Electroestimulación: gimnasia pasiva

La tecnología nos permite llegar a imaginar una sesión de trabajo muscular, en la que los movimientos surgen de manera ajena a nuestra voluntad
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Electroestimulación: gimnasia pasiva
Electroestimulación: gimnasia pasiva

La electroestimulación es una práctica que ha crecido de manera exponencial en los últimos años en el ámbito deportivo y que consiste en excitar las fibras musculares a través de impulsos eléctricos de baja frecuencia que genera un aparato. No sólo se puede utilizar como accesorio de entrenamiento, si no que, además, podremos emplearlo como medida preventiva de lesiones e, incluso, para su tratamiento.

El trabajo involuntario

Cuando se utilizan pesas o máquinas de gimnasio, se puede llegar a emplear hasta el 60/65% de la capacidad de la fibra muscular. Nuestro sistema motor evita así que, trabajando con cargas sustanciales, se lleguen producir lesiones fortuitas. Si aislamos los impulsos eléctricos que provocan la contracción muscular de un grupo determinado, podríamos conseguir una utilización de hasta el 80% de las fibras: en esto se basa el entrenamiento mediante la electroestimulación, aunque, salvo que se utilicen aparatos muy sofisticados y se coloquen los electrodos en lugares realmente estratégicos, no se logra una optimización práctica tan cercana a esta teoría.

Pero su eficacia es un hecho, basta con invitar a cualquier debutante en esta nueva disciplina del fitness a que realice una sesión de potenciación intensa, para comprobar que, además de percibir el cansancio al final del ejercicio involuntario, podría incluso llegar a sentir agujetas durante las siguientes jornadas.

De manera lógica esta no es la finalidad de la electroestimulación y mucho menos la de emplearse como método exclusivo de un entrenamiento determinado; su verdadera dimensión se alcanza al utilizarlo como apoyo y complemento del entrenamiento mecánico, pudiendo confiar en él rutinas completas de relajación, drenaje o rehabilitación donde, sin duda, tiene pocos rivales.

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Rango de utilización

Los electroestimuladores, en un corto espacio de tiempo, se han convertido en una especie de electrodomésticos para la mayoría de las personas que llevan a cabo un entrenamiento completo y sistemático, siendo uno de los mejores métodos complementarios para trabajar muchos grupos musculares de forma aislada.

Para los menos versados haremos un resumen básico sobre el funcionamiento de uno de estos aparatos.

La electroestimulación es la técnica que utiliza la corriente eléctrica para provocar una contracción muscular: el aparato es un generador de corriente que se comunica con nuestro cuerpo a través de unos electrodos, mediante los cuales envía un impulso eléctrico al nervio motor y eso provoca la contracción del músculo.

Esta técnica viene empleándose en la rehabilitación desde hace medio siglo, utilizándose para resolver las patologías musculares más comunes, como son la atrofia muscular, la potenciación, el aumento de la fuerza para la estabilidad articular, la profilaxis de la trombosis y la estimulación de los músculos paralizados, entre otros, y también para el tratamiento del dolor.
El control de la contracción muscular por electroestimulación ha permitido saber los diferentes efectos en función de la frecuencia de los impulsos eléctricos.

El rango de frecuencias que pueden generar estos aparatos (no extrapolable a otros generadores de frecuencias) les dota de una gran versatilidad. Con la utilización de rangos muy bajos (por debajo de 10 Hz) se aumenta la circulación sanguínea, provocando un efecto descontracturante y relajante.

La aplicación de frecuencias entre 10 y 30-35 Hz, permite la activación de las fibras lentas o tipo I (de metabolismo principalmente aeróbico, esencial en las pruebas de fondo) del músculo activado.

Al emplear en la estimulación eléctrica frecuencias intermedias (entre 30-35 y 50 Hz) se provoca la contracción de las fibras musculares de tipo mixto o IIa (fibras de metabolismo mixto, aeróbico-anaeróbico).

El rango más alto, por encima de 50 Hz, trae consigo la activación de las fibras musculares más rápidas o de tipo IIb (fibras de metabolismo anaeróbico predominantemente, fácilmente fatigables) que son las que intervienen en los ejercicios de muy alta intensidad.

En la silla

Pero vamos a simular una sesión de electroestimulación para que lo comprendáis de forma más simple.

Antes de nada es imprescindible tener muy claro qué es lo que se quiere hacer, cómo se han de colocar los electrodos y el tipo de estimulación que se necesita. La práctica totalidad de estos aparatos, se acompañan con un completo manual en el que, de forma gráfica y fácilmente comprensible, se muestra la manera correcta de colocar los parches a través de los que la electricidad llegará a atravesar nuestra piel. Cada electrodo es bipolar (positivo y negativo) y hay que respetar de manera escrupulosa los consejos del fabricante sobre su colocación para lograr el efecto deseado (siempre se diferencian por colores).

Si acudes a un gimnasio en el que dispongas de un entrenador versado en este campo de la gimnasia pasiva (por desgracia hay muchos profesionales refractarios a estas nuevas tecnologías), hazle saber tus intenciones y déjate guiar por sus consejos; conocemos verdaderos especialistas que pueden hacer que complementes, de la mejor manera posible, tus sesiones de pesas o ciclismo con las de electroestimulación.

Una vez colocados los electrodos de la manera correcta, encenderemos el aparato y seleccionando el programa acorde con nuestras intenciones.

Los electroestimuladores de un nivel económico medio y alto, disponen de programas a medida para tratar una parte determinada del cuerpo (tronco y brazos o piernas: tren superior o inferior), elegir la modalidad de estimulación (alta, media o baja) y el tipo de onda a emplear (desde relajación, hasta fuerza explosiva, pasando por programas de drenaje). En muchos aparatos puedes llegar a configurar una rutina semanal, de manera que la máquina cambiará el programa y su duración cada día de la semana.

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El valor de la tecnología

Si eres de los que se toman muy en serio el entrenamiento, te aconsejamos que no escatimes dinero a la hora de adquirir un electroestimulador. Además de disponer de un aparato más fiable y eficaz, podrás llegar a disponer de detección automática de la capacidad de conductividad de nuestro organismo, el ajuste de la intensidad dependiendo del grado de tu composición estructural, e incluso la búsqueda electrónica de los puntos exactos donde pegar los electrodos.

Uno de los mayores aciertos de estos aparatos es la portabilidad que nos ofrecen: el hecho de utilizar pilas o acumuladores como energía de funcionamiento, permiten su uso en cualquier lugar.

Mientras veo la tele...

Todo lo que se vende en este mundo, y mucho más cuando se trata de tecnología, suele acompañarse de atractivas campañas de publicidad y marketing; los estimuladores musculares eléctricos no son menos. La imagen de una persona sonriente leyendo un libro, viendo la televisión o escuchando música, es el paradigma del usuario de uno de estos artilugios. Tenemos que decir que esto es una verdad a medias ya que, si estamos recibiendo una sesión de relajación, tonificación ligera o empleamos un programa de vascularización elemental, podremos descansar plácidamente mientras un ligero cosquilleo o unos diminutos golpecitos recorren nuestro cuerpo pero, si nos hemos propuesto realizar una sesión de potenciación o musculación, os podemos asegurar que toda nuestra atención la captará el "maldito" aparato, sorprendiéndonos con su rítmica tortura, en forma de contracciones intensísimas, de manera sistemática.

Si, además, queremos sacar el máximo rendimiento a un electroestimulador, podemos duplicar la intensidad del trabajo actuando, de manera voluntaria, sobre los mismos músculos que están recibiendo impulsos eléctricos externos. Para que lo comprendáis mejor: si hemos colocado los electrodos en el gemelo, contraeremos el músculo de manera voluntaria cuando sintamos que la máquina ha lanzado la descarga eléctrica. Aunque te recomendamos que, si no estás muy versado en el uso de estos aparatos o estás siguiendo las indicaciones de un preparador físico, no hagas demasiados experimentos, por si provocas un efecto tangencialmente opuesto al deseado... y una buena dosis de agujetas.

Lesiones críticas

De manera curiosa, la mayoría de los usuarios concienciados de un electroestimulador, han llegado a él tras padecer una lesión en algunos de los órganos de su aparto locomotor. Contracturas, sobrecarga, distensiones, tendinitis, esguinces, roturas de fibras, traumatismos óseos o articulares, problemas vasculares... pueden mejorar, de manera casi milagrosa, empleando como terapia complementaria los estímulos eléctricos musculares.

Nosotros hemos sido protagonistas, en varias ocasiones, de rehabilitaciones ayudadas por un electroestimulador. La más frecuente al padecer un desgarre muscular, lesión que puede tardar tres semanas en cicatrizar. En este caso la electroestimulación nos ayuda a acelerar el proceso: mantiene baja la inflamación, reduce el dolor y recupera la movilidad del músculo en menor tiempo. El tratamiento sigue siendo de tres semanas, pero el resultado final es la ausencia de rehabilitación al terminar el tratamiento.

En caso de que se vea afectada alguna articulación, supuesto en el que la inmovilización de ésta sea imprescindible, el uso del electroestimulador nos permite tonificar los grupos musculares aledaños sin poner en peligro la recuperación de las partes móviles afectadas. Incluso conocemos casos de tratamientos de lesiones donde la articulación requería del uso de una escayola.

Ojo a los electrodos

La transmisión y difusión de los impulsos eléctricos a través de la piel se realiza mediante los electrodos. Es importante tener muy claro este concepto para no incurrir en errores fundamentales que pueden impedir que logremos los resultados pretendidos.

Todos los electroestimuladores portátiles (no confundir con los clínicos, que funcionan mediante gel conductor), utilizan electrodos adhesivos y duran menos de lo que nos gustaría, ya que, el producto conductor que lo une a nuestra piel, pierde capacidad de fijación tras unas 20 sesiones y se queda inservible a las 30. Limpiando bien la piel y utilizándolos sobre superficies depiladas, se alarga la vida, pero no mucho más. Si vemos que los parches se despegan ligeramente debemos pensar en cambiarlos y, si en lugar de impulsos notamos pinchazos o pellizcos, hay que dejar de utilizarlos de manera instantánea. El problema surge porque, además de perder adherencia, el compuesto de partículas de carbono insertado en las almohadillas se degrada y ya no es factible la solución de impregnarlo con otro tipo de adhesivo.

Interpretad como "cantos de sirena" los trucos de los entendidillos: cambiar el adhesivo, utilizar gel del que emplean los médicos para las ecografías, fijar con cintas elásticas los parches si no se sujetan... incluso hemos oído de personas que utilizaban cinta aislante o esparadrapo. Ignorar estos consejos y comprad unos electrodos nuevos: también el gimnasio hay que pagarlo todos los meses...

Mikel Azparren, un caso célebre

A finales del mes de abril de 2006, el donostiarra Mikel Azparren, de 35 años, salía de un quirófano del Hospital de Zumarraga con tres clavos que sujetaban su quebrada cadera izquierda, justo dos días después de que fuera intervenido también de la fractura abierta de su clavícula izquierda. Fue arrollado por una moto de enlace en una prueba ciclista en la que participaba unos días antes.

Azparren es fundador, junto a su socio, de Azpiru Inmobiliaria, empresa patrocinadora desde hace dos años del equipo júnior del club Donosti-Berri, por lo que podéis imaginar el tipo de ideas que pasaban por su cabeza al verse postrado en una cama de hospital.

En 2006 su objetivo era ganar la Quebrantahuesos, pero el citado accidente le mantuvo catorce días en el hospital. Al llegar a casa comenzó a realizar seis horas de rehabilitación al día, complementadas con sesiones de un electroestimulador Compex, estiramientos, masaje y, desde la tercera semana, rodillo. En la cuarta semana ya subió el puerto de Etxauri. Leire, su mujer, le acompañaba, le ponía el culote y le llevaba en coche hasta el pie del puerto. Como no podía apoyar un brazo, el descenso lo hacía en coche.

Mikel se lo tomó muy en serio y 8 semanas después, este ciclodeportista -como él se considera- coronó primero el Somport y el Marie Blanque y finalizó quinto en la Quebrantahuesos, tras los ex profesionales Aitor Kintana (1º), Félix García Casas (2º), Sergio Pérez (4º) y el ex amateur Iván Santurde (3º). Un año más tarde, en 2007, sería el primer clasificado en la prueba ciclodeportiva de Sabiñánigo. Sin ninguna duda, el tratamiento seguido tras su lesión es en parte el responsable del éxito conseguido.

Años después Mikel se hizo mucho más famoso en el mundo del ciclismo por llegar a ser el Manager del equipo profesional Caja Rural.

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