Los grandes pasos de Jesús Herrada

El Blog de Rafa Simón
Rafa Simón -
Los grandes pasos de Jesús Herrada
Los grandes pasos de Jesús Herrada

“Cierra la ventana, anda, no vayáis a resfriaros ahora”, les pide Rosa por enésima vez. Las madres viven en alerta continua. Toda previsión es poca. Y las quejas de Jesús ya se hacen opacas. Pero su madre tiene razón. En Mota del Cuervo, en el corazón de Cuenca, los molinos son los primeros que avisan. Sus aspas ya giran con fuerza. Nerviosas. Traen cambio de tiempo. No es el momento de enfermar. No ahora, justo cuando llegan las vacaciones.

Jesús y Rocío aún pelean con la maleta. Madeira espera. "¡A ver que hacéis por allí, que eso está muy lejos!", bromea Rosa. Jesús sonríe. Bien lo sabe. Sol reparador y buena comida. Allí aún coletea el verano tardío. Necesario para recuperar su cuerpo. Aún está extremadamente afinado. Quijotesco.

Al girarse hacia la ventana, sus pupilas chocan contra las nubes, oscureciéndose aún más. Un coletazo de viento se filtra sobre el alfeizar. Come si le silbara un recuerdo cercano. Una última gesta. La suya fue especial. De caballero andante. Los grandes pasos de Jesús Herrada

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Terminó el año apurando al máximo el grupo de candidatos a un triunfo que les pertenecía. Llevó su cuerpo al límite hasta echarse a un lado para que un viejo compañero cumpliera uno de sus sueños. Ser Campeón del mundo.

Cuando se reencontraron en meta, se fundieron en un abrazo. Sincero. Conocido. Atrapado en el pasado. Hace 8 años, cuando Jesús debutó como profesional, el día que le vio sentado junto a otros grandes ciclistas, tenía muy claro que Alejandro Valverde, al que sólo conocía de verle por la tele, iba a ser uno de sus líderes. Los grandes pasos de Jesús Herrada

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Se lo dijo Eusebio Unzué, Mánager del equipo, en la primera concentración, cuando le fichó para Movistar. Aquel día, le habló pausado. Le explicó que, para un neo profesional, el primer año era de papel y lápiz. De trabajo. Luego, le presentó a su profesor: Pablo Lastras. Cuando el abulense habla, todos callan. Su discurso inspiraba respeto, pero sus vivencias desbordaban sabiduría. Y Pablo sabía leer en la mirada de Jesús. Le dijo que se volcara en ayudar a sus compañeros. A Alejandro y al resto. Y que, con el paso del tiempo, la situación se acabaría revertiendo.

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Después, como en todo colegio, se le “obligó” a pasar por la tradicional novatada del equipo. David Arroyo le puso una boina en la cabeza, ofreciéndole una botella de agua a modo de micrófono. “Ahora vas y le cuentas a esta gente alguna cosilla”, le dijo entre risas. Ese día, Jesús se peleó con su timidez, pero abrió la puerta de la integración en un gran equipo. Fueron años en los que su cuerpo, como el de Don Quijote, aprendió a curtirse en batallas empapadas de kilometrajes que doblaban los que él había hecho como amateur. Hasta que, de tanto hincar la rodilla en el suelo en favor de sus compañeros, llegaron sus propias victorias. Dicen que la primera, tenga el rango que tenga, suele ser la más bonita.

Él, la vivió en cámara lenta, con los metros suficientes para alzar los brazos, para girar su cuerpo en busca de Ion Izaguirre, que, alejado, aceptaba cabizbajo su derrota. Cruzó la meta con los ojos enrojecidos. Con el tiempo suficiente para frenar la bicicleta ante sus padres. Rosa y José se fundieron con su hijo en un diálogo mudo que nunca necesitó de traducción.

Pero, los años vividos en Movistar, también le castigaron con uno de los momentos más duros de su carrera. Cuando tan sólo llevaba unos meses en el equipo, recibió un mensaje muy duro. Su compañero Xabi Tondo, había fallecido en un desgraciado accidente. Dolió mucho. Con el catalán era fácil entenderse. Bromista incansable. Nunca podrá olvidar el día en el que debutó. Tras trabajar junto a Tondo en cabeza del pelotón, justo cuando Jesús iba a descolgarse, éste le preguntó si llevaba geles y barritas. Jesús le respondió que sí. Cuando llegó a meta, Xabi, le esperaba con una sonrisa: “Ya veo que te han sentado bien las barritas, ¡pero te las pedía para mí!”, le dijo entre risas. Pudo ser un desliz de neoprofesional. Sin embargo, ahora, será algo que Jesús nunca olvidará. Los grandes pasos de Jesús Herrada

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Sin embargo, con el paso de los años, Jesús decidió dar un paso adelante. Los resultados que iba obteniendo comenzaban a avalarle. El aprendizaje había sido bueno, pero había llegado la hora de demostrar que él también podía liderar un equipo. Firmó por el ciclismo francés en 2017, con el equipo Cofidis.

Encontró un equipo sin grandes líderes. Con chicos jóvenes que no eran del World Tour. Que le preguntaban cómo era Valverde o Nairo Quintana. Aunque Cofidis hace tiempo que no es tan francés. Lleva “conquistado” por españoles un tiempo. Sobre todo por uno: Luis Ángel Maté. Él le ayudó desde un principio con el francés. Con las trabas del cambio. A instalarse en un rumbo de mentalidad que cambiaba radicalmente respecto a Movistar.

En su primera charla con el equipo, Cedric Vasseur, Mánager del equipo, le habló del Tour de Francia: “Jesús, el Tour para un francés, es otra cosa, y ahora, eres uno de nosotros. No te voy a pedir ganarlo, pero si honrarlo con tu entrega”, reclamó mirándole a los ojos. Los grandes pasos de Jesús Herrada

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Por eso, se volcó en conseguir una victoria de etapa. Hasta ahora, no ha podido conseguirla. Pero si pelearla. El Tour no es fácil para nadie. Aunque, a cambio, hace un mes, regaló a su equipo otro premio. Ser líder virtual de la Vuelta a España. En la etapa 12, implementó su plan. Había estado perdiendo tiempo intencionadamente para no inquietar a los que disputaban la general. Para que le dejasen coger una fuga. Consiguió tener dos días el maillot rojo. El primero, inolvidable. Fue entonces cuando vivió en primera persona lo que había visto en sus compañeros de Movistar. Pasó, de ser un ciclista más, a ser objetivo de la prensa. Además, perdía un tiempo precioso en controles, en las ruedas de prensa, a lo que tuvo que añadir un traslado de 200 kilómetros camino de Oviedo. Esos dos días apenas pudo descansar, pero sintió en su cuerpo el peso de la responsabilidad. Pero lo más importante: Hizo feliz a su equipo. Su liderato, aunque fugaz, se vivió como una victoria.

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Aunque, si le preguntaran, si de verdad pudiera explicar a quién agradecer todo lo vivido, su referente en la sombra, su "Sancho Panza", sería José, su hermano. La razón por la que se hizo ciclista. Fernando, el mayor, sólo llegó a Juveniles, pero a José le vio vestido de profesional muy pronto. Le metió en el cuerpo la chispa del ciclismo. Luego, le acompañó tanto en Movistar como en Cofidis. Fue quien le dijo que debía dar un paso adelante, aceptar un rol ganador. Y también quien le ha sabido tranquilizar en todo momento. En las carreras. En los largos entrenamientos en paralelo por las solitarias carreteras de Cuenca. “Si yo tuviera tus piernas y tú mi cabeza”, le repetía siempre con resignación. Los grandes pasos de Jesús Herrada

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Hoy no está para hacer piña con él frente a las continuas instrucciones de su madre. Recién casado, acaba de irse unos días con su mujer y con Leire, la pequeñita. Le ha dejado “sólo ante el peligro”. La temporada que viene, en cambio, estará ahí, como siempre. Le seguirá acompañando para seguir dando grandes pasos.

Rafa Simón @rafatxus

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