Durante décadas, el desierto de Tabernas emuló al Salvaje Oeste estadounidense para acoger el rodaje de centenares de películas ‘western’. Hoy día, las lenguas de asfalto que lo surcan están plagadas de moteros que aprovechan el silencio amarillo para cabalgar y hacer rugir sus máquinas. Ellas son las reinas de la carretera cada fin de semana; pero, este domingo 22 de febrero, la disputa de la Clásica de Almería las obligó a ceder trono, terreno y protagonismo a las bicicletas del pelotón femenino.
“¡Cómo ha tirado la pequeñaja!, ¿eh?”, interrumpe Paula Blasi la entrevista de Ciclismo a Fondo con Celia Torres (2007, Madrid) en la meta de la prueba organizada por la familia Muñoz. “En la escapada iba…”, dice la catalana moviendo la muñeca con ese gesto tan ciclista de manejar el acelerador de una moto. Efectivamente, el estreno de la promesa formada en las escuelas de Fuenlabrada y el Tenerife BikePoint con el maillot de UAE Team ADQ fue toda una demostración de gas. Infiltrada en la escapada desde el kilómetro 20, aguantó unos 70 por delante apoyando a la propia Blasi en su acelerón desde atrás antes de claudicar, lógicamente vacía por el esfuerzo y por la duración de la carrera más larga de su incipiente vida deportiva.
“El plan era que estuviéramos en la fuga mi compañera Milana Ushakova o yo, y he conseguido meterme… Así que estoy contenta”, cuenta modesta Torres, que ejerció el papel de gregaria en un bloque con dos pilares como la australiana Brodie Chapman y la mentada Blasi y un estilete como Federica Venturelli que logró sellar la victoria en el sprint final. “En la escapada me he sentido bien, pero luego me he tenido que poner a tirar [para Blasi] y ahí sí que he reventado… y así hasta meta”.
Pocas ciclistas pudieron presumir de mejor compañía en esta Clásica de Almería que Celia Torres. Esperándola en la cima de la principal dificultad del día, el Alto de Turrillas, estaban sus padres y su hermano Pablo, profesional en el equipo UAE Team Emirates. “Era mi primera carrera y le dije que me hacía mucha ilusión que viniera a verme”, cuenta con una gran sonrisa.
“Para mí, Pablo lo es todo. Antes, cuando todavía vivía en casa, pasábamos mucho tiempo juntos. Desde que se ha ido, le echo mucho de menos. Hacía mucho que no le veía, y me encanta que haya estado aquí hoy”. La ‘pequeñaja’ tiene sentimientos, y también un gas que continuará demostrando, dentro de un par de semanas, en la Vuelta a Extremadura.
