Ábreme la puerta; las peripecias de Evaldas Siskevicius camino de Roubaix

En la París-Roubaix de 2018 el lituano, tras sufrir diversos problemas mecánicos y circular fuera de carrera en el último tramo, acabó llegando al velódromo y pidiendo a un operario que le abriera la puerta para dar la vuelta y media final con la que completar oficiosamente su recorrido.

Lorenzo Ciprés (@LorenzoCipres)

Las peripecias de Evaldas Siskevicius camino de Roubaix
Las peripecias de Evaldas Siskevicius camino de Roubaix

Sus doce años vividos en el pelotón francés con un saldo de cinco victorias y varios puestos de honor como fruto de su polivalencia, nunca conseguirían evitar que el ideario colectivo rememore siempre al Evaldas Siskevicius ciclista sobre la bicicleta y con dorsal, pero en una situación nada convencional.

Hace ahora ocho años, este lituano, que entonces militaba en el desaparecido Delko-Marseille, saltaba a la primera plana de la actualidad después de la París-Roubaix, cuando tras circular fuera de carrera en el último tramo, para el que renunció a subir al coche escoba, acabó llegando al velódromo y pidiendo a un operario que le abriera la puerta para dar la vuelta y media final con la que completar oficiosamente su recorrido.

No fue el único momento para el recuerdo que el corredor de Vilnius dejó en una jornada saldada en las posiciones delanteras con el único triunfo en el palmarés de Peter Sagan sobre el pavé. Kilómetros antes, y en un memorable vídeo captado por la televisión flamenca desde la voiture balai, se podía ver también cómo el conductor, tras haber hablado con el director técnico de ASO, Thierry Gouvenou, le invitaba a desistir, o si quería acabar y como haría, a continuar por su cuenta y riesgo siguiendo el código de circulación.

Poco antes, además, en otra situación con tintes ligeramente surrealistas, había tenido que subirse a un coche averiado de su equipo transportado por un camión grúa del convoy de cierre de carrera como único modo de conseguir una rueda trasera con la que reparar un pinchazo en su KTM. "Tuve problemas mecánicos al paso por el Arenberg y para ese momento ya circulaba en un grupo de rezagados", contaría tras su peripecia Siske, quien después de unos kilómetros de lucha por empalmar vio con desesperación cómo sus compañeros de fatiga se bajaban de la bicicleta en el segundo avituallamiento.

"No había razón para detenerse, a mí no me gusta rendirme y lo vivido aquí hoy es una lección para la vida misma; cuando se empieza algo hay que terminarlo, y más esta carrera, ¡es parte de la historia del ciclismo!". Finalmente, un DNF luciría en su casillero de aquella jornada, donde atravesar la línea de llegada en el Velódromo André-Petrieux era una cuestión que iba mucho más allá de números y clasificaciones.

En apenas doce meses, Siskevicius se reconciliaba con los adoquines firmando una notable actuación que le permitió ser noveno a sólo cuarenta y siete segundos de Philippe Gilbert. Sería uno de los resultados más destacados de su carrera, prolongada por espacio de tres temporadas más para reconvertirse después como director deportivo en amateur, continental y desde esta temporada en el Cofidis, equipo de raíces inequívocamente nordistas que no dudó en evocar aquel episodio en el momento de anunciar su llegada al cuadro técnico.

Lo que se conoce menos es que aquel 2018, apenas dos días después del episodio de Roubaix, volvió a competir y a flirtear con el coche escoba. Fue en la París-Camembert, donde concluyó cuarto por la cola. Allí muchos le animaron a no rendirse, recordando también su reciente lucha solitaria.