Mochila de ilusiones

El Blog de Luis Pasamontes

Luis Pasamontes

Mochila de ilusiones
Mochila de ilusiones

Qué ganas de llegar a esa línea de meta, de bajar los niveles de tensión acumulada, de comenzar a luchar contra el  cansancio, ese que lleva viviendo a su lado durante días. El domingo llegaba LaVuelta a Madrid después de 21 días, desde que arrancara en Ourense. Un pelotón en el que faltaban 39 ciclistas a los que las caídas, las enfermedades u otras circunstancias no les perdonaron. Ellos también son importantes, ese aplauso ensordecedor que se produce al paso por la línea de meta en la Castellana viaja hasta los hospitales y los lugares donde se encuentran los ausentes.

Aún sigo emocionándome cuando oigo las sirenas y veo pasar los coches y motos que preceden la carrera; llamadme niño si queréis, pero seguro que a vosotros os pasa algo parecido. Pensaba sin parar, mi mente viajaba una y otra vez al pasado, regresaba al presente. Qué distinto se ve todo detrás de una valla… la velocidad, la poca distancia entre tubulares, su delgadez, su color indiscutible de piel, incluso el sonido del pelotón al pasar. Cuando estás dentro es una melodía distinta a la que escuchas desde fuera, pero ambas armoniosas, agradables al oído. Aún no he visto un niño llorar por escuchar el paso de un pelotón. Sin embargo, si que he visto crecer sus pupilas por momentos, abrir la boca de par en par y aplaudir con fuerza.

Una Vuelta es un hervidero de emociones, de vivencias, de situaciones y anécdotas, algunas que perdurarán toda la vida. Estas no solo las vive el ciclista o la gente que forman el equipo, también el público que les recibe cada día. ¿Sabéis algo?, ahora me doy cuenta de una manera más profunda de todo eso. El ciclista lleva una mochila invisible cargada de felicidad, de ilusiones, de sueños. Es la manera más sencilla que se me ocurre de trasladaros lo que siento y lo que he vivido. Puede pareceros curioso, pero a veces su mochila es parecida al saco que porta Santa Claus el 24 de diciembre o los tres Magos de Oriente la noche del 5 de enero. Sí, ya se que estamos en septiembre, pero las caras que veo o he visto, se asemejan mucho a las que vemos en esa época del año.

Voy a compartir algunos ejemplos y así entenderéis todo. Después de una dura caída y de recordar los fantasmas del Tour de Francia, Alberto Contador se detiene en la línea de meta para atender a todos los periodistas, sus heridas aún sangran. Podría haberse ido directo al bus, estaría más que justificado, pero no lo hizo, respeta el trabajo de los profesionales que le esperan. También recibe un homenaje por parte de los miembros de la Guardia Civil, tras haber donado el premio de la etapa que ganó en la Farrapona (2014) a la viuda del agente tristemente fallecido en acto de servicio, ese mismo día.

Pablo, un superhéroe sin capa y espada, admiraba a Esteban Chaves y a su Orica Bike Exchange del alma. La sonrisa eterna del colombiano y su desparpajo sobre la bici hicieron que los días de este valiente de 12 años, fueran más felices. Todo el equipo lució su nombre en las bicicletas, su número y un lazo contra el cáncer infantil, durante la etapa de Formigal.

Los dos pequeños avergonzados miraban desde la distancia a David López, mientras hablábamos. En sus manos portaban bolígrafo y papel, pero sus pies estaban soldados al asfalto, no eran capaces de acercarse. David les invitó a venir con un gesto y la velocidad de sus piernas hizo el resto. Autógrafo y foto, esta vez no hizo falta decir “patata” para que salieran sonriendo. Unai (unangelllamadounai.org) esperaba con su familia en el hotel de Movistar, los ciclistas estaban a punto de llegar. Viajaban a Madrid para afrontar la última etapa. Tato, uno de los masajistas del equipo, pendiente de todo para que Valverde pudiera conocer a este pequeño que sufre “síndrome de Angelman”. Alejandro firma un maillot para subastar y recaudar ayuda económica para las terapias de Unai, su familia sonríe pese a todo.

Nairo pedalea a rueda de sus hombres de equipo y por un momento sale de su estela, se acerca a la cuneta y tira a los pies de una niña su bidón. Esta sonríe, no se lo cree, se lo muestra una y otra vez a su padre. Especialmente sensibilizado con Unicef, tal vez algo se le pasó por la mente en ese momento. El mismo comentó esta acción “en competencia sí, concentrado sí, pero en mi mente y corazón siempre los niños de Unicef”. Froome también luce la pulsera #iniciativasolidaria del Team Caja Rural Seguros RGA, por la inclusión de deportistas paralímpicos después de sus carreras.

Ahora entendéis lo que os comentaba de la mochila invisible cargada de ilusiones y felicidad, una mochila que no pesa y con la que pueden disputar los 21 días de carrera, subir puertos e ir de ciudad en ciudad abriéndola a cada momento regalando sonrisas. Esfuerzo en carrera, generosidad fuera de ella, ellos son así.

Luis Pasamontes

@pasamontesluis