El Campanazo de David de la Cruz

Después de romperse la clavícula dos veces y retirarse el Giro por una apendicitis, David de la Cruz consigue por fin su primera victoria como profesional en el Naranco, su montaña mágica.
Ainara Hernando -
El Campanazo de David de la Cruz
Vuelta a España 2016 / 9º etapa / Villalpando - La Camperona / 181.5 km

En Cataluña, a las pellas, a lo de escaquearse de clase lo llaman hacer una campana. Por el 2007, David de la Cruz andaba “un poco perdido por la vida respecto a lo que quería ser en el futuro”. Trabajaba en un supermercado por las mañanas y a las tardes iba al colegio. Había probado con el fútbol, la natación, el baloncesto y el atletismo. No era malo “pero andaba saliendo de una lesión y entrando en otra”. La rodilla se resentía. La debilidad de los corredores, por eso le recomendaron que empezara a practicar spinning. Los estudios no le motivaban demasiado. Una tarde, aburrido, “cogí y me levanté de la mesa. Me fui de clase”. Harto. Campana. Se marchó a la calle, a que le diera un poco el aire. A pasear. “Sin quererlo ni beberlo acabé en una tienda de bicicletas preguntando por una Mountain Bike”. Así empezó su historia de amor con el ciclismo, culminada en el Naranco con su primera victoria como ciclista profesional, en una grande y que además lidera. “Es un sueño hecho realidad, aún no soy consciente de lo que he hecho, estoy super contento”.

Pero mientras el dependiente le enseñaba todos los modelos de BTT que tenía disponibles, “se me fueron los ojos a una BH de carretera”. 500 euros costaba. “No lo dudé”. Su sueldo invertido en aquella máquina. “Sencilla y muy pesada”. Al principio la usaba solo para ir y volver del trabajo, “hasta que un día pinché y me fui a una tienda para que me lo arreglaran. Mientras me atendían, le comenté al vendedor que creía que podía valer para el ciclismo”. El dependiente casi se ríe de él. “Me dijo que saliese un día con la Peña ciclista de la tienda y lo probara”.

No tardó ni un día en hacerlo. A la mañana siguiente De la Cruz les estaba esperando en la puerta “con las bambas de correr, unas mallas de atletismo y sin casco”. Aquel fue su primer entrenamiento. “Y lo aguanté bastante bien. Fueron a hacer una ruta complicada y les salió una media alta, así que me incitaron a probarlo en serio. Me facilitaron un casco, zapatillas y ropa y me pusieron en contacto con el que sería mi primer equipo ciclista”. En el 2010 el Caja Rural le dio licencia para convertirse en ciclista profesional y tres años después fichó por el NetApp Endura, con el que debutó en el Tour en el 2014.

Ahí empezó el historial de desgracias de David de la Cruz. En aquella ronda gala se partió la clavícula en la 12º etapa al caerse cuando iba escapado. Se marchó del Tour entre lágrimas. Un año después, en el Tour de Polonia otra vez la clavícula, el talón de Aquiles de los ciclistas. El colmo fue el Giro de Italia de este año. No pudo tomar la salida en la 16º etapa por culpa de una apendicitis. “He tenido muchos momentos duros, he pasado tres años con infortunios. Desde que dejé el Caja Rural nunca había hecho un resultado destacable. Tenía unas expectativas que no había sido capaz de cumplir”.

Le sobrevolaron las dudas. “A uno le entran sus momentos bajos, de replantearme muchísimas cosas, de ver que no me acaba de salir nada”. Aún así, el Etixx-Quick Step no dejó de creer en él y en los primeros días de la Vuelta cerró su renovación por un año más con el equipo belga. “Si no fuera por ellos yo no estaría aquí, haber renovado ha sido un revulsivo para conseguir esta victoria y demostrarles que no se han equivocado en su confianza en mí”.

Pero quien persevera y no se rinde acaba teniendo premio.  “A base de insistir y seguir trabajando”. En lo de la minuciosidad pocos ganan a David de la Cruz. En 2013 se pasó a la paleodieta, la comida del hombre primitivo. Todo natural, nada elaborado. Solo fruta, verdura, carne y pescado. Nada de grasas ni azúcares. Ni pan ni pasta, el alimento del ciclista. Él lo sustituye por arroz y patatas. Tiene una panificadora portátil y el pan que come es sarraceno, que viene de una flor sin gluten. “Consulté a un especialista y me enseñó a comer, el primer mes me costó mucho”, cuenta con su alegría habitual.

Para hablar con David de la Cruz es mejor no tener prisa. Con él una conversación se sabe cuando empieza pero no cuando termina. Habla por los cuatro costados y siempre lo hace entre sonrisas. Incluso cuando ha pasado sus peores momentos. En el Naranco sonríe aún con más fuerza. Esta subida le sirvió para ser segundo una Vuelta a Asturias. La Vuelta a España le ha dado su primera y más emotiva victoria. “Parece que esta montaña es talismán”. Pero lo cierto es que la condición física de David de la Cruz es tremenda. “En esta Vuelta me estoy encontrando bien, en las carreras anteriores ya tenía un buen golpe de pedal. He sabido atacar en el momento adecuado”. Al principio solo pensó en la victoria de etapa “porque he visto que no teníamos mucho tiempo. No esperaba ponerme de líder, solo me he concentrado en ganar la etapa”.

En la meta, el premio fue doble. Para recompensar todos los infortunios de los últimos años. David de la Cruz es el maillot rojo de la Vuelta con 22 segundos de ventaja respecto a Quintana, 41 con Valverde y 49 con Froome. “Voy a defender con todo el honor posible este maillot, lo voy a dar todo hasta donde el cuerpo aguante". La tradición dice que quien sale vestido de líder del Naranco lo hace en Madrid. “No sé si yo voy a poder mantener ese rito”, dice entre risas, “pero quiero ver hasta dónde puedo llegar y voy a aprovechar este momento al máximo posible”, asegura.

“Espero que esta victoria me despierte el instinto ganador”, desea, “aunque es difícil destacar en este equipo porque estamos rodeados de grandiosos corredores”. La victoria y el liderato se los dedicó “a mi novia, a mi familia, a mis amigos, a mi entrenador y a mi equipo. Que si no fuera por ellos no estaría aquí”. Y tampoco si no hubiera sido por aquellas pellas que le condujeron hasta la tienda de bicis. Campana en catalán. El campanazo de David de la Cruz.

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