Vasco: Once años después, Andreas Klöden

El Siglo XX estaba diciendo adiós y el segundo milenio preparando su despedida. Los deportistas se ponían guapos para los Juegos Olímpicos de Sidney y el Depor caminaba hacia su primera Liga, la que mandó al 'infierno' al Atleti. En el ciclismo, un tal Lance Armstrong comenzaba la temporada con su primer Tour de Francia en el bolsillo. Era el año 2000, y en País Vasco, entre Cantabria y Navarra, territorio de pura pasión ciclista, enamorado de las bicicletas, un alemán de 24 añitos llamado Andreas Klöden, vestido de rosa, se hacía con la Vuelta al País Vasco tras regalar a los románticos espectadores una demostración de poderío en la cronoescalada final. Entonces, el escenario de la linda batalla no era Zalla, sino Madarixa. Entonces, sus rivales no eran ni Samuel Sánchez, ni Alexander Vinokourov -aunque el kazajo también estaba presente-, ni Xavi Tondo, ni Robert Gesink, sino Laurent Jalabert, Danilo Di Luca y Bingen Fernández, ahora al volante del Garmin-Cervélo. Por allí andaba también Joseba Beloki, soñando con lo que meses más tarde, allá por julio, viviría. Entonces, el jersey amarillo no era amarillo, sino blanco. Entonces, en Alemania el ciclismo era un deporte querido y seguido, los ciclistas eran admirados y apoyados, héroes que daban pedales para sufrir.

Klöden construyó su primer gran edificio sin levantarse del sillín, en su tercer año como profesional, volando en la cara de Di Luca, de Jalabert. Hizo soñar a todo el país germano. Ya tenían sucesor para el viejo Ullrich, que tres campañas antes había traído de Francia un bonito regalo y que comenzaba a dar muestras de su peculiar forma de ser. A Andreas, un moreno delgaducho, le dijeron que iba a ser mejor que el de las pecas, que sí, que era muy bueno, que hacía disfrutar al mundo en las pruebas dueñas del reloj, que subía con facilidad cuando el suelo se empicaba, que valía para las Grandes Vueltas, que servía para coger la bandera de la presión, para ser el mejor. Como Jan, era ciclista de grandes desarrollos, de fuerza, de resistencia. Lo demostró en el Tour 2004, en el que Lance Armstrong le escupió un sprint llenó de soberbia, de orgullo, en la cima de Le Grand Bornand, en el que subió al podio, como en 2006, en el de la sublevación de Pereiro. Después, directo al Astana, a hacer de gregario de un chico de Pinto, a no ponerse de acuerdo con la alegría, con la felicidad, con los buenos resultados.

Y llegó al RadioShack. En su segunda temporada en el equipo de Lance, vuelve a reencontrarse con el ciclista que dijo ser, que demostró ser. Andreas Klöden, con 35 para 36 años, brilló en París-Niza, se lució en el Critérium Internacional y, como once años atrás, ha ganado hoy la Vuelta al País Vasco. Relleno su maillot rojo, blanco y negro de calidad, de clase, se lanzó por Zalla para reconquistar Euskadi. No tuvo rival. Venció con justicia. A su estela, Chris Horner, que le cede la 'txapela' con una sonrisa en su rostro, la que demuestra que con casi 40 años también se puede pelear por todo al máximo nivel. A su estela, el holandés Robert Gesink, que perdió en octubre a su padre, que está marcándose un inicio de temporada tremendo, que subió al tercer cajón de un podio que no vio a Beñat Intxausti, el jovencillo que hace un año llenó de ilusión las cunetas vascas, a Xavi Tondo, el catalán con el que pocos contaban, solo entre tanto especialista. Tampoco vio a su hijo de adopción, Samuel Sánchez, que sucumbió y tuvo que conformarse con el sexto lugar. Ni a David López, el local que se lleva un notable en mayúsculas, negrita y subrayado.

Otro alemán, que empezó la Vuelta siendo el principal favorito, que cayó en La Antigua, se llevó la victoria parcial, la sexta y última de la Itzulia. Es Tony Martin, 25 años, el nuevo Klöden, como éste antes fue el nuevo Ullrich, también delgado, también rapídismo en las cronos, también, de vez en cuando, buen escalador, quien pudo con todos en los 24 kilómetros de Zalla. Ganó y, junto al del RadioShack, dio un nuevo martillazo sobre el asfalto con el objetivo de hacerse oír allá en Alemania, para decir que el ciclismo existe, que sigue habiendo héroes que dan pedales, que sufren, corredores de casa que ganan por todo el mundo. Como él en la contrarreloj. Como Andreas Klöden, once años después, en la general de la Vuelta al País Vasco, que cierra hasta 2012, cuando volverá a deleitar con esas rampas espectaculares que nunca se acaban, con esas paredes en las que los ciclistas se retuercen, aprietan dientes, agarran con fuerza el manillar, caminan de lado a lado de la carretera, en las que algunos acaban poniendo pie a tierra. Ciclismo espectáculo. Ciclismo puro.



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