Felices y seguras pedaladas

Permitidme que me presente. Soy Alfonso Triviño, colaborador de esta revista desde hace nueve años, allá por 1999. Mi afición por la bici se difumina en mis primeros recuerdos vitales, siendo un niño de cuatro años, cuando mi abuelo sentenciaba que “Ocaña nunca ganará un Tour porque se cae mucho de la bici”. A esa tierna edad ya cogía una pequeña bicicleta de un compañero de guardería que resultaba ser el hijo de los dueños. Nunca me hicieron falta ruedines y surcaba los hoyos y montículos del patio como si ese pequeño instrumento fuera una prolongación de mi mismo. Ni qué decir tiene que el préstamo acababa cuando al propietario se le antojaba tras darme un tortazo, cosas de niños.  
Alfonso Triviño -
Felices y seguras pedaladas
Felices y seguras pedaladas

Permitidme que me presente. Soy Alfonso Triviño, colaborador de esta revista desde hace nueve años, allá por 1999. Mi afición por la bici se difumina en mis primeros recuerdos vitales, siendo un niño de cuatro años, cuando mi abuelo sentenciaba que “Ocaña nunca ganará un Tour porque se cae mucho de la bici”. A esa tierna edad ya cogía una pequeña bicicleta de un compañero de guardería que resultaba ser el hijo de los dueños. Nunca me hicieron falta ruedines y surcaba los hoyos y montículos del patio como si ese pequeño instrumento fuera una prolongación de mi mismo. Ni qué decir tiene que el préstamo acababa cuando al propietario se le antojaba tras darme un tortazo, cosas de niños.  


 


A los seis años me regalaron la primera bici, y luego otra más grande, una GAC plegable con la que me llegaba a hacer por el pueblo donde teníamos una casita así como cuarenta kilómetros al día, yo solito por esas carreteras de Dios y con diez años tan sólo. Desde luego que eran otros tiempos, porque eso, para un niño de hoy, es impensable.


 


La afición perduró, aunque hubo un paréntesis impuesto porque me federé en atletismo y a nuestro entrenador no le gustaba aquello de darle a otros deportes “incompatibles”. Total, que cuando empecé la carrera tuve que dejar el deporte de la zapatilla porque al pasar de junior a senior había que entrenar todos los días aproximadamente cuatro o cinco horas, y opté por no distraerme con los estudios. Fue entonces cuando, tras un accidente de coche del que milagrosamente salí ileso, le cogí manía al vehículo a motor y me reenganche a la bici. Decidí entonces ir a la universidad todos los días en bicicleta, que desde el centro de Madrid hasta la Autónoma hay 17 km. de ida y otros tantos de vuelta. Ahí aprendí lo que significaba el ciclismo de ciudad, salir de noche en invierno con mis lamparitas, subir toda la Castellana, introducirme suicidamente hacia la carretera de Colmenar Viejo y sacar el brazo en cada incorporación o salida de la “autovía”, pues antes no había carril-bici. Tuve bastante suerte y no hubo percance alguno.


 


Recuerdo que el día que acabé el cuarto de derecho agarré la máquina y me subí desde Madrid al puerto de Morcuera y Cotos, regresando por Navacerrada y la autopista de La Coruña, que entonces carecía de vía de servicio. Ahí me entró la verdadera afición por el cicloturismo. Al año siguiente ya convencí a un amigo para que montáramos un viaje a Santiago de Compostela en cuatro etapas, y desde ese instante comencé a programar auténticas salidas plagadas de puertos siendo lo normal  superar los doscientos kilómetros por etapa. En verano nos desplazábamos a los Pirineos, los Alpes o los Dolomitas para poder decir que habíamos subido, que yo recuerde, un porrón de puertos míticos de Tour y Giro.


 


No tardé en federarme por aquello del seguro, y entonces descubrí lo que significaba las salidas con los compañeros de club.


 


Es cuando compartes experiencias con los compañeros cuando uno adquiere conciencia de que somos un colectivo vulnerable, y, desgraciadamente, bastante insolidario. He visto a muchos ciclistas despotricar contra los vehículos, pero a muy pocos que quisieran mojarse para, por ejemplo, denunciar puntos negros o peligrosos, o arcenes que parecen auténticos vertederos. También he visto mucho politiqueo en distintas federaciones, cuyos responsables están más en el medrar y la docilidad por aquello de las subvenciones, que con la conciencia de crear comisiones de seguridad vial destinadas a hacer fuerza frente a los poderes públicos.


 


Precisamente comprobé lo que digo cuando el entonces proyecto de ley anticiclista (ese que nos obliga a llevar casco y reflectantes) estaba a punto de ser aprobado en el Congreso. Esa norma era alabada por casi todos, Federación Española incluida, pero a todos se les había pasado el pequeño “detalle” de que el ciclista perdía la prioridad de paso por el hecho de conducir una bicicleta. Ni corto ni perezoso agarré, como hacía Gila en sus soliloquios, el teléfono del Congreso y pregunté por el diputado ponente de esa Ley. El caso es hable con el citado congresista y, tras argumentarle sobre el peligro que esa norma sumía al ciclista, a los quince días se derogó el supuesto de la pérdida de prioridad de paso.


 


A raíz de aquello conocí a Pedro Delgado en una mesa redonda de las Jornadas de Ciclismo Profesional de Cuenca. Pronto surgió de él un serio compromiso con la seguridad vial de los ciclistas, y, junto con el entonces Presidente de la Asociación de Ciclistas Profesionales, José Rodríguez, comenzamos a movilizarnos para proponer mejoras legales. Trabajando duro logramos avances en la Ley de Seguridad Vial y su Reglamento General de Circulación por las que se podría circular en paralelo, en descensos prolongados se permitiría abandonar el arcén e ir por la calzada; considerarse al grupo de ciclistas una unidad móvil a efectos de prioridad de paso, o poder adelantar pisando la raya continua los vehículos a conductores de bicicletas, y una larga lista de normas que mejoran la situación creada por la famosa “ley anticiclistas”. Movimos situaciones para que Pedro Delgado fuera designado representante oficial de organizaciones ciclistas en el Consejo Superior de Tráfico, y entramos a formar parte del creado GT 44, o Grupo de Trabajo de Seguridad Vial de Ciclistas en el seno de la DGT.


 


Actualmente la situación de nuestras reivindicaciones ante las Autoridades Públicas es bastante preocupante. Los que nos seguís tanto en la Web como en la revista, conoceréis de primera mano cómo llevamos varios años golpeándonos contra el muro de la indiferencia, ineficiencia e inutilidad de muchos que deberían dejar paso a tanta palabrería y ponerse a solucionar los problemas que sufrimos. Pero los que nos conocéis también sabéis que en absoluto dejaremos que el desánimo cunda. No dejaremos de ser el aldabonazo en sus conciencias proponiéndoles constantemente soluciones concretas.


 


Esa es la razón de la creación de este blog. Una constante comunicación con todos los que sufrimos el miedo de ser rebasados continuamente a menos de metro y medio. De tragarnos baches y más baches o de ver que, de repente inauguran una autovía por la que ya no podemos salir en bici desde nuestro municipio. Denunciaremos puntos negros de los que nos deis a conocer, Publicaremos vuestras fotografías que los evidencien, y daremos a conocer desde nuestra Web todo aquello que suponga un peligro para nosotros. Denunciaremos los seguros federativos tan absolutamente insuficientes que suscriben personas que desde luego nunca se han preocupado de hacer bien los deberes, tan ocupados ellos en ganar votos. En definitiva, información es poder, y nosotros trataremos de hacer llegar a quien corresponda nuestras denuncias.


 


Manos a la obra

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