Maratona dles Dolomites: majestuosa

Un año más, y van 33, Corvara y el valle de Badia se convirtieron en el epicentro del cicloturismo mundial en una nueva edición de la Maratona dles Dolomites.
Desde Corvara (Italia) Sergio Palomar. Fotos: Maratona dles Dolomites. -
Maratona dles Dolomites: majestuosa
Maratona dles Dolomites: majestuosa

9.000 cicloturistas llegados de todo el mundo se dieron cita de nuevo en el corazón de los Dolomitas, montañas reconocidas como patrimonio de la humanidad por su incomparable belleza, para afrontar sobre la bici uno de los recorridos más bellos y exigentes que se puedan realizar sobre nuestras monturas.

Allí estuvimos nosotros también para disfrutar de esta fiestas de la bicicleta que la que sin duda es la prueba más deseada para los ciclistas de todo el mundo como denotan las más de 30.000 solicitudes que anualmente se recogen en su web cada año al abrirse el periodo de inscripción y de las cuales sólo 9 millares, tras el pertinente sorteo, podrán disfrutar de este inigualable evento que se equipara en medios y montaje a cualquier gran etapa del Giro de Italia. De hecho, la RAI realiza la retransmisión integra de la prueba en directo durante 6 horas.

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Menú pesado

El área de los valles de Badia, Gardena o Cadore concentra las que sin duda son las cimas más míticas de este macizo y en las que se han escrito algunas de las páginas más épicas de la Corsa Rosa. La Maratona concentra una buena selección de estas ascensiones en un trazado de apenas 138 km en el que se incluyen nada menos que 8 ascensiones para totalizar 4.230 m de desnivel acumulado. Quienes no se sientan con fuerzas para afrontar semejante reto pueden optar por el trazado medio fondo, en el que se evitan las dos últimas subidas para totalizar 106 km con más de 3.000 m de ascenso o, como opción más asequible, la conocida como Sella Ronda, un primer bucle de 55 km y 1.780 m pero en el que se incluyen las que, sin duda, son las estampas más icónicas de los Dolomitas.

La prueba arranca a las 6:30 de la mañana desde las calles de La Villa, pequeña localidad del valle situada apenas a unos kilómetros de Corvara. La razón es simple, para dar unos kilómetros de falso llanos en los que permitir al pelotón estirarse y no comenzar el primer puerto, el Passo Campolongo a balón parado desde las mismas calles de Corvara. Apenas 4 km de calentamiento que se hacen, como en toda marcha en Italia, a ritmo de carrera. En esta ascensión somos conscientes de la verdadera magnitud de la Maratona al observar la enorme serpiente multicolor que cubre la totalidad de la ascensión en una amplia sucesión de curvas que va ganando poco a poco terreno a la ladera.

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Un puerto que sirve para entrar en calor antes de encarar el mítico Pordoi que en sus 9,2 km cuenta con una pendiente machacona, todo el rato entre el 7 y 8% con la que nos damos cuenta de la dureza del sarao en el que estamos inmersos. Al coronar miramos nuestro ciclocomputador para darnos cuenta de que llevamos poco más de una hora de pedaleo y ya son dos puertos los que castigan nuestras piernas en lo que ha sido apenas un calentamiento. Un corto y rápido descenso nos deja al pie del tercero e ellos.

Impenetrable

El Passo Sella es el tercer plato de este menú de degustación digno de restaurante con estrella Michelín, y quizás uno de los más sabrosos. Arranca en un lugar umbrío a los pies de unas impresionantes moles de roca a las que no vemos el final y por donde nuestra cabeza no acierta a descubrir el lugar por donde la carretera atacará la montaña. Mientras, sonidos de grandes cencerros animando el paso de los ciclistas rompen la solemnidad de lugar. Son sólo uno de los múltiples grupos de aficionados que animan el paso de la ruta, muchos de ellos ataviados con la vestimenta tradicional de esta región, el südtirol, cuya cultura entronca con la de la vecina Austria y que incluso cuenta con una lengua propia como es el Ladino.

Volviendo a lo nuestro, comentar que el Sella es un puerto complicado. Su corta distancia, 5 kilómetros, nos puede hacer pensar que estamos ante un mero trámite pero su escasa longitud se compensan con rampas mantenidas al 9-10% que nos pueden hacer gastar más fuerzas de las debidas cuando aún estamos prácticamente en los prolegómenos de la prueba. Según nos acercamos a su cima hace acto de aparición el conocido como Gruppo Sella, un enorme macizo rocoso que es quizás, junto a las Tres Cimas de Lavaredo, una de las imágenes más reproducidas cuando se trata de ilustrar la majestuosidad de estas montañas. Un auténtico placer para la vista y para una cabeza que se queda sin adjetivos con los que definir el grandioso espectáculo que se despliega ante nosotros.

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Ahora sí que tenemos un pequeño tramo que podríamos considerar de transición ya que la bajada se interrumpe abruptamente tras unos pocos kilómetros para evitar la bajada hacia Val Gardena y girar a la derecha buscando el paso homónimo. Una subida de algo más de 6 kilómetros sin ninguna dificultad, incluso cuenta con un tramo de falsos llanos en su parte intermedia que va serpenteando a media ladera. Su cima conecta el mencionado valle de nuevo con el de Badia y nos plantea una divertida bajada, por cierto, como todo el recorrido, con carretera totalmente cerrada al tráfico por lo que podemos lanzarnos sin la menor preocupación.

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Segunda vuelta

Alcanzamos de nuevo Corvara tras concluir la Sella Ronda y un primer paso por la línea de meta en el que finalizan su trazado aquellos que hayan optado por la opción más corta. Nos volvemos a encontrar a los pies de Campolongo que ascendemos nuevamente en lo que será el quinto puerto del día y que nos permite comprobar que las piernas, con más de tres horas de pedaleo en su haber, no son ya las de la mañana cuando rodábamos por estas mismas rampas arrastrados por el ímpetu inicial de la prueba. Sin embargo, no deja de ser una subida asequible que superamos sin mayor problema para dirigirnos de nuevo a Arabba.

Esta vez, en vez de girar a la derecha buscando el Pordoi la ruta nos lleva hacia la izquierda por una carretera revirada y favorable en la que es importante unirse a un buen grupo que nos permita conservar fuerzas. Mientras aprovechamos para alimentarnos e hidratarnos no podemos dejar de mirar al angosto valle que aparece a nuestra derecha. Abajo podemos ver el pequeño pueblo de Caprile que supone el inicio del mítico Passo Fedaia, más conocido como la Marmolada, aunque ese coloso, por suerte, no se encuentra hoy en el menú. En este tramo también atravesamos varias laderas arrasadas por las repentinas riadas que arrasaron esta zona a finales del mes de noviembre, un duro golpe para las comunidades locales que la organización de la Maratona ayudó a paliar aportando una importante suma de dinero en uno de los varios proyectos solidarios en los que la prueba revierte el apoyo que recibe.

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Llegamos unos kilómetros más adelante al punto donde toca tomar otra decisión: recorrido de 105 km, encarando directamente el encadenado Falzzarego-Valparola o continuar por la misma carretera y el recorrido gran fondo. Este año lo tenemos claro y proseguimos a la búsqueda del mirador de Colle Santa Lucia, una pequeña tachuela de un par de kilómetros pero las piernas acusan tras el largo tramo sin ser exigidas.

Monstruo

Es sólo la antesala de lo que nos espera apenas unos kilómetros más adelante, otro de los grandes de estas montañas. El impresionante Giau aparece de repente ante nosotros con una dura carta de presentación que sitúa la inclinación de la carretera inmediatamente en el 10%. Una cifra que punto arriba, punto abajo se mantendrá en la totalidad del ascenso. ¿Os parecen duros los 4 kilómetros finales del Marie Blanque? Pues esto es lo mismo pero durante 9,5 km y con el añadido de llevar ya 6 subidas en las piernas. Aquí no se pedalea, simplemente se sobrevive al ritmo cansino que nos permite el 39x32 que equipa la bici que nos han prestado para la ocasión (equivalente a un 34x24), a todas luces insuficiente para nuestro estado de forma.

No hay más que fijarse que en estas etapas salvajes prácticamente todos los profesionales ya utilizan por norma el plato de 36 dientes y optan por un casete con mínimo 30 dientes en su piñón superior. Aparte, es una subida angosta que, salvo en su parte final, transcurre por un espeso bosque que apenas nos permite tener referencias del trazado. Únicamente los 4 últimos kilómetros dan paso a los prados de alta montaña y nos permiten intuir la cercanía de la cima, claramente por encima de los 2.000 metros de altitud. Un puerto que se cobra un duro peaje y nos deja claramente tocados aunque no vencidos.

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Aparte, nos acercamos a las 12 del mediodía, hora en que las previsiones meteorológicas anunciaban la aparición de tormentas. Si durante el ascenso la temperatura ha ido bajando, arriba unas tímidas gotas nos hacen abandonar la cumbre con premura para lanzarnos hacia otra bajada de auténtico videojuego. La pena es que esas primeras gotitas pronto se convierten en una tormenta veraniega que rápidamente empapa la carretera y nos obliga a tomar las necesarias precauciones. Por suerte la rápida pérdida de altitud nos permite escapar de esa nube traicionera y alcanzar la localidad de Pocol, en las proximidades de la populosa Cortina d’Ampezzo. Nuevo giro a la izquierda y vamos a por el último de la jornada.

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Inacabable

Si hasta ahora los puertos no habían superado los 10 km, el postre nos va a suponer 12 últimos en los que racionar las ya escasísimas fuerzas que restan en nuestras piernas. 10 hasta el Passo Falzzarego donde nos uniremos con los participantes de la marcha intermedia para, desde ahí, continuar con un par de kilómetros extras que nos permiten alcanzar el Passo Valparola que será el que nos devuelva al valle de Badia. Por suerte, esta subida cuenta con pendientes muy comedidas en torno al 5-6% que no van a suponer mayor dificultad que la fatiga que traigamos con nosotros.

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Vamos librando con suerte las nubes y apenas un par de chaparrones breves en los que la ropa no se llega a mojar son el balance de una subida que realizamos en modo piloto automático, pedaleando ya por mera inercia y alegrándonos cada vez que los carteles kilométricos anuncian uno menos para la cima. Sin embargo el postre del tramo que une Falzzarego con Valparola nos regala una última rampa al 11% que a punto está de doblegarnos y que vencemos con más pena que gloria para conseguir coronar y recuperar de golpe esa sensación de felicidad que da el haber completado la faena del día.

Chupito

Y claro está, todo buen menú, tras el postre, se suele acompañar de un chupito de licor que nos ayude a hacer la digestión. Un trago que degustamos después de una larga y rápida bajada que nos deja en las calles de La Villa, la pedanía en la que esta mañana arrancaba nuestro periplo. Unos cientos de metros planos para pedalear y recuperar el riego en las piernas y, de repente, giro de 90º a la derecha tras el que se alza ante nosotros el Mur d’Giat, el muro del gato. 300 m en los que la pendiente se incrementa progresivamente hasta el 19% en una suerte de Paterberg pero sin adoquines. De hecho, la concentración de gente animando y como la inclinación se va haciendo mayor a cada pedalada hasta prácticamente el límite de lo pedaleable nos recuerdan mucho a su homólogo flamenco. Sin embargo, aquí ya no se sufre.

Maratona dles Dolomites: majestuosa

Es un esfuerzo completamente aláctico que hacemos con el corazón y en el que no dudarnos en vaciarnos para obtener esa extraña sensación de felicidad que nos dejan en ocasiones los esfuerzos máximos. El epílogo son apenas tres kilómetros picando hacia arriba, por la misma carretera que recorríamos a primera hora y que desembocan en una zona vallada, pancarta con triángulo rojo y línea de meta digna del Giro de Italia en la que finalizamos tras más de 6 horas y media de pedaleo con la sensación de haber sido privilegiados por haber podido saborear sobre nuestra bici las que para nosotros son las montañas más bonitas del mundo.

Más información sobre la Maratona dles Dolomites: https://www.maratona.it/it/

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