En enero de 1979, apenas tres meses antes de celebrarse, la Vuelta a España quedaba herida de muerte tras la renuncia del diario El Correo Español - El Pueblo Vasco a seguir organizándola. Una providencial gestión a tres bandas impulsada por Luis Puig, presidente de la RFEC; Fulgencio Sánchez, su brazo derecho, que le permitiría conseguir a la firma Lois como patrocinadora del Gran Premio; y Unipublic, empresa organizadora de eventos, salvaba in extremis una cita a la que la falta de televisión, anunciantes y la situación política vasca, estuvieron a punto de enterrar a las puertas de los años ochenta.
Detrás de aquella primera Unipublic, dedicada inicialmente a algunas otras especialidades deportivas como gimnasia rítmica, baloncesto o atletismo, estaban Felipe Sainz de Trápaga y Enrique Franco, sus primeros dueños antes de que la empresa acabase en manos de Antena 3 primero, y ASO después. Tras unos complicados comienzos hasta la llegada del directo televisado en 1983, La Vuelta despegaría, y con ella la figura del propio Franco como director general. Su rostro, sin ser el único dirigiendo, pasaría a ser inequívocamente identificado con el de la ronda española durante sus dos decenios al mando, donde, con algún altibajo, la prueba creció y se mudó a sus actuales fechas, en las que se ha consolidado como la cita estelar del final del verano ciclista.
A Enrique Franco, fallecido en 2008, se le escuchó muchas veces lanzando a los cuatro vientos sus sueños como organizador. Por su cabeza rondaron variadas intenciones de llevar la prueba a rincones que las complicaciones logísticas de la época convertían en un reto máximo, y aunque el tiempo haya ido borrando progresivamente el recuerdo de su relevancia y legado en la carrera, no está de más revisar y valorar con ojos de hoy en día cómo algunos ya se cumplieron, y otros siguen pendientes aunque seguramente no andaban tan desencaminados.
Las estrecheces de las metas en las cimas de la Bola del Mundo en Guadarrama, donde se regresa en 2025 tras una larga pausa, y de Peña Cabarga en Cantabria, como símbolo del año de la llegada de su empresa, se superarían de golpe en la edición de 2010, cuando ambas fueron incluidas, pero tanto esos dos finales, como el regreso del País Vasco al trazado al año siguiente, tercer y último deseo cumplido, terminaron cristalizando al poco del fallecimiento de Enrique Franco en febrero de 2008, y sin que desgraciadamente pudiese ser conocedor en vida de ellos.
Tres de aquellos anhelos quedan aún pendientes y dos son llegadas montañosas en zonas poco transitadas. Una se sitúa en Navarra, la Higa de Monreal, atalaya que domina el sudeste de Pamplona; y la otra en Canarias, en la carretera del Teide en Tenerife, donde nunca logró hacer regresar la prueba tras el arranque de 1988 y ahora muchos entrenan preparando la carrera en altitud. ¿Y el sexto y último? Quizá mejor que se quede en eso, en un sueño: el de ver cómo el Real Madrid crea... ¡una sección de ciclismo profesional! Pocos precedentes satisfactorios tiene nuestro deporte si repasamos la trayectoria en los últimos tiempos de las secciones ligadas a grandes clubes de fútbol.