FIEL A LOS COLORES DEL CAJA RURAL. He tocado todos los palos en este equipo: corredor amateur y profesional, y después director en ambas categorías. Soy todo un veterano, estoy en la estructura desde 2008 cuando competía y, desde 2019, ya como director del ProTeam. Siento que es más que un equipo, pertenezco a este lugar. De lo contrario, no seguiría aquí. Es mi familia y hago sentir a todo el que llega ese ambiente cercano, como si fuera mi propia empresa. El factor psicológico de estar trabajando como en casa se nota. No todo son grandes sumas de dinero como los WT, sino que es una cosa más sentimental y pasional, tanto con los corredores como con los integrantes del staff, que para mí son la base del equipo.
AHORA NO SOY EL PERIS... ¡PERO VOLVERÉ! Es que en invierno abriga mucho la barba y por eso me la dejo. Pero en un par de carreras, en cuanto haga un poco de calor, otra vez me afeito y luciré la perilla que llevo siempre. No me acuerdo quién me puso el apodo, pero en aquellos años, cuando era amateur, la moda era ir bien afeitadito y yo tenía el pelo largo y perilla. Daba el cante. Así empezaron a llamarme el Peris. El otro mote que tenía era el Toro.
MI HISTORIA DE AMOR CON EL CICLISMO. Como muchos chavales de mi época, viene de la mano de Miguel Induráin y viendo aquellas etapas de siete u ocho horas. Me cautivó. Mirando a los corredores llegar de uno en uno en las jornadas de montaña, yo quería ser uno de ellos. Me hubiera gustado empezar antes, pero mis padres no me dejaban competir por miedo. Con quince años me puse demasiado pesado. En aquella época vivíamos en Benavente, no había escuela de ciclismo ni nada. A base de hablar con gente conseguí entrar en un equipo de Zamora, el Iberdrola, como cadete de segundo año. Aunque era muy difícil porque apenas había medios, las ganas pudieron con todo.
REGRESO A MADRID. Mi familia se mudó de nuevo y ahí ya fue cuando tuve claro que quería ser ciclista. Al ver a Induráin sentía muchas cosas, siempre he sido muy pasional. Recuerdo preguntarle a mi padre: "Oye papá, ¿cualquier persona puede ser ciclista?". Y él me respondió: "Si quieres, sí". ¡Entonces voy a ser ciclista! Luego ya me di cuenta de que no era tan sencillo. Vivía en Alcorcón y viniendo de Benavente se me hizo difícil al principio, con tanto tráfico. Me crie en total libertad. Ahora que tengo un niño de dos años, me gustaría que creciese en un sitio así de pequeño; todo es más natural.
FUI UN CICLISTA PELEÓN. Di el salto a pro cuando pensaba que ya era imposible, pero lo logré. Tenía mucha fuerza en el llano y me defendía bastante bien para arriba. Era rodador y rapidillo. Sin embargo, se me juntaron muchas cosas. Nada más firmar el contrato para ser profesional, entrenando se rompió la cadena de la bici, me di en la rodilla y estuve seis meses parado por la lesión que me provocó. Fue muy duro, estaba deprimido aunque en ese momento no lo vi.
CAMINO DE IDA Y VUELTA. Cuando no me renovaron a finales de 2011 me quedé bastante desencantado con este deporte; era mi ilusión y lo pasé mal.
Estaba estudiando Ciencias Ambientales en la Universidad, pero como me avisaron tarde de que no continuaba no pude matricularme a tiempo. Para evitar pasar un año en blanco hice un Grado Superior en Química Ambiental.
EMPECÉ A CURRAR EN UNA PLANTA QUÍMICA DE VALORACIÓN DE RESIDUOS. Siempre me ha gustado muchísimo la ciencia, los controles de emisiones en las industrias, ser guarda forestal... Ese era mi plan B una vez ya desvinculado totalmente del ciclismo, pero un día me llamó Josemi Fernández porque necesitaban otro director deportivo. Estaba harto de Madrid, quería marcharme de allí y cuando me comentó que podría irme a Alsasua, les dije que al día siguiente firmaba el contrato.
RECUPERÉ LA PASIÓN COMO DIRECTOR. Cuando era ciclista siempre decía que no me veía jamás en ese puesto. La primera carrera que me puse al volante, el Memorial Sanroma, la ganamos con Jon Irisarri y volví a sentir esa adrenalina que tenía de ciclista. Eso me enganchó al instante, me di cuenta de que me alegraba tanto como si hubiese ganado yo. Los que hemos competido y no hemos sido buenos sabemos explicar muy bien lo que es la miseria y podemos transmitir mucho a los corredores.
NO IMAGINO MI VIDA SIN EL CICLISMO. Si volviese a nacer, sería ciclista otra vez. Este deporte me ha enseñado que el ser humano aguanta mucho más de lo que se piensa. Y te pone donde tienes que estar. Me hubiera gustado hacer más como corredor porque creo que hubiese sido un buen ciclista, pero sigo aquí, en este equipo que es mi familia. Me siento muy realizado con mi trabajo y feliz del lugar que ocupo. Vivir desde el coche momentos como el Campeonato de España que conquistó Abel Balderstone el año pasado es la leche. Ojalá vengan muchos más. Mi sueño es dirigir en el Tour de Francia.
