Hace unos días volví a participar en una exigente prueba por etapas, la Titan Desert. Son seis jornadas, en Marruecos, que arrancan desde la cordillera del Atlas para ir descendiendo poco a poco hacía las dunas del desierto. Un total de 590 km y 6.000m de desnivel acumulado plagados de sorpresas y sobre todo de incertidumbre. El terreno y el clima es muy variado y eso implica una concentración máxima en cada jornada. Piedras, arena, asfalto, ríos, subidas, bajadas, llanos, viento, sol, frío...todo sucede en este reto y no es metafórico.
Viajé con el equipo Aural Centros Auditivos compuesto por unas 50 personas entre staff, ciclistas y personal sanitario. Hace tiempo que para embarcarme en este tipo de aventuras necesito algo más que una bici de por medio. Para mí eso ya es una gran razón dado que es mi pasión y estilo de vida, es cierto, pero si hay que poner un dorsal y enfrentarnos a situaciones extremas como las que se viven en el desierto necesito algo que responda a esa pregunta que sabemos va a llegar a nuestro cerebro.
¿Qué hago yo aquí?
Aural Centros Auditivos me ofreció un respuesta inmediata y que me haría entender todo, incluso en esos momentos en los que no entiendes nada.
Estábamos allí difundiendo y dando voz a dos mensajes:
Que la pérdida auditiva no te limite.
Oír para volver a vivir.
Por delante me esperaba un reto duro sobre la bici, un viaje exigente sin lujos en el descanso pero con máximo propósito. Cuando conocí al equipo me encontré personas muy diversas: deportistas con audífonos, familiares de personas con problemas de audición, audioprotesistas, doctores y personas vinculadas a Aural de una forma u otra.
Era el equipo perfecto, todos éramos tan diferentes que estaba convencido que podríamos alcanzar el objetivo final. Si perteneces a un grupo en el que todos sus miembros son similares se reducen las posibilidades de afrontar cualquier tipo de etapa. Todos y cada uno de los componentes del grupo teníamos una misión, una labor que desempeñar y un objetivo final común. Algunos sobre la bici y otros sin bici pero cada uno éramos una pieza fundamental para que todo ocurriera, para que la maquinaria funcionara sin fallos.
El haber conocido el deporte profesional y ahora el popular me hace llegar a conclusiones, ya sabéis que siempre digo que mi opinión no es la correcta es tan solo la mía. En ciclismo profesional ganar es ser el primero, el más rápido, el que menos tarda en completar una distancia durante un día o varios. No importa nada más, solo eso y todo el equipo trabaja para conseguirlo. Pedalear para ganar a nivel popular es diferente, mucho. Para mí la competición real existe entre personas que se comportan de igual manera en su día a día. En el deporte profesional todos hacen lo mismo, todos dedican su día a entrenar y cuidarse. En ocasiones con cierto egoísmo con respecto a lo que nos rodea. En deporte popular es diferente, nadie tiene el mismo estilo de vida y por tanto no hay una competición real. El trabajo, la familia, el tiempo disponible para pedalear o para descansar, las circunstancias de cada uno...todos con un patrón diferente.
Por todos estos motivos entiendo que competimos contra nosotros mismos y que ganar no es llegar el primero en el menor tiempo. Puedes llegar en la posición 400 de la etapa y haber ganado, todo ha sido tan dificil que es tu victoria particular . El equipo lo tenía claro y cada componente salió a dar el máximo con su historia personal en el bolsillo del maillot. Otra gran diferencia entre ciclismo profesional y ciclismo popular es que lo humano está mucho más presente en el segundo caso.
El equipo Aural Centros Auditivos me cargó de momentos en los que vuelves a entender que ganar tiene que ver con la emocionalidad y la humanidad. Vi mensajes de familiares, entre lágrimas de quién me lo mostraba, en el que le agradecian como estaba cuidando a su ser querido en cada jornada. Vi a una compañera llegar rota a meta, deshidratada y sacar una cuerda de su mochila para que colgáramos nuestra ropa mojada. Vi a un compañero llorar mientras pedaleaba porque se mezclaba lo feliz que estaba siendo, con las dificultades que tuvo que afrontar durante el año. Vi a un compañero sonreír, pese al esfuerzo, porque podía oír con su audífono el agua del río que pasábamos y a los niños de los poblados animarlo. Vi a una compañera estar en meta bajo el sol esperando a cada miembro del equipo, tardara lo que tardara. Vi a todos compartir todo. Vi a un compañero estar dispuesto a no salir en la etapa, a dejar de lado su reto personal con tal de poder acompañar a un miembro del equipo en el hospital. Vi parar para esperar, para cuidar sin importar la posición o la velocidad. Vi a compañeros retirarse con sensatez y por salud pero nunca abandonar al equipo, siempre animando y apoyando. Vi abrazos en meta, mientras las lágrimas se mezclaban con el sudor y el barro del maillot. Vi al equipo emocionarse cada vez que nos mostraban lo que sucedía en el camión solidario.
Y es que ya os decía al comienzo que todos éramos importantes para conseguir el objetivo. Mientras pedaleábamos, otros compañeros atendían a la población más necesitada y les adaptaban audífonos para volver a oír y de esta forma mejorar su calidad de vida. Niños y adultos que de otra manera jamás lo conseguirían. Ahora entendéis que ganar es mucho más que llegar el primero, ¿verdad?. Cada día conseguíamos una victoria, un aplauso gigante. Pedalear, curar, ayudar, organizar, fotografiar, grabar, difundir...todos con una misión diferente pero con una meta común. Es difícil que exista un podio tan grande para albergar a tantos ganadores. Sí, cada uno de vosotros sois unos ganadores. Orgulloso de formar parte del equipo Aural Centros Auditivos. Un gregario a vuestro servicio.
Que la pérdida auditiva no te limite
Oír para volver a vivir.
