Matej Mohoric tenía un plan cuidadosamente estudiado para ganar la Milán-San Remo. Y pudo cumplirlo a la perfección.
El lugar señalado era el descenso del Poggio, su terreno (Mohorič es uno de los mejores 'bajadores' del pelotón). Y, cuando los tremendos ataques de Pogacar en la subida previa no consiguieron abrir brecha, llegó su turno. Entonces se lanzó sin mirar atrás y a una velocidad endiablaza e inalcanzable para sus rivales.
Ya en esos primeros metros del demarraje (segundo 20 del vídeo) encontramos la primera clave de su posterior victoria: Mohoric hizo una 'salvada' marca de la casa. El asfalto presentaba un pequeño desnivel que el ciclista esloveno bajó y subió con una sangre fría y un dominio de la situación que, efectivamente, valen un triunfo en la 'Classicissima'.
Y la segunda clave la ha desvelado el propio Mohoric después de la carrera: ha usado una tija telescópica.
“Estuve pensando en esta carrera durante todo el invierno. Al equipo se le ocurrió la idea de usar una tija telescópica porque en esta prueba tengo opciones en la bajada del final. Sabía que si podía entrenar adecuadamente y estar en una condición lo suficientemente buena como para aguantar en el Poggio, tendría la oportunidad de hacer mi mejor descenso y arriesgarme un poco", ha explicado el esloveno, doble ganador de etapa en el pasado Tour de Francia.
Mohoric, normalmente, usa la bici de carretera aero de Merida, la Reacto, que lleva una tija aerodinámica. Sin embargo, este sábado ha competido con la Scultura, de tija redonda, lo que ha permitido que los mecánicos del equipo la cambien por una telescópica.
Hay que recordar que las tijas telescópicas se instalan casi exclusivamente en las bicicletas de montaña (ahora, también en las gravel). Con ellas, el ciclista baja el sillín con solo presionar un botón. Así, también puede bajar el centro de gravedad o cambiar de posición en terrenos empinados o técnicos.



