INFORME: Prueba de esfuerzo, tu salud lo primero

La noticia de que la Quebrantahuesos, la prueba cicloturista más importante de las que se celebran en nuestro país, iba a exigir a todos los participantes un certificado médico para participar volvió a traer al candelero un tema que muchos parecen pasar por alto.
Sergio Palomar - Fotos Rafa Gómez -
INFORME: Prueba de esfuerzo, tu salud lo primero
Por qué deberías hacerte una prueba de esfuerzo

Cuando determinamos el presupuesto que dedicamos al ciclismo todos comenzamos a pensar en ¿qué ruedas me compro?, ¿me llegará para el grupo electrónico? o en ese casco tan chulo que me voy a comprar. Sin embargo, cuando la marcha oscense anunció que iba a solicitar un certificado de aptitud deportiva a sus participantes muchos fueron los que pusieron el grito en el cielo tachando la medida poco menos que de “saca duros”. Sin embargo, no hay más que prestar un poco de atención a las noticias que aparecen con relativa asiduidad en los telediarios en las que se informa de fallecimientos por muerte súbita en tal o cual carrera o marcha. ¿Tan poco valoramos nuestra salud como para no invertir una pequeña parte de nuestro presupuesto en ella? Por ejemplo en un estudio biomecánico que nos evite lesiones o, en el caso del tema que hoy tratamos, una prueba de esfuerzo que certifique que nuestro organismo está preparado para afrontar entrenamientos y pruebas de varias horas de duración y esfuerzos que en ciertos momentos lo llevan al límite.

No hay excusa

Muchos cicloturistas piensan que una prueba de esfuerzo es algo sólo para la gente que compite y se machaca. También existe la opinión generalizada de que se trata de pruebas caras. Nada más lejos de la realidad. Por un lado, cuanto menos tiempo llevemos practicando ciclismo, peor sea nuestra condición física o tengamos alguna particularidad que pueda suponer un factor de riesgo -hipertensión, colesterol alto, sobrepeso, alguna enfermedad, etc.- más recomendable resulta la realización de una prueba de este tipo. Según afirman los cardiólogos expertos en la materia, se recomienda a los deportistas habituales la realización de una prueba de esfuerzo al menos una vez al año a partir de los 35 de edad.

Respecto al precio, hay que indicar que por suerte la cada vez mayor demanda de este tipo de reconocimientos debida al auge del deporte popular, los ha hecho cada vez más accesibles.

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Día de test

Acudimos a Helthia, la unidad dirigida por el especialista en medicina deportiva D. Julio de la Morena quien supervisará todo el proceso. Antes de nada señalar que, si aparte de validar nuestro estado de salud queremos obtener información útil de cara al entrenamiento es importante acudir a la prueba descansado, bien hidratado y dispuesto a darlo todo, como si de una competición se tratara. Una vez allí, se nos interroga acerca de nuestros hábitos de entrenamiento, nivel, estilo de vida, etc. Aparte se nos mide, pesa y toma la tensión en reposo como punto de partida.

El siguiente paso consiste en medir nuestra capacidad pulmonar mediante una espirometría. Se trata de inflar nuestros pulmones al máximo y expirar hasta vaciarlos por completo por un tubo conectado a un aparato de medición. Se considera apta una capacidad por encima del 85% respecto a los valores de referencia establecidos. Un deportista habitual incluso suele estar por encima del 100% mientras que fumadores, asmáticos o aquellos que tengan algún tipo de afección pulmonar pueden tener mermado este parámetro.

El siguiente paso de la prueba tiene en cuenta dato tan importante para el ciclista como es el peso. Se trata de valorar la composición corporal del individuo determinando que porcentaje del peso corporal corresponde a grasa y cuál a músculo, huesos y vísceras. Evidentemente cuanto menor sea el porcentaje graso mejor será nuestra capacidad para aprovechar la potencia que generamos durante los ascensos. Existen diversas técnicas para realizar esta valoración como la pliegometría que consiste en la medición de los pliegues de grasa en diversas partes del cuerpo, la bioimpedancia en la que se mide la resistencia ante el paso de una pequeña corriente eléctrica que varía en función de la grasa corporal. En la clínica Sanitas La Moraleja sin embargo cuentan con algo mucho más avanzado. Se trata del BOD POD, una cabina en la que el sujeto se introduce con la mínima cantidad de ropa para no falsear la medición. Su funcionamiento se basa en pletismografía, un sistema de medición de cambios de volumen y presión con el que consigue determinar de forma fiable qué porcentaje del peso corresponde a grasa. Una vez obtenidos los resultados podemos comparar con los valores de referencia. Para una persona común, un porcentaje graso entre el 12 y el 20% se considera adecuado. Sin embargo, a un ciclista que tiene que vencer la fuerza de la gravedad en las ascensiones se le recomienda unos valores entre el 8 y el 12% para aprovechar de forma óptima la potencia de sus piernas y a la vez mantener unas reservas energéticas suficientes que eviten la catabolización del músculo -uso de tejido muscular para producir energía-. Conocer nuestra composición corporal también permite determinar nuestro consumo energético basal, es decir, las calorías que nuestro cuerpo necesita para mantener las funciones vitales y, en función de nuestro nivel de actividad, determinar la ingesta diaria de calorías he hemos de consumir.

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A sufrir

Todo este proceso nos lleva a la última parte de nuestro chequeo. La más importante y en la que vamos a tener que llevar nuestro cuerpo al límite. Para ello vamos a pedalear sobre un cicloergómetro, una especie de bici estática instrumentalizada en la que se puede controlar de forma exacta la potencia que debe desarrollar el ciclista. Comenzaremos haciéndolo a una potencia baja que se va incrementando cada minuto hasta llegar al punto en que el ciclista no pueda más. Este punto se fija en el momento en que no se pueda mantener una cadencia de más de 60 pedaladas/minuto. En cuanto al protocolo concreto de incremento de potencia, dependerá del nivel del ciclista. El más habitual que se emplea en la Clínica Sanitas la Moraleja es de 25 W por minuto, en caso de sujetos con poca actividad física se emplean 15 W/minuto mientras que en deportistas con entrenamiento y preparación se opta por 30 W/minuto. Una vez llegados al límite la prueba no concluye ya que resta el proceso de vuelta a la calma en el que pueden aparecer arritmias y otro tipo de alteraciones. Por supuesto, en todo el proceso vamos a estar supervisados por el Dr. de la Morena y monitorizados mediante electrocardiograma y medición del O2 inhalado y CO2 expulsado mediante una mascarilla que además nos va a permitir determinar las diferentes zonas de trabajo  a la hora de establecer un plan de entrenamiento. Esta vigilancia exaustiva es la que va a permitir descubrir posibles alteraciones. Según nos explicaba el Dr. de la Morena, en aproximadamente un 2% de los casos encuentran algún tipo de alteración que si bien no tiene porqué indicar la presencia de una patología, recomienda la derivación al cardiólogo para realizar pruebas complementarias que descarten riesgo para la salud en la práctica del deporte.

Por tanto el primer paso es conectarnos mediante un montón de cables para la realización del electrocardiograma, que inicialmente se realiza en reposo para ver la respuesta basal del corazón. Tras ello, iniciamos el pedaleo y sólo queda sufrir, como si de la subida a un puerto se tratara. Al comienzo muy fácil y endureciéndose según avanza la prueba. El objetivo, para tener una prueba de la máxima fiabilidad es conseguir alcanzar las pulsaciones máximas que, debemos recordar, poco tienen que ver con la famosa fórmula 220-edad, en especial en personas deportistas. Durante la prueba también se nos toma la tensión cada tres minutos para comprobar como es el aumento de la misma y descartar una respuesta hipertensiva al esfuerzo.

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Recapitulando datos

Finalizada la prueba y tras una merecida ducha, comentamos los resultados con el Dr. de la Morena quien nos explica con todo detalle el significado de cada dato que aparece en el informe además de darnos una pequeña orientación de cómo utilizarlos. Especial hincapié en el significado de la Frecuencia Cardiaca Máxima, el VO2max y los valores de VT1 -umbral aeróbico- y VT2 -umbral anaeróbico- importantes para determinar el nivel deportivo del ciclista y para planificar los entrenamiento en función de las distintas zonas de trabajo. Algo de lo que podéis aprender más con los artículos de nuestro compañero Chema Arguedas en esta misma web y en cada número de Ciclismo a Fondo. Sin embargo, lo más importante del informe es muy sencillo de entender: “No se produjeron síntomas (angina, mareo, palidez, sudor frío, cianosis, disnea, claudicación, etc.) ni se detectaron alteraciones electrocardiográficas patológicas (supra o infradesnivelación del segmento ST, arritmias y/o trastornos de la conducción) durante el desarrollo de la prueba de esfuerzo ni durante la recuperación.” Con lo que nos vamos para casa con el visto bueno para afrontar el denso calendario cicloturista que tenemos por delante con la seguridad, al menos en un altísimo porcentaje, de que no vamos a acabar formando parte de esas tristes noticias que cada poco suelen aparecer.

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