Diario de La Vuelta: Hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 7)

La Vuelta echará de menos a Alejandro Valverde, que se despide de la ronda española -tras una dura caída- atacando.

Diario de La Vuelta: hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 7). Foto: Charly López
Diario de La Vuelta: hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 7). Foto: Charly López

En el hall recibidor de la entrada a la casa de Alejandro y Natalia en Murcia, a mano derecha colgando de la pared hay una imagen que lo dice todo. Es un cuadro que enmarca una foto. Una imagen enfocada en dos piernas, una de ellas, la izquierda, parece más una pelota de baloncesto, completamente inflada. Por debajo, una cicatriz en proceso de curarse en el momento de la foto pero que ya ahí tiene pinta de que la marca va a ser para toda la vida. Con su raya de arriba a abajo y algunos puntos a los lados. Como los piratas. De esa foto tan significativa enmarcada cuelga una medalla. Es de oro con inscripciones: Innsbruck 2018, con una cinta en todos los colores del arco íris que lo envolvió todo aquella mágica tarde de septiembre. Las dos cosas están juntas en la entrada de la casa de Alejandro y Natalia. El dolor y la gloria. Separados en el tiempo por un año y un par de meses. 

Esa será la imagen que Alejandro verá al entrar en casa después de que Natalia haya salido por la puerta sin apenas fijarse en esa imagen que cuelga en la entrada. A todo correr y con el corazón encogido. Suerte que no vio la caída en directo. Se enteró por mensajes, por el teléfono, que empezó a sonar alocado y sin control. La caída sobrecoge incluso viéndola repetida. Igual que aquella del arranque del Tour de Francia 2017 en la que con su propia rodilla rompió la pata de la valla provocándole una rotura que casi le cuesta la carrera deportiva y estuvo a punto de dejarle cojo de por vida. 

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Alejandro Valverde tras la caída que le ha obligado a abandonar. Foto: Movistar_Team

Por fortuna y ya sabiendo que no hay nada roto, así lo ha confirmado el propio equipo Movistar cuando se ha sometido a placas y exámenes médicos en el hospital de Alicante, nada tiene que ver aquella caída de hace cuatro años con la de hoy en el descenso de El Collao, pero es inevitable no acordarse. Porque de las 30 grandes que ha corrido Alejandro, el ciclista capaz de ganar desde una grande a una clásica de las Ardenas, una Vuelta al País Vasco y también un Mundial, solo se ha retirado en cinco ocasiones. En la Vuelta a España, concretamente, solo se había bajado antes de tiempo en una ocasión, la primera vez que la corrió en el 2002. 

No recuerdo una Vuelta a España sin Valverde. La primera en la que me colgué una acreditación, la del 2009, fue precisamente la de su victoria. Nunca ha faltado a esta cita salvo, obligadamente, la del 2017 por estar en pleno proceso de recuperación de la maltrecha rodilla. Él siempre está. Y además se nota que está. La primera semana es casi siempre territorio suyo. Él es el encargado de animar este loco y bello cotarro que es la Vuelta a España, que siempre diseña etapas a la medida de sus eternas piernas. Finales en repechos, mucho calor con los inicios de los últimos años casi siempre por la costa valenciana o andaluza, etapas cortas y explosivas. La mezcla de todo le da como resultado siempre a él. Y él siempre ha cumplido. 

Después de salvar el inicio burgalés y el largo transitar por los campos manchegos, desembocaba la Vuelta en esta sierra que tanto le gusta y le ha visto lucirse y él quiso sacar al mejor Valverde que lleva todavía dentro. Porque el año pasado fue triste, con la Vuelta a España en el frío otoño y sin público, porque se estaba encontrando como nunca después de un enorme inicio de temporada y un notable Tour. Porque después de unos Juegos Olímpicos para el olvido llegaba a su carrera, la Vuelta a España, y con la libertad que se ha ganado con creces de jugar y divertirse en estas primeras etapas con finales perfectos para él. 

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Valverde, junto a Carapaz y Adam Yates, poco antes de su caída. Foto: Photo Gomez Sport

El de ayer en Cullera y el de hoy eran ideales. Los dos días se ha ido al suelo. En esta segunda ocasión le ha costado la retirada antes de llegar a Santiago de Compostela. Antes de hacernos disfrutar a todos con su ciclismo y su talento. Justo cuando empezaba a gustarse en esta Vuelta. Atacó junto a Rojas en el final de la subida al Collao, a más de 40 kilómetros de la meta en el Balcón de Alicante, “como estaba planeado”, contó después Supermán López, antes de pillar un mal bache y terminar en el suelo. Y podría haber sido peor, viendo el quitamiedos por el que cruzó rozando.

Ésa será la última imagen del Bala en esta Vuelta de sus reencuentros. Al ataque. Ésa y la de haber intentado hasta el final, hasta que el dolor le dijo que no podía aguantar más, ocho kilómetros después. Entre lágrimas y abrazado a su director y amigo Chente García Acosta, Valverde se deshacía de tristeza. Y nos rompía el alma y el corazón a todos. Esas lágrimas hablan de su amor por el ciclismo y su entrega total, a sus 41 años, con todo ganado. Las lágrimas que hablan de la ilusión del niño pequeño que viene a la Vuelta a España a divertirse él y divertirnos a los demás. 

La Vuelta seguirá mañana con su llegada a la Manga del Mar menor, a su Murcia que le esperaba con los brazos abiertos para recibirle. Su grupeta había decorado la rotonda de la entrada con fotos suyas en las letras de la localidad pero Valverde no formará parte de ese pelotón y ahora toca seguir la marcha sin él, con ordenador prestado todavía a la espera de que llegue el mío mañana. De ninguna de las teclas hubiéramos pensado que iba a salir un texto así. La crónica que ninguno queríamos escribir. Te echaremos de menos en el camino hacia Santiago, amigo. 

 

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