Diez años sin Enrique Franco

Este martes 27 de febrero se cumple una década del fallecimiento del hombre que consolidó, modernizó e hizo rentable la Vuelta a España.
Texto: Juanfran de la Cruz. Foto: Alicia Ruiz -
Diez años sin Enrique Franco
Diez años sin Enrique Franco

El tiempo vuela. Y bien lo saben en el ciclismo, un deporte aliado con los cronómetros que incluso a veces se toma al pie de la letra la lucha contra el reloj. Tempus fugit. En un universo más que centenario como el de las bicicletas y sus competiciones, cada día conlleva efemérides. Pero algunas, por redondas, por ilustres, sencillamente son singulares. Merecedoras de un foco propio. Es el caso. Y aunque también lo es para el mundo del ciclismo en general, la que nos ocupa es especial para la Vuelta a España. Este martes 27 de febrero se cumplen diez años del fallecimiento de Enrique Franco, el hombre que la consolidó, la modernizó y hasta la hizo atractiva y rentable.

“Enrique cogió una carrera que no valía nada, sin crédito, completamente desprestigiada, y la hizo crecer. Le dedicó su vida a este deporte, porque el ciclismo fue su obsesión, y tomó decisiones importantes para el futuro de la Vuelta”, recordaba un Víctor Cordero que acabó siendo su sustituto al frente de la dirección de la carrera y nunca tuvo dudo dudas al respecto: “El ciclismo español le debe mucho, mucho”. Cuando Enrique Franco nació, el 26 de septiembre de 1933, la primera edición de la Vuelta a España todavía no había visto la luz. Cuando falleció, ASO estaba a punto de concretar su entrada en el accionariado.

La Vuelta es lo que hoy es, más allá de muros, modelos e identidades, debido a la gestión desplegada por Enrique Franco y su empresa Unipublic entre 1979 y 2004. El madrileño llegó a la ronda española gracias al valenciano Luis Puig, por aquel entonces presidente de la Federación Española, y su empeño por organizar la edición de ese año tras la renuncia de última hora de El Correo. Una renuncia que llegó a finales de enero para una carrera que se celebraba en abril. Por contextualizar. La Vuelta del milagro, así fue bautizada, en la que el propio Franco puso a disposición de la organización su vehículo particular; una primera Vuelta que dio paso a varios años de colaboraciones que depararon, en el primer tercio de los años ochenta, una organización autónoma y en exclusiva.

Con él al frente llegó el primer mito orográfico, los Lagos de Covadonga, y también desembarcó en serio la televisión. Bajo su batuta también comenzó a esbozarse la apuesta por la reducción de los kilometrajes, se apostó por el salto al mes de septiembre que tanto ha beneficiado a la carrera, tejió buenas relaciones con Andorra, no dudó en cruzar la frontera para descubrir el Tourmalet o Luz Ardiden e incluso saltar A raia para afrontar la primera Gran Salida, desde Lisboa, fuera de las fronteras estatales.

Nuevos tiempos en La Vuelta

Franco también logró que una última crono concluyera sobre el césped del Santiago Bernabéu. Y acabó siendo el gran valedor del Angliru, al que supo aferrarse para acercar su carrera a nuevos tiempos. No faltaron los conflictos. Se dieron tensiones con los equipos nacionales, también con algunas estrellas, y por supuesto con formaciones y corredores foráneos. Bajo su dirección la Vuelta experimentó con las cronos por tríos o las primeras etapas por series. Los desvelos de su organización en la parcela hostelera le labraron a la Vuelta una reputación muy positiva con respecto al Tour o el Giro.

Enrique Franco era un hombre con personalidad; tenía carácter, pero iba de frente, y al mismo tiempo era dialogante, sabía encajar las críticas y se dejaba aconsejar. Inolvidables eran sus mosqueos con las filtraciones a la prensa de los recorridos, aquella “caza de la paloma mensajera” que solía decir y que incluso le animó a presentar la edición de 1998 durante una jornada de descanso de la edición de 1997, en León. “Aquí no tenemos Alpes, ni Apeninos ni Dolomitas”, señaló en una ocasión al hilo de ciertos diseños de las etapas de montaña. Unipublic celebró sus bodas de plata con la carrera en la edición de 2004 y durante la presentación del recorrido, en diciembre de 2003, anunció que ya estaba bien, que lo dejaba. “Se retira el último dinosaurio”, bromeó. Los paralelismos con las figuras de Vincenzo Torriani o Felix Levitan, patrones del Giro o del Tour durante muchos años, ya fueron entonces inevitables.

Franco no llegó a ver cumplidos algunos de sus sueños. “Mis tres mayores ilusiones son subir a la Bola del Mundo, al Teide y hacer que el vencedor del Tour venga a examinarse a la Vuelta Ciclista a España", dijo. A la Bola del Mundo la carrera llegó en 2010 y Chris Froome, aunque no hay que ignorar el asunto del salbutamol, ha venido a cumplir ese último anhelo. El final en las Islas Canarias está en proceso de maduración, pero no hay que olvidar que con Enrique Franco la Vuelta sí visitó las islas con motivo de la Gran Salida de la edición de 1988. A Franco también se le quedó pendiente el retorno a Euskadi, al que más de una vez se refirió, y alguna de esas ideas recurrentes. “Me fluye por la cabeza para ediciones futuras hacer una cronoescalada por equipos, que es algo que nunca se ha hecho”, dejaba caer allá por octubre de 1998.

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