Los principios del buen ciclista: cómo coger la forma a su debido tiempo

El cicloturista de hoy en día puede sentirse un afortunado ya que dispone de una gran cantidad de información en todo lo relacionado con el entrenamiento, aunque muchas veces un exceso de ella puede llegar a intoxicar si no se sabe discernir lo adecuado y efectivo.
Chema Arguedas | 24 / 02 / 2015 - 17:02
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Muchas veces nos quedamos con lo que más nos interesa, pero eso no quiere decir que sea lo más adecuado. Existe un gran interés por progresar y aunque no se compita, de lo que se trata es de sufrir lo menos posible con el club los fines de semana, y si además dejas tirado a ése al que no puedes ver ni en pintura, mejor que mejor. Todo esto sin acritud, puede ser debido a nuestro carácter latino.

Si nos centramos en lo estrictamente técnico, a la hora de entrenar de lo que se trata es de intentar extraer o explotar al máximo las facultades o aptitudes que puedas tener. Pero realmente: ¿qué es entrenar? Podríamos definir que entrenar es aplicar estímulos físicos y psíquicos con el fin de provocar una serie de adaptaciones orgánicas que nos llevarán a alcanzar un máximo estado de forma. Y si lo planteamos bien, dicha forma coincidirá con el momento en que más lo deseamos.
A partir de aquí podemos buscar cualquier tipo de referencia para entrenar, como podría ser la frecuencia cardiaca, la potencia o tus sensaciones. Hasta podemos arriesgar y aplicar cualquiera de esas referencia con métodos innovadores como podría ser una planificación inversa.

Pero independiente de la referencia que utilices para pulir tu diamente, nunca debes olvidar que cualquier plan de entrenamiento que se precie estará basado en una serie de principios fundamentales o leyes del entrenamiento.
Vayamos por partes y hagamos una reflexión de lo que somos o de lo que podría ser una grupeta cicloturista dentro de nuestra geografía. Extrae tus propias conclusiones por si nos hemos excedido o quedado cortos en el siguiente mini relato e intenta racionalizar si actuaciones así pueden llevarte muy lejos siempre y cuando estés interesado en avanzar alguna posición en el escalafón cicloturista. Piensa si realmente tienen una base o fundamento y sin olvidar que nuestro motor no es como el de un profesional.

UN DOMINGO CUALQUIERA

Sábado invernal de lo que debería ser un periodo de base. Salida de un punto equis a las nueve de la mañana. La semana pasada dijimos que íbamos a ir más despacio... -aquí habría que ponerle música y añadirle, “vamos a contar mentiras tralará”-. Llega el momento de anclar las calas y comenzar a pedalear. Esperemos que hasta coger la salida de la civilización encontremos muchos semáforos en rojo, ya que por lo menos podremos intercambiar unas palabras con el colega que no hemos visto en toda la semana. Porque una vez fuera, sin saber cómo y por qué, a nada que te das cuenta, ya vais en fila de a uno.
Se acabaron las relaciones humanas. Las pulsaciones por las nubes. Intentas asomar la cabeza para poner cara al que va tirando y, ¡eureka! Has acertado y es el que te imaginas. Su nombre: el de siempre. Deberías ir a ciento treinta pulsaciones y de ciento sesenta no bajas. En un par de kilómetros alguien dice por detrás: “¡Mariano se queda!”. Y lo que debería ser una sugerencia suplicando clemencia y traducida en una reducción de velocidad, más bien es una evidencia. No se afloja, si te descuidas se acelera más y Mariano está sentenciado: se queda.

Bueno, y así podríamos seguir narrando lo que termina siendo un rosario de la aurora hasta el punto de reagrupamiento e ingesta del café de rigor. Consumo del mismo, media vuelta por donde habéis venido y más de lo mismo. En definitiva, al llegar a casa llevas una soba elegante, las pulsaciones medias han superado en mucho las que deberían haber sido durante una salida de pretemporada y en una sola mañana has trabajado fuerza resistencia, velocidad resistencia, intensidad aeróbica, potencia anaeróbica láctica, etc. De todo menos trabajo aláctico porque no has esprintado. ¡Vaya! Una pena, porque de haber caído en la cuenta casi podrías haberlo hecho y ya puestos hubieses tocado todas las cualidades físicas en una sola mañana...

No tienes la conciencia tranquila y lo vas a arreglar. Entras en un foro en busca de que alguien te diga que no te has cargado la base por haber salido con tus colegas el fin de semana. Y vas a tener suerte. Seguro que encontrarás a alguien que te dirá que lo has hecho cojonudamente porque estás en el camino. Sin saberlo, acabas de entrenar con lo más novedoso y lo último en preparación: la planificación inversa. Para que nos entendamos entre la grupeta, que al principio puedes ir a toda castaña y en junio vas a volar.

Y más técnico si se puede llamar así, pero para que nos entendamos, un modelo de preparación que se atribuye al Team Sky y que muy resumido consiste en entrenar cualidades físicas y calidad al inicio de temporada y posteriormente, según avanza la temporada, el volumen.
Aunque desde aquí, queremos quitar el mérito a tan novedoso método ya que desde hace muchísimo tiempo, el cicloturista -por lo menos el de la geografía española- ha estado aplicando dicho entrenamiento o planificación inversa. Desde tiempos inmemoriales. Y es que más bien ha estado haciendo todo al revés de cómo debería haberlo hecho. Y parece ser que los resultados no han sido los esperados y ha tenido que concienciarse de que es mucho más efectivo realizar una planificación tradicional y ordenada con el fin de conseguir sus logros. Además, convertir cada salida en una competición desde el principio de temporada no es ningún método. Más bien es la mejor forma de conseguir una forma que durará dos telediarios, como se suele decir. Los motivos, como ahora veremos, radican en una mala aplicación de una serie de principios.

Moraleja: El café para todos no sirve.

En la siguiente página te explicamos cómo aplicar el Principio de individualización, el Principio de Progresión, el Principio de Reversibilidad y el Principio de Continuidad.

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