Contador no se rinde jamás

Después de ver “la Vuelta acabada”, Alberto Contador se hizo más fuerte que el dolor en la Camperona. Solo Nairo Quintana le metió tiempo. “Solo pensaba en salir vivo de aquí”.
Ainara Hernando -
Contador no se rinde jamás
Vuelta a España 2016 / 8º etapa / Villalpando - La Camperona / 181.5 km

Si hay un ciclista capaz de levantarse después de caído, una y otra vez, ese es Alberto Contador. El golpe puede ser tremendo, fatal. De esos que a cualquier otro le hubiera bastado para marcharse a casa. A cualquiera. Pero no a Contador. Basta solo una cosa: Querer. Ésa es la premisa del pinteño. Querer es poder. Una constante en su carrera. A veces, los golpes se quedan más clavados en la mente que en las piernas o en el costado. Hay ocasiones que duelen más en el alma. A Contador las heridas le escocieron el viernes en la Puebla de Sanabria cuando impactó contra el suelo. Al llegar a la meta, la sensación que su rostro trasmitía era de rabia. Impotencia por verse de nuevo caído. El peor momento fue cuando llegó al hotel. Con la moral hundida y cojeando. “Vi la Vuelta acabada”, confiesa. “Lo vi realmente mal, me pasaron mil pensamientos por la cabeza”. ¿Rendirse? ¿Bajar los brazos? Jamás. Él es Alberto Contador. “Lo que menos me quería imaginar era irme para casa de nuevo aunque cabía esa posibilidad”. Querer es poder.

Después del tortazo, Contador se fue directo a tratarse con sus fisios y masajistas hasta última hora de la tarde. Cuando bajó a cenar, la cojera desapareció. Eso le levantó algo el ánimo. Por la mañana se despertó con el alba. Madrugón. Otra vez a trabajar el cuerpo. A recuperarlo con las máquinas Indiba. Al verse de nuevo sin cojear, bajó a desayunar algo más lleno de moral. Arriba y adelante. Contador nunca se rinde. Cubierto de tiras amarillas y rojas en su pierna y vendado el brazo izquierdos se marcha a la salida de Villalpando. Tiene tres horas para calentar el cuerpo antes de llegar a los pies de la Camperona. “Le tenía pánico a la etapa de hoy. Solo quería salir vivo”.

Y no solo lo hace, si no que además mete tiempo a todos los rivales menos a Quintana. Ocho segundos a Froome y a Valverde y 32 a Esteban Chaves. El colombiano del Movistar, nuevo líder es el único que le aventaja. 25 segundos. “Un día positivo hubiera sido descolgar a todos, no ha podido ser pero estoy más contento de lo que podía esperar. He ido con la cabeza fría, a mi ritmo para intentar salvar el día como fuese. He perdido tiempo con Nairo y eso es un problema porque es un rival directo, pero voy a quedarme con lo positivo, que el resto de corredores no nos han metido distancia, e incluso he picado algún segundín”.

Cuando llegó a la meta, se fue directo a hacer rodillo acompañado por Jacinto Vidarte y su masajista Thomas, que en cuanto lo frenó se fundió en un abrazo con él y después resopló. De alegría, de felicidad o para liberar tensiones ante la satisfacción de ver el trabajo bien hecho en el maltrecho cuerpo de Contador. También con Ivan Basso, ahora técnico en Tinkoff y con Steven de Jongh, su director. Poco después llegó Faustino Muñoz, su mecánico personal. Todos, mientras Contador continuaba liberando lactato, se abrazaron. Victoria. “Ayer lo vimos muy mal pero en ningún momento pensé que iba a retirarse”, revela Ivan Basso. Lo ratifica su compañero y amigo Jesús Hernández: “Por la noche estaba mucho peor que esta mañana”.

Pero a Contador, “más contento de lo esperado”, le costaba sonreír en la meta a pesar de todo. El golpe duele y le dolió subiendo a la Camperona. “Muchas veces se paga más al segundo día que al primero después de la caída”, teme. ¿Rendirse? ¿Bajar la cabeza? Jamás. Es Alberto Contador. Querer es poder. Al bajarse del rodillo, cojeaba ligeramente. “Andando me molesta más que en la propia bici. En la bicicleta pedaleas más con la puntera, eso hace que no estires el gemelo. Pero cuando vas andando, al pisar en plano con la zapatilla de calas te obliga a estirar el gemelo. Por eso resulta un poco más incómodo”.

Explicó que el golpe del gemelo nada tiene que ver con el que sufrió en el Tour y que fue el gran causante de su retirada en la ronda gala: “A pesar de que no hemos hecho pruebas, creemos que de lo que se trata es de una contractura muy grande a consecuencia del golpe tan fuerte que fue, pero en teoría, con el paso de los días tiene que ir mejorando y una vez calientas duele menos. En cambio una rotura aunque la calientes te sigue dando el mismo pinchazo cada vez que la estiras. Así que, dentro de la mala suerte, me siento más afortunado”.

Contador tendió a todos los medios, como acostumbra, pero no perdió tiempo para salir de la Camperona camino de su hotel en Sahagún. “Voy a ir en coche en vez de el bus junto a mis compañeros de equipo para no perder tiempo y trabajar con el fisio y la Indiba, a ver si mañana tengo mejores piernas”. Su triunfo es el de todo el Tinkoff. “Para mi moral es importante y también para la de todos mis compañeros y de mi staff, que se están dejando la piel por mi”.

Aunque llamarlo triunfo quizá es exagerado. Contador no lo ve así. “Es un empujoncito moral, no una victoria pero sí un empujoncito”. Con eso le basta a Alberto Contador para amarrarse a algo que le diga, una vez más, que no debe bajar los brazos. Que merece la pena soportar el dolor. Sufrir una vez más. “Quien me conozca un poquito sabe que tengo un lema: querer es poder. Es el momento de aplicarlo”. Contador nunca contempla rendirse. Esta vez tampoco.

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