Ciclismo y política. Condenados a coexistir

La política lo impregna casi todo en el día a día y el ciclismo no es ajeno a ello, como quedó patente en la pasada Vuelta a España y en el final de temporada con los integrantes del equipo Israel-Premier Tech.

Lorenzo Ciprés (@LorenzoCipres)

Ciclismo y política, condenados a coexistir
Ciclismo y política, condenados a coexistir

Nos guste o no, la política lo impregna casi todo en el día a día, y cualquier decisión propia o relacionada con lo que nos rodea o implica es difícil que escape de ella. Incluso posicionarse apolíticamente no deja de ser otra postura en sí misma, y por extensión y en lo que aquí respecta, en el ciclismo cabrá pensar también que hay mucha política.

De todo ello tuvimos un buen ejemplo en el final del último verano durante La Vuelta, y corroborado en este arranque estacional con lo sucedido con los integrantes del Israel-Premier Tech. La creciente tensión y polémica que acompañó a la estructura durante la ronda española y algunas otras pruebas se ha evaporado de golpe tras su relocalización y rebautizado de cara a 2026, con nueva adscripción suiza e integración en NSN, compañía global de entretenimiento ubicada en Barcelona.

El interés y las reacciones que su presencia despertaba en múltiples sectores, que acabaron llevando a este deporte a territorios y escenarios poco frecuentes, ha desaparecido por completo. Con su nueva identidad, la formación parece haber encontrado la deseada calma que se ha traducido muy pronto en buen rendimiento y triunfos de la de la mano de dos de sus corredores más importantes, Girmay y Vernon -en la foto-.

Diarios de Sesiones y Boletines de las Cortes muestran también esta interacción con el deporte ciclista en la propia España. Sorprende, por ejemplo, ver una Proposición no de Ley del Grupo Socialista de febrero de 1981 en la que se defendía la necesidad de que TVE garantizase una retransmisión "amplia, regular y de calidad de la Vuelta a España de ese año", pidiendo que se tomasen como referencia "los modelos francés e italiano, ofreciendo como mínimo una cobertura igual a la de 1979 para garantizar su éxito deportivo, social y económico".

Tan bienintencionada petición estuvo lejos de ser atendida en una edición complicada para Unipublic, que apenas contó con un resumen de quince minutos después del Telediario nocturno a la espera de tiempos mejores. Estos llegarían dos años más tarde con la irrupción del directo y una eclosión popular del evento que aún perdura.

En Francia, y con más voluntad que medios, la Unión Ciclista Pelussin, una pequeña localidad próxima a SaintÉtienne, se decidía dos años después y tras numerosos éxitos en aficionados a lanzar un conjunto profesional que dio la oportunidad de debutar a ilustres como Thierry Claveyrolat o Vincent Lavenu, quien también fue ciclista antes que director y mánager. Muy por encima de su bisoñez, su principal hándicap terminaron siendo precisamente los vínculos de sus impulsores, con un principal valedor, el presidente del club, que fue héroe de la Resistencia y miembro del Partido Comunista y llevó la presentación a la sede nacional de la CGT en Montreuil, en la periferia de París.

Bastaría un bajón de la izquierda en las municipales galas de 1983 para desbaratar el proyecto. Se dice que una de las primeras decisiones adoptadas en la zona fue acabar con la financiación pública de ese humilde proyecto, alumbrado y fulminado en apenas unos meses por la política, los políticos y sus implicaciones.