Admirado sin saberlo

El blog de Luis Pasamontes

Luis Pasamontes

Admirado sin saberlo
Admirado sin saberlo

Luis, ¿quién es el dorsal 23?, ¿y el 145?, siempre solían preguntarme mis amigos, cuando íbamos a ver algún final de etapa, por los ciclistas menos conocidos. Me gustaba fijarme en los neoprofesionales, en esos ciclistas amateur que acababan de dar el salto a la máxima categoría o estaban a punto de hacerlo y poca gente reconocía. Es curioso y seguro que tiene que ver con esa admiración, pero si recordáis el ciclista que hizo que en aquella carrera dejara de fijarme en las motos y lo hiciera en los ciclistas, era amateur y no profesional. Ellos eran mi más inmediata referencia, mis objetivos más cercanos estaban en esa categoría y ahí es donde tenía que destacar. Todo lo conseguido en las categorías anteriores servía como aprendizaje y camino obligado a recorrer, nada más. Desde pequeño me gustaba abrir Ciclismo a Fondo por su sección de aficionados, después me dirigía a la de profesionales, pero en ese orden siempre. A menudo le daba la “lata” a mi madre, ¿crees que algún día saldré ahí?, ¿crees que pondrán mi nombre en la revista?. Todos los años al inicio de temporada publicaban las plantillas de los equipos aficionados más destacados, yo estaba como loco porque mi nombre estaría allí, entre cientos es verdad, pero estaría. Fijaros que no me mencionaban por un buen resultado conseguido, solo como miembro de un equipo, pero en ese momento para mi era muchísimo. Cuantas veces me sentaba a ojearla, parece una tontería pero para mi leer “Pasamontes” en una de las páginas de la revista que compraba desde muy pequeño, era una ilusión tremenda. En una de esas publicaciones recuerdo que me detuve en una foto de un ciclista madrileño, Luis Javier Castellanos. Me puse a leer el texto que la acompañaba, compaginaba sus estudios de Magisterio Educación Física con su carrera deportiva y me emocionó leer que lucia siempre un lazo negro en su casco, homenaje a los ciclistas fallecidos en atropellos.

Meses más tarde, un grupo de amigos y yo nos cogimos el autobús y fuimos a Oviedo a ver la Subida al Naranco. Estábamos emocionados, había un plantel de ciclistas increíble, lo mejor del pelotón internacional. Comenzamos a caminar y a subir hacia la cima, cada vez la niebla era más cerrada y densa, un día desapacible. Mientras esperábamos a los valientes, comíamos los bocadillos que nos habían preparado nuestras madres, bocadillos de libro Guinness. Las azafatas repartían bolígrafos, gorras, caramelos y listas de inscritos entre el público. Había algún equipo amateur que había sido invitado por la organización e inmediatamente comencé a leer sus componentes. Luis Javier Castellanos, el ciclista aficionado en el que me había fijado, estaba en uno de esos equipos. Estuve esperando a que llegara, venia en la “grupeta”, era una de sus primeras carreras en la máxima categoría, pero me ilusionó verle. Quería ver con mis propios ojos aquella cinta en su casco, ser participe del tributo continuo que hacía el madrileño.

Sí claro, también me gustó ver a las grandes estrellas no os voy a mentir, pero aquel ciclista detuvo mi atención durante un tiempo. Años más tarde me trasladé a Madrid con mi madre y empecé a trabajar como vendedor en la sección de ciclismo de unos grandes almacenes. Recuerdo mi primer día, un poco nervioso pero con ganas de poder ayudar económicamente en casa y de esa manera contribuir a que la temporada no supusiera tanto gasto a mi madre. Cada vez que tenía una caída reparar la bici era un gasto, sin mencionar todos los viajes que hacía. Era complicado compaginar estudios, trabajo y ciclismo, pero no imposible. Me presentan a mis nuevos compañeros de sección y nos dirigimos al taller de bicis para conocer a los mecánicos. Era muy tímido y casi no miraba a la cara mientras les daba la mano, hasta que uno de ellos dijo “encantado de conocerte, soy el Insu”. Así era como todo el mundo conocía a Castellanos, un apodo que adquirió de nuestro gran amigo Oscar, al que tuve el honor y privilegio de conocer. Comencé a contarle la historia, se me pasó la timidez de repente, se la conté con tantos detalles que no tuvo más remedio que creerme. “Que sí, que yo te vi en el Naranco y te sigo desde que te vi en Ciclismo a Fondo…”. Desde entonces guardamos una gran amistad, seguimos compartiendo rutas en bici y disfrutando del deporte que nos unió. Llegó a ser ciclista profesional en Portugal durante varias temporadas y consiguió grandes resultados. Cuando creas que no eres nadie, tu autoestima esté baja, abre los ojos, mira a tu alrededor y verás que eres importante para alguien. Aunque solo sea una persona la que te tenga como ejemplo, merecerá la pena seguir adelante.