Explicación de un misterio

Hace algunas semanas en este mismo blog comentaba que procedimos a formular en su momento alegaciones al proyecto de Ordenanza de Movilidad de la ciudad de Madrid ante las numerosas disposiciones contrarias a la libre circulación del ciclista respecto del vehículo a motor. Sin embargo también incidíamos en el muy deficiente planteamiento normativo de las denominadas “aceras-bici”, un híbrido entre acera y carril-bici envuelto en lagunas jurídicas más que oceánicas. Efectivamente, las aceras-bici son aquellos tramos de acera situadas en la misma plataforma que las aceras, pintadas de rojo y destinadas a la circulación de bicicletas, en principio. Sin embargo, en el proyecto de Ordenanza se prevé que los peatones tengan la prioridad de paso cuando vayan a cruzar hacia la calzada, algo que ocurre cuando se pretende acceder al coche aparcado, o ir hacia los pasos de peatones o las paradas de bus.
Alfonso Triviño -
Explicación de un misterio
Explicación de un misterio

Hace algunas semanas en este mismo blog comentaba que procedimos a formular en su momento alegaciones al proyecto de Ordenanza de Movilidad de la ciudad de Madrid ante las numerosas disposiciones contrarias a la libre circulación del ciclista respecto del vehículo a motor. Sin embargo también incidíamos en el muy deficiente planteamiento normativo de las denominadas “aceras-bici”, un híbrido entre acera y carril-bici envuelto en lagunas jurídicas más que oceánicas. Efectivamente, las aceras-bici son aquellos tramos de acera situadas en la misma plataforma que las aceras, pintadas de rojo y destinadas a la circulación de bicicletas, en principio. Sin embargo, en el proyecto de Ordenanza se prevé que los peatones tengan la prioridad de paso cuando vayan a cruzar hacia la calzada, algo que ocurre cuando se pretende acceder al coche aparcado, o ir hacia los pasos de peatones o las paradas de bus.

 A las aceras-bici les rodea un misterio digno de Expediente X. Ya puede haber muchos más metros cuadrados destinado al uso específico para peatones, que no pocos de ellos se sienten atraídos por las vivas tonalidades rojas e, hipnotizados por la frecuencia de onda cromática de ese color, subyugan sus sentidos hacia en trazado marcado por la gruesa línea bermeja. Reconozco que sostenía una teoría determinista sobre la naturaleza del ser humano que justificaba tal irracional comportamiento de parte de nuestros viandantes. En mi corta opinión, creía que se debía a la gran cantidad de genes que algunos especímenes humanoides comparten con los bovinos hispánicos cuya característica definitoria es la de ser atraídos por un trapo rojo, al cual buscan prender con sus agudas cornamentas. Son también conocidas las características del denominado “Equus Africanus”, asno en lenguaje coloquial, cuya modalidad hispánica se caracteriza por su obstinada determinación de caminar sin desmayo por el límpido trazado de la linde.

 Pero no. Errado de mí, había subestimado la capacidad del ser humano de superar la inteligencia de las bestias del campo. La clave me la dio ayer una madre de familia que empujaba un carrito de dos plazas, de esos que se compran para llevar parejitas de gemelos, los cuales ocupaban todo felices sus cómodos asientos. Venía yo por una estrecha acera-bici de una ancha calle, por supuesto con la bici, cuando la citada señora iba “por tó el medio” del carril con el carrito, a pesar de disponer de amplio espacio por el resto de la acera. Le advertí con un “cuidado” de mi proximidad, y se detuvo, sin mover ni un músculo, desafiante y un tanto mal encarada: “Oye, guapo, que yo también llevo ruedas y me es mucho más cómodo que ir por las losetas”. Ahí es justo donde acabé virando, a las losetas, para no crear situación de mayor compromiso por la seguridad de los infantes. Sólo pude aprovechar el parón de la señora para, todo educado, expresarle que tenía suerte de que mi conducción fuera prudente, porque por donde circulaba ella tan relajada, algún que otro ciclista suele ir muy, pero que muy deprisa como para arriesgarse poner en peligro a sus hijos. No hizo falta más comentarios como para comprobar, por la mirada de la susodicha, que ella estaba absolutamente convencida de que estaba en plena posesión de un derecho y que yo representaba el papel de usurpador.

 Cosas que pasan cuando las normativas son nefastas, la información es inexistente y las ejecuciones de las obras, irracionales. Así que todo se reducía a esto: la comodidad de la señora. Entonces, me preguntaba yo por qué harán las aceras con losetas. Los ancianos con sus bastones, los señores que van leyendo el periódico, los que llevan carritos de la compra y las mamás o papás con sus cochecitos, están sin duda abocados a discurrir por una superficie más lisa y fácilmente visible. Propongamos a los Ayuntamientos que se construyan “aceras-bici para todos”, que entonces los ciclistas podremos ir por las losetas sin que ningún viandante ose perturbar nuestro grácil traqueteo.

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