Desde dentro: Instinto de Tiburón

Vincenzo Nibali arañó segundos a todos los favoritos en medio del huracán de Gruissan, donde Jorge Arcas llegó sufriendo. Nuestra enviada Ainara Hernando nos desvela aquellos detalles sobre la Vuelta que no se ven a través de la televisión.
Ainara Hernando / Foto: PhotoGomezSport -
Desde dentro: Instinto de Tiburón
Desde dentro: Instinto de Tiburón

Después de cuatro días en Nimes, hoy tocaba cerrar la maleta, mover el coche y empezar la ruta de la Vuelta a España. La salida de este año ha sido una de esas que se recuerdan por mucho tiempo por la comodidad de una ciudad maravillosa, abierta y muy española. La Vuelta se ha sentido prácticamente como en casa. Y si a eso se añade la facilidad que en estos primeros días ha ofrecido Nimes en cuanto a la cercanía de los hoteles, la sala de prensa, la oficina permanente, la salida y llegada de la etapa de ayer y de hoy, todo hace que la Vuelta, en ese sentido haya comenzado de manera muy fácil y agradable. 

En ese sentido. Sí. Porque esta mañana la pregunta más repetida era un “¿estamos todos bien, verdad?”. Aún con el susto en el cuerpo de lo que vivimos, especialmente los que, como la que suscribe, se disponía a cruzar la estación de tren para llegar al hotel y, de repente vimos cómo aparecían policías y militares de la nada gritándonos que nos alejáramos de allí y la gente huía en dirección contraria. La noche no fue fácil. Nos metimos en la recepción de un hotel mientras desde la sala de prensa nos pedían que no saliésemos a la calle. Los que allí estaban ya no podían hacerlo, los gendarmes así lo dijeron.

Las noticias que llegaban hablaban de un atentado aunque no escuchamos tiros los que tan cerca estuvimos del lugar, apenas a 50 metros. Pero hasta que todo se despejó y nos avisaron de que era una falsa alarma y la ciudad volvía a la normalidad, no pudimos volver al hotel. Allí, varios miembros de Caja Rural- Seguros RGA nos invitaron a unas pizzas que acababan de comprar para solucionar un poco la noche. El susto costó quitarlo.

Pero la vida sigue. Porque tiene que seguir. Porque las ruedas giran, y la Vuelta debe echar a andar. El sol vuelve a salir y el viento aparece por la mañana en Nimes. Lo que, llegando a Gruissan, localidad costera pegada a Narbona, ya sabemos todos lo que significa: abanicos.

Pero antes de todo eso, las salidas, especialmente las de las primeras etapas de una grande, siempre son el lugar perfecto para charlar con los corredores. Con todos menos con Markel Irizar, que, agobiado, sale a toda prisa del autobús de su Trek-Segafredo entre la algarabía de aficionados que se apostan para ver a Alberto Contador. “Uff, ¡qué estrés! Me voy”, dice. No es de extrañar que le hayan dado el premio al más combativo. Lo que no se le borra es la sonrisa. Nunca. Bizipoz.

Al rato, aparece Alberto Losada camino del control de firmas. No se le ve tan feliz, con ese aura de tranquilidad imperturbable que destila siempre el catalán. Esta Vuelta no va a ser fácil para él y lo sabe. Será una de sus últimas carreras con el Katusha, quiere un cambio de aires. “Es que este equipo ha cambiado mucho”. Echa de menos a su armada, Purito, Vicioso, Dani Moreno, los italianos…cada vez quedan menos en un Katusha que cada año es más alemán. “Y se nota mucho”. La diferencia de carácter. Losada espera solventar su futuro durante esta Vuelta. “Tengo un par de cosas, lo miraré junto a Edo, mi mánager. Pero si no me convence nada de lo que me ofrezcan, cuelgo la bici”, afirma.

Después es momento de chequear a los heridos de la etapa de ayer. Jorge Arcas y David de la Cruz. El aragonés del Movistar debutaba en la que estaba siendo su primera grande y no ha podido empezar con más mala suerte. Una fuerte caída en la crono por equipos le ha dejado noqueado. Y se le nota en el rostro contrariado y dolorido. “Tengo los ligamentos destrozados aunque no tengo nada roto. Me duele mucho”, cuenta. Pablo Lastras detalla que “está con muchos dolores cervicales, muñeca y costillas. Va muy torcido en la bici. Pero aguanta”. Aguantó. “Y eso que se fue a mil”, dice el ya ex corredor y ahora director del Movistar. “Se soltó en los últimos 25 kilómetros con una grupeta maja”.

Mejor cara al control de firmas trae David de la Cruz, ya recuperado del susto con el coche que a punto estuvo de atropellarle a él y a todo el equipo Quick Step mientras entrenaban sobre el circuito cerrado de la crono por equipos. A De la Cruz toca también felicitarle por su fichaje por el Sky. “Me han dicho que tendré libertad en ciertas carreras”. No habla de ninguna de las tres grandes. “Algunas como País Vasco, por ejemplo”.

Con Peio Bilbao afirmando que se ha echado unas cuantas piedras en el bolsillo para no salir volando suena el pitido de salida y comienza la etapa. En Gruissan, mientras, el aire azota criminalmente. Y al final, es cierto que, como dijo algún corredor en meta, “no ha pasado tanto como nos esperábamos”, lo cierto es que alguna que otra diferencia ha habido. Vincenzo Nibali ha arañado 5’’ a Chaves, 8 a Froome, Aru, Majka, Adam Yates y Rubén Fernández, y 13 a Marc Soler, De la Cruz, Bardet, Contador, Simon Yates y Teejay Van Garderen, el gran vencedor de la etapa de ayer con el triunfo del BMC. El Tiburón y su eterno instinto siempre caníbal. Siempre hambriento. Ha venido a comerse esta Vuelta. 

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