Ascensión a La Cubilla, 15 princesas y una reina

Un grupo de ciclistas aficionadas asturianas acepta el desafío de cubrir sobre sus bicis la Etapa Reina de La Vuelta 2019
Noelia Rojo Varela -
 Ascensión a La Cubilla, 15 princesas y una reina
Ascensión a La Cubilla, 15 princesas y una reina

Queda desmentido aquel viejo refrán: la sarna con gusto también pica, y mucho. Madre Asturias nos ha dado una paliza antológica a lo largo de 145 kilómetros que nuestras piernas tardarán un tiempo en olvidar. Pero también es verdad que mucho después de que las agujetas se hayan ido aún seguirán en nuestra memoria el sinfín de recuerdos, emociones, estampas de paisajes y momentos de compañerismo que nos deja una jornada irrepetible de deporte a lo grande.

Casi sin quererlo, no del todo convencida de mis fuerzas, me vi envuelta en el proyecto Bellastures que pretendía, a nivel cicloturista y en género femenino, replicar la Etapa Reina de la Vuelta Ciclista a España 2019. Mis talentos, de haberlos, están sobre una bici de montaña, y mucho me parecía a mí semejante kilometraje y desnivel para hacerles frente sobre una máquina cuya geometría, desarrollos y comportamiento en general tengo mucho menos controlados que los de mi compañerísima BTT.

Afortunadamente la vida no deja de ofrecerte ocasiones para ser más valiente que consciente y para tomar decisiones con el corazón que al final son las más queridas y dulces en el gran archivo de los recuerdos.

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Pues así el pasado 1 de septiembre a las 9 de la mañana nos citábamos en Pravia una docena larga de asturianas dispuestas a hacer algo grande sobre nuestras bicis. Un mini-pelotón animado, variopinto, divertido y nada falto, también hay que decirlo, de watios de los que presumir.

Tras 20 kilómetros llanos para despertar las piernas y hacernos amigas de la lluvia que nos acompañaría durante casi toda la jornada, y otros 20 en ligera subida para ir tomando temperatura aparece ante nosotras el puerto de San Lorenzo, magnífico escenario para poner en práctica ciclismo del bueno. San Lorenzo es un puerto canalla porque a pesar de su dureza y longitud te permite cierta capacidad de maniobra y de elección. Otros colosos como Lagos, El Acebo o, por supuesto, El Angliru, apenas te dejan ningún margen; ellos te imponen la pauta, te eximen de pensar y decidir y, de algún modo, eso te facilita las cosas. Pero en San Lorenzo puedes caer en la tentación de ser ambiciosa con el ritmo o los desarrollos,de apretar másde la cuenta y a 90 kilómetros de meta esto puede ser fatal, así que nos lo tomamos con cierta calma y toda la prudencia y respeto que este gigantón merece. Con espíritu darwinista fuimos buscando cada una nuestro nicho ecológico (grupetta en argot) y superando sin mayores novedades el primer gran desafío del día.

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Sin tiempo para celebrar nada se me presentaba a mí el segundo examen de la jornada. Para una betetera afrontar sobre una “flaca” una bajada como la de San Lorenzo con el piso mojado es motivo más que suficiente para meterte en el cuerpo cierto respeto que te quita las ganas de disfrutar del paisaje y que incluso te impide descansar y recuperar fuerzas como deberías. Pero a lo largo de 15 kilómetros de descenso tuve tiempo de ir ganado confianza y de sentirme razonablemente cómoda cuando, pasado San Martín de Teverga, la mitad del kilometraje del día ya quedaba apuntado en el haber y no en el debe.

Y como pasa en las buenas fiestas, entre gigante y gigante suele haber un cabezudo: La Cobertoria, un puerto hermoso, violento y con mucho pegamento en su asfalto rudo que se comporta como un verdadero ladrón de fuerzas a lo largo de sus 10 kilómetros de longitud. Si la bajada del San Lorenzo me había puesto por momentos los pelos de punta, la de La Cobertoria, más estrecha y técnica, me llevó a los dominios del puro vértigo. Otra vez me sentía más ciclista por haber rematado un descenso que por haber coronado una cima. Curiosa sensación.

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Llegamos por fin a Pola de Lena donde un gran reagrupamiento, la incorporación de nuevas ciclistas y un muy merecido avituallamiento nos servirían para mentalizarnos de que a nuestro menú del día ya solo le quedaba el triunfante, colorido y espectacular postre.

La Cubilla, el gran descubrimiento de La Vuelta 2019, tiene todo para llegar a convertirse en un templo del ciclismo mundial. Tiene dureza para agotarte, longitud para desesperarte, rampas para incomodarte las piernas, altura para asfixiarte y un entorno paisajístico (el parque natural de Ubiñas-La Mesa) para dejarte sin aliento. Por si fuera poco, las peculiares climatología y orografía de esta parte de la frontera astur-leonesa tienen la facultad de sorprenderte con días tórridos en pleno invierno o, como fue el caso, de congelarnos manos y pies en pleno verano. La Cubilla es la “tormenta perfecta” del ciclismo, y más que más si a este toro ya lo han paseado por los tercios de banderillas y picadores de San Lorenzo y La Cobertoria.

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Desde Campomanes, a 28 kilómetros de la cima, donde el puerto empieza así como disimulando, como que no pero sí, y pica para arriba, nos llevará alrededor de dos horas completar la etapa inyectándonos en el ego una sobredosis de euforia, orgullo y autoestima inigualable. Eran casi las 8 de la tarde, fueron 11 horas sobre la bici reivindicando el papel de la mujer en el deporte y demostrando que tantas y tantas veces querer es poder.

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Vistas las cosas desde dentro, en vivo y en directo desde el sillín de nuestras bicis, el malísimo tiempo que tuvimos deslució la etapa y le añadió dureza y peligro. Pero también es cierto que cuando esta jornada brille con luz propia en nuestro baúl de los recuerdos, lo hará con dos capas extra de barniz: una por el mérito deportivo añadido y otra por la épica de haber guerreado contra todos los elementos, los de la tierra y los del cielo.

 Ascensión a La Cubilla, 15 princesas y una reina

Ya han pasado unos días cuando me pongo a transcribir en palabras lo que en su momento fueron emociones y sentimientos, y casi aún no puedo creerme que lo hayamos logrado, en particular que yo haya conseguido sacar de mis tripas, corazón y músculo una etapa tan increíble. Pero sí; me juran que no fue un sueño, que estoy despierta, que lo hicimos… que lo hice.

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