Vuelta a España

40 años de la Vuelta a España 1986: tres semanas sin tregua

El gallego Álvaro Pino (Zor-BH) culminó con éxito una vibrante edición en la que Robert Millar fue su gran rival y el ciclismo nacional rayó a un gran nivel.

Lorenzo Ciprés (@LorenzoCipres)

10 minutos

Álvaro Pino y Robert Millar, grandes protagonistas de la apasionante Vuelta a España 1986

En unas semanas se cumplirán cuarenta años de la 41ª Vuelta a España, disputada entre el 22 de abril y el 13 de mayo con salida en Palma de Mallorca y final en Jerez de la Frontera. Álvaro Pino, ciclista del Zor-BH de 29 años que vivía su sexta temporada en el campo profesional al que accedió a la tardía edad de 25, se llevó para sorpresa de casi todos la clasificación general de una edición vibrante de principio a fin, que aglutinó casi todos los ingredientes para edulcorar cualquier ejercicio de recordatorio que se haga sobre lo vivido.

Lucha, alternancia, épica, drama y relato se combinaron en un cóctel que además, y para quienes gusten de estas cosas, ganó el protagonista patrio, un gallego de Ponteareas poco conocido hasta entonces y que estuvo a punto de dejar la bicicleta cuando su anterior equipo, el modesto CR que precisamente ese año regresaba, desapareció a finales de 1981.

Enfrente suyo estaba el enemigo perfecto en el guion: Robert Millar. El Escocés del pendiente, como muchos le conocían, regresaba a una carrera que perdió el año anterior ante Pedro Delgado tras una oscura y desagradable conjunción de acontecimientos camino de Palazuelos de Eresma, y que ahora en las filas del Panasonic neerlandés parecía decidido a borrar de su memoria.

Pedro Delgado, en segundo plano. Centrado en el Tour, concluyó décimo en la clasificación general.

Pino ganó aquella Vuelta gracias a su regularidad a lo largo de todas las etapas y a un mejor rendimiento frente al de Millar en las contrarrelojes. La ronda confirmó el buen estado de salud del ciclismo español de la época. Con Pedro Delgado todavía en una fase embrionaria de su preparación para el Tour, gran objetivo de esa temporada donde había emigrado al PDM, la mayoría de nuestros representantes y equipos brilló, consiguiéndose nueve triunfos parciales y la sensación de una fuerza como bloque que se vio refrendada semanas después en Francia.

Allí los españoles ganarían cinco etapas, el propio Pino fue octavo y Delgado, principal baza, abandonó por el fallecimiento de su madre cuando marchaba quinto.

 

LÍDER DESDE VALLADOLID

Con 170 corredores integrados en 17 equipos, dos de ellos acaparaban el favoritismo. Uno era Sean Kelly, que llegaba tras una primera mitad de primavera espectacular y de quien se pensaba que al fin estaba en disposición de corroborar sus cualidades como vueltómano de tres semanas. El otro, Laurent Fignon, militaba en el Système U -al que para aquella carrera se sumó la firma camionera Pegaso- y parecía recuperar el nivel que le había llevado a adjudicarse el Tour en 1983 y 1984.

Junto a ellos participaba el póker de protagonistas de la anterior edición, Delgado, Millar, Pacho Rodríguez y Peio Ruiz Cabestany, y se contaba también con Lejarreta, Dietzen o Parra. Pero para muy pocos, y para su enfado interno, Álvaro Pino podría brillar. El gallego era regular, trabajador y había demostrado un nivel más que aceptable, aunque costaba pensar que bastaría para derrotar a tantos vueltómanos que ofrecían un inusual brillo a la inscripción.

Doble alegría para Jesús Blanco Villar. El gallego del Teka ganó en Santander y se situó líder.

Desde el prólogo de Palma hasta Valladolid, momento en que Pino accede a un liderato del que ya no se desprendería, la carrera vivió sumida en una constante vorágine de alternativas que provocaron la paulatina pérdida de opciones de casi todos los favoritos hasta dejarlas reducidas a las de Millar y Pino. Thierry Marie y Marc Gomez, de origen cántabro y del Reynolds pero también francés, le dieron al ciclismo galo los dos primeros éxitos de una Vuelta con un protagonismo muy notable por su parte.

La carrera regresó sin detenerse a la Península iniciando unos días propicios para velocistas mientras se avanzaba hacia las primeras estribaciones montañosas. Manuel Jorge Domínguez, Eddy Planckaert y Alfonso Gutiérrez se llevaron una etapa cada uno hasta Santander, donde llegó la primera selección que dejó como líder a Jesús Blanco Villar, vencedor en la ciudad cántabra.

¡170 kilómetros de escapada! Gran triunfo de Jon "Tati" Egiarte en Albacete.

Los Lagos de Covadonga ofrecieron la primera radiografía seria del estado general de fuerzas. Robert Millar pareció superior a Delgado, Dietzen, Kelly y Pino, principales rivales ese día, pero Pino había sufrido un pinchazo que mermó su esfuerzo y le hizo incluso rodar en llanta unos kilómetros donde sepultó sus opciones para la cima asturiana. Cabestany y Fignon fueron los principales perjudicados.

Con el escocés de líder, la carrera vivió otras tres jornadas intensas en suelo asturiano: una de media montaña en Oviedo para Planckaert, la cronoescalada al Naranco que se anotó Lejarreta y la llegada en alto a San Isidro donde aparecía el calor y ganó Mottet tras un nuevo desfallecimiento de Fignon, al que se sumó el de Kelly. Un día después, en la llanura castellana hacia Palencia en la antesala de la crono, se vivió una jornada de locura por el viento con la ofensiva de ambos, que buscaban la remontada en compañía de Cabestany.

En buena lid. Álvaro Pino y Robert Millar demostraron ser los dos más fuertes de la gran ronda española.

Kelly ganó una etapa que sepultó las opciones de Dietzen y Parra. Valladolid, habitual sede de contrarrelojes en La Vuelta, acogió una que cambió el signo de la prueba. Mottet, ya descartado para la general, fue de nuevo el vencedor, y entre los candidatos al amarillo la situación se reordenó. Pino, gracias a un notable registro, salía como líder por delante de Millar, Delgado y Lejarreta, quienes aún conservaban opciones.

 

EN DOS ACTOS

La carrera buscaría el sur atravesando la Sierra de Guadarrama con dos vibrantes jornadas que se llevaron Dietzen y Kelly, asistiéndose a una ofensiva frustrada de Pino y Millar en el Collado de la Mina, ya desaparecido para el ciclismo de carretera. A continuación, y tras dos fugas culminadas en solitario, Pepe Recio y Jon Egiarte daban sendos triunfos al ciclismo español, mientras que Alain Bondue, camino de Jaén en el día más largo, se imponía tras una escapada al legendario Sujoruchenkov, que evidenció que sus mejores días habían pasado.

Marca de la casa. Recio burló al pelotón en Leganés con su potencia habitual.

La esperada etapa de Sierra Nevada, seguramente la reina, deparó, además de la inesperada victoria de Felipe Yáñez, una nueva criba de favoritos. Delgado y Lejarreta cayeron definitivamente, Kelly se recuperó pensando en el podio, y Pino y Millar protagonizaron un emocionante mano a mano resuelto en tablas después de que el escocés atacase mediada la ascensión y Pino lo neutralizara en los últimos cinco kilómetros.

Sierra Nevada. Marino Lejarreta y Peter Winnen encabezan el grupo de favoritos en la subida.

Benalmádena, donde los soviéticos culminaron su buen papel ganando con Demidenko; Puerto Real, otro día de locos por culpa del viento en el que Millar estuvo a punto de tirar la toalla y Blanco Villar dobló éxito, lo mismo que haría Marc Gomez veinticuatro horas después en Jerez, fueron la antesala del epílogo contrarreloj en la localidad gaditana.

Pino demostró llegar muy bien de fuerzas y mantuvo, e incluso superó, su nivel en las etapas anteriores de esta especialidad, imponiéndose y cerrando por todo lo alto tres semanas sin tregua en las que, frente a todo pronóstico, acabó siendo el mejor y más regular.

 

CICLISTA DE RAZA

El gran triunfo de Alvaro Pino

Muy pocos en la salida balear, aparte de él mismo más la confianza queen su fuero interno pudiese albergar su director, Javier Mínguez,  quien supo como nadie sacar de él su mejor versión y exprimir al máximo la raza y capacidad de sufrimiento que le caracterizaban, contaban con Álvaro Pino entre sus principales candidatos. El gallego de Zor-BH se presentaba por sexto año consecutivo en una competición donde había ganado destacado una durísima etapa contra el viento y el agua en Torrejón en su primera participación.

Después, y siempre supeditado al trabajo en favor de otros líderes, había concluido cuarto, octavo y, por espacio de una jornada, vestido el maillot de líder en la histórica edición de 1983 que precisamente perdió en Valladolid en una contrarreloj, mismo lugar y formato de etapa donde lo consiguió en 1986 para no cederlo hasta el final.

Gracias a su regularidad tanto en las cronos como en la montaña, donde nunca perdió el paso de Robert Millar a excepción de los Lagos por culpa de un pinchazo, el de Ponteareas se alzó con el triunfo más importante de su carrera y por el que muchos le recuerdan al margen de los logrados posteriormente tanto a los pedales como al volante, donde se mantuvo como director hasta finales de la temporada 2010, cuando desapareció el Xacobeo- Galicia.

Focalizado en el calendario nacional, se adjudicó siempre en España sus 16 éxitos al máximo nivel entre los que se encuentran, además del amarillo final de Jerez, cinco etapas de La Vuelta, una Volta a Catalunya y otras tres pruebas de un día ya desaparecidas: las Subidas al Naranco y Montjuic, y la Clásica Zaragoza-Sabiñánigo de 1989, cuando rechazó secundar un plante del pelotón tras una caída en un túnel y llegó a meta como único clasificado.

 

Cosecha del 86

Tres semanas. La Vuelta adoptó -gracias al prólogo y las 21 etapas- una duración de 22 días que le permitió igualarse con Giro y Tour y se mantendría hasta 1999. Con un formato actual de una jornada menos y dos días de descanso entrelazados, la prueba llegó a contar con 24 etapas en la edición de 1947. En el lado opuesto, bajó a 15 en 1955.

Gadafi. El equipo estadounidense 7-Eleven, que llegó a estar presente en Mallorca con Grewal o Phinney entre otros, renunció a participar y regresó a su país por razones de seguridad nacional. El bombardeo llevado a cabo sobre Libiapor Estados Unidos pocas fechas antes dentro de la Operación El Dorado Canyon obligó a que muchos de  sus ciudadanos descartasen cualquier clase de viaje o evento en Europa para evitar posibles represalias.

Comunistas. Dos selecciones nacionales representantes de países del antiguo bloque comunista compitieron con un desempeño muy diferente. La Unión Soviética, que repetía presencia, volvió a brillar gracias al papel de Demidenko, ganador en Benalmádena, y la combatividad de Ivan Ivanov, Kashirin, Muravski o el mítico Sujoruchenkov. La selección polaca estuvo mucho más discreta y tras tres semanas de penurias sólo dos de sus ciclistas llegaron a Jerez.

Contra el reloj. El diseño del recorrido estaba salpicado como era habitual en aquella época con un abundante número de kilómetros y etapas contra el reloj, totalizándose 65 repartidos entre el prólogo, la cronoescalada al Naranco y las dos llanas de Valladolid y Jerez. La crono por equipos, muy temida por los conjuntos españoles por el efecto devastador que solía tener en el Tour de Francia, no se disputaba desde 1974 y no se recuperaría hasta 1988.

Recordman. José Luis Laguía, vencedor de la montaña, elevó a cinco su marca de triunfos absolutos en esta clasificación, distanciándose en dos de sus más inmediatos seguidores en el palmarés, Julio Jiménez, Karmany, Emilio Rodríguez y Andrés Oliva. David Moncoutié y Chava Jiménez, ganadores en cuatro ediciones, son quienes másse han acercado al registro del ciclista catalán de origen manchego, que ya se había impuesto en 1981, 1982, 1983 y 1985.

Solapadas. El adelanto de fechas del Giro de Italia, motivado por la celebración en junio del Mundial de Fútbol en México, provocó que sus dos primeras etapas coincidiesen con las dos últimas de La Vuelta y tuvo un efecto colateral en la participación de equipos y ciclistas transalpinos, sin representación en la salida de Palma de Mallorca. No sucedió lo mismo con nuestro ciclismo en Italia, que tuvo a Pedro Muñoz en la Corsa Rosa donde se impuso en una etapa y ganó el Gran Premio de la Montaña.

Plante. Después de tres semanas de lucha incansable, a una jornada del final los ciclistas decidieron tomarse un descanso y prescindir de competir en la mayoría de kilómetros de la penúltima etapa entre Puerto Real y Jerez de la Frontera, 239 kilómetros en los que se rodaba por la Sierra de Grazalema. El viento de cara, el mal estado de algunas carreteras y el agotamiento influyeron en un día para olvidar, donde para colmo el colombiano Patarroyo sufrió una grave caída tras chocar con una motocicleta de televisión aparcada en una cuneta y acabó en el hospital.

➜ Abundancia. Como muestra del buen momento de popularidad y repercusión mediática, La Vuelta de 1986 contó con nueve clasificaciones secundarias de las que ocho disponían de un maillot distintivo: los de las dos que se siguen manteniendo, el rojo de la montaña y el verde -como ahora- de la regularidad, y se añadían el blanco de primer español, rojo con topos blancos de primer extranjero, azul de primer neoprofesional, negro de sprints especiales, gris de metas volantes y un curioso maillot blanco salpicado de granos de café para la combinada que patrocinaba Café de Colombia y luce Marc Gomez en la foto inferior.

Pleno. Ninguno de los diez integrantes del Lois- Fangio belga terminó la prueba, hecho que no era demasiado infrecuente con las formaciones de ese país, llegadas a La Vuelta tras concluir el periodo de clásicas primaverales, donde fijaban sus principales objetivos estacionales. La aparente endeblez deportiva de este conjunto queda en entredicho al comprobar cómo entre sus componentes se encontraba un ganador de la París-Roubaix y otro del E3 de Harelbeke, Dirk Demol y William Tackaert respectivamente, o que Patrick Versluys, protagonista camino de Zaragoza, fue tercero en el Gran Premio de Valonia al poco de marcharse para casa.

 

Ciclismo a Fondo nº 10: así eramos

La revista Ciclismo a Fondo cumplía un año de vida en mayo de 1986. Habían pasado doce meses desde su nacimientotras la disputa  de la Vuelta Ciclista a España con victoria de Pedro Delgado, protagonista de su primera portada. Cuarenta años son muchos en la vida de una publicación de prensa escrita, y evidentemente pocas cosas tienen en común aquel número 10 y este 489 con el que arrancamos 2026.

Una es la pasión con la que continuamos siguiendo este deporte; y otra, que los más observadores quizá hayan podido detectar, es que el logotipo se mantiene inalterado y el año pasado rebasó la cuarentena. Álvaro Pino, con "Un amarillo trabajado" como titular, era el gran protagonista de aquella revista que recuperamos donde aparecía en portada ascendiendo Sierra Nevada en una imagen tomada por Graham Watson, uno de nuestros fotógrafos de cabecera hasta su bien merecida jubilación.

La narración de aquella Vuelta ocupaba más de la mitad de páginas -36 de 64- de la publicación que cubría los meses de mayo y junio, y que no volvería al kiosco hasta los días anteriores al Tour con un número en el que tendría cabida lo sucedido en el Giro y la previa de la ronda gala. Las estrecheces de entonces en el flujo y cantidad de información provocaban que también se informase de lo sucedido en el global de las clásicas primaverales, semidesconocidas para la mayoría de la afición española de la época, o de la Vuelta al País Vasco y de un entonces relevante Gran Premio de Primavera.

El cicloturismo comenzaba a abrirse paso poco a poco, con referencias a la primera edición de La Bahamontes en el Pirineo francés y de varias pruebas catalanas entre las que se encontraba una vuelta de ¡una semana! de duración. Medicina deportiva, un escueto apartado de novedades técnicas y un espacio de clasificaciones completaban el sumario de una revista que quizá no fuese mejor ni peor que la actual, sino simplemente diferente.