Laurens Ten Dam: el eterno hombre de confianza

El Blog de Rafa Simón
Rafa Simón/Fotos Bettiniphoto.net -
Laurens Ten Dam: el eterno hombre de confianza
Laurens Ten Dam: el eterno hombre de confianza

“¿Ves cómo el Tour te estaba esperando? Todo llega”, le dijo al cruzarse. Steven sonrío. Instantáneamente recordó el consejo de su viejo amigo. Fue un fugaz saludo teñido de complicidad. Luego una nube de micrófonos y cámaras les separaron. No se volvieron a ver. Laurens es un tipo de esos que no caen indiferentes. Bajo un semblante ido, su mirada, zarca y penetrante, parece rescatada de pensamientos ajenos al momento real. Como si no estuviera. En cambio, su sonrisa sobresale siempre fácilmente entre su barba descuidada, irregularmente marcada en unos pómulos que llevan años afilados.

Laurens Ten Dam: el eterno hombre de confianza

Hace años, en plena adolescencia, su cuerpo, huesudo y alargado, parecía destinado a otro tipo de deportes. Laurens, como muchos de los chavales de Zuidwolde, repartían su tiempo libre en los numerosos campos de fútbol de la región, viveros donde el Groningen se alimenta de los jugadores de cantera. En invierno, en cambio, patinar sobre las pistas naturales de hielo creadas en los lagos, le mantenían ocupado. Por aquel entonces, la seriedad no iba mucho con él, aunque, la noche, afortunadamente, tampoco le llamó excesivamente la atención.

Parecía un chico destinado a seguir los pasos de sus amigos. Jugar al fútbol y ligar con chicas. Sin embargo, poco tiempo después, el ciclismo empezó a llamar su atención, mucho más adaptado a la finura de su cuerpo. Aún así, parecía partir con un handicap geográfico. Holanda, plana y ventosa, siempre había sido tierra de rodadores. Él en cambio, ya desde amateur, sabía que sus aptitudes estaban destinadas a destacar en la montaña.

Laurens Ten Dam: el eterno hombre de confianza

Su debut en profesionales se desarrolló en las estructuras que derivaron en Unibet, donde estuvo 4 años. Al principio, era un equipo modesto, apenas con capacidad para costearse correr en los Países Bajos. Lo suficiente para tener una plaza en la Amstel Gold Race. Fue posteriormente, cuando consiguieron presupuesto para poder viajar a Alemania, Francia o España, cuando Laurens empezó a disfrutar del ciclismo. De las rampas interminables de los puertos españoles, una orografía completamente distinta a la de su país, prácticamente plano. En Unibet, uno de sus directores, Mathieu Hermans, aquel sprinter que se enamoró de la Vuelta a España entre los años 80 y 90, le dijo que su futuro estaba en un equipo más grande, uno que le pudiera llevar al Tour. La llave definitiva al deseo de Hermans, se la dio aquella Volta a Cataluña de 2007, en plena ascensión a Vallnord. Sin darse cuenta, Laurens terminó a rueda del que sería, uno de sus principales referentes, el ruso Denis Mentchov.

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Un año después, en pleno julio de 2008, ambos compartirían habitación de Hotel. Denis era la baza principal del Rabobank para ganar aquel Tour, en cambio, Laurens, apenas iba a debutar en una gran Vuelta con su nuevo equipo. Han pasado más de 10 años, pero aún sonríe al recordar los enfados de Denis al entrar en la habitación del hotel, tras la cena, y sentir el aire acondicionado a toda potencia. "Laurens, pon las toallas encima, que no salga nada”, le pedía enfadado ante las risas contenidas de su joven compañero. Junto al ruso aprendió a escuchar, a observar. A aprender con el silencio como guía. A gestionar una gran Vuelta de tres semanas. El Tour de Francia.

Su labor en Rabobank se acabaría decantando por el trabajo en equipo. Después de Denis, llegarían otros líderes. Su objetivo fue el de adaptarse a la forma de correr de cada jefe de filas. A gestionar los puertos a los chepazos de Bauke Mollema, a las idas y venidas de Robert Gesink. Líderes de equipo que se enamoraban del Tour para odiarlo el año siguiente. Jefes de fila que le pedían trabajar, pero que también le otorgaban libertad cuando era posible.

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A Laurens, el Tour también le regaló buenos momentos. 2013 y 2014 fueron años en los que, su forma, era casi perfecta. Adri Van Houwelingen, uno de sus directores, así se lo hizo saber un día "trabaja y te ganarás el respeto de tus jefes para que, un día, tengas tú el respeto para que trabajen para ti". En 2013, tan sólo el Gran Bornand le privó de conseguir el ansiado top10 que si recibió el año siguiente. En cambio, el gran público se enamoró antes de él. Dos años antes. En aquel Tour de 2011, tras aquella salida de trazada que le hizo caer de bruces, fracturándose la nariz y terminando la etapa con un aparatoso vendaje en la cara, propio de un soldado herido en pleno campo de batalla. Consiguió terminar aquel Tour de Francia con honores de campeón.

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Pero, durante su estancia en Rabobank, aunque su labor consistiera en asistir a un desfile de grandes corredores en la alta montaña, el que más le impresionó no fue un ganador de Clasificaciones Generales. Al contrario. Fue un español. Un tipo despistado. Irregular. Capaz de conseguir no entrenar más de dos días seguidos en los Training Camps del equipo enfundado en excusas hilvanadas en dolores de rodilla. A cambio, era certero en sus citas con la victorias que marcaba en su calendario. Sobre todo una: La Milán San Remo. Laurens admiraba las genialidades de “Oscarito”, el portento español de Torrelavega.

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Siempre tuvo facilidad para empatizar con los españoles que iban recalando en el equipo: Luis León, Carlos Barredo, Jose Antonio Flecha, el propio Óscar Freire… Pero Juanma Gárate era especial. "Laurens, no me fastidies, como pases por Donosti y no me llames, me enfado,eh? Que te voy a llevar a cenar a un sitio increíble", le repetía siempre. En aquella ciudad, San Sebastián, el día de la disputa de aquella Clásica de 2007, supo que la afición española, sobre todo la vasca, iba a ser su preferida. Siempre tan volcada con él. Sus gestos de esfuerzo llevados al límite lograban calar con los aficionados. En los Pirineos, en cada Tour, era jaleado con entusiasmo por la “marea naranja”, la afición del desaparecido Euskaltel. Como si fuera un integrante más del equipo vasco. Para él, tras cada etapa pirenaica, de regreso al hotel, era normal pararse a interaccionar con ellos.

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Pero, además de todos los españoles del equipo, también estaba Steven. En 2012, en plena disputa de la gran ronda francesa, el joven holandés habló con Laurens, le dijo que el Tour no era lo que esperaba, que era demasiado duro. Él le dijo que esperara, que sólo tenía 25 años. “Ya llegará tu momento, cuando seas un poco más mayor”, zanjó aquel día.

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Años después, en 2016, sus caminos se separaron. Tras nueve años en las estructuras de Rabobank, Laurens sintió que debía cambiar de aires. Dar un cambio a su vida. Se fue a vivir a Santa Cruz, en Estados Unidos y recaló en el Giant. En su nuevo equipo, en poco tiempo, empatizó con su nuevo líder, Tom Dumoulin. En sólo un “click”, sin apenas cruzar una sóla palabra, Laurens sabía lo que Tom necesitaba en cada ascensión, ya fuera agua, comida o un cambio de ritmo. Durante su estancia en el equipo consiguió estar presente en cada una de las gestas de su jefe de filas, tanto en la consecución del Giro de 2018 como en los segundos puestos conseguidos en el Tour de aquel año y el Giro de 2017. Así, tras tres temporadas, a finales de 2018, el equipo consideró a Laurens, con 37 años, demasiado mayor para poder continuar en la escuadra. Quizás hubiese sido lógica una retirada, o un equipo americano, aunque fuera pequeño, para tener la excusa de poder regresar a vivir allí. Laurens ama ese país. En cambio, fue el CCC el que le pidió que firmara con ellos. Para enseñar a los más jóvenes que ingresan en el World Tour. Jonas Koch, Nathan Van Hooydonck o Joseph Cerny son tres de sus mejores pupilos. Siempre con el boli y papel, pero sin captar palabras. Aprendiendo en silencio. Observando cada gesto. Como él hizo con Menchov. Como Steven hizo con Laurens. Seguro que, al cruzarse en aquel amasijo de cables y cámaras Steven Kruijswijk se acordó de que, en aquel Tour del 2012, le dijo a Laurens que la ronda francesa era demasiado para él. 7 años después, quizás siguiendo las indicaciones de Laurens, supo tener paciencia hasta encontrar el podio de París.

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