Un análisis en profundidad de las plantillas profesionales de esta temporada 2020 arroja la llamativa cifra de cuarenta y ocho corredores por encima de los cuarenta años de edad. Si bien la mayoría se concentran en equipos de la categoría continental, es curioso constatar como el ciclismo profesional del siglo XXI tiene un hueco consolidado para gente que en otras épocas habría abandonado el deporte competitivo o proseguido su actividad en categorías de veteranos. Michael Albasini, Sergio Paulinho, Davide Rebellin o los españoles Paco Mancebo, Óscar Sevilla y Alejandro Valverde son los más renombrados representantes de esa tercera edad ciclista de hoy, un fenómeno que en otros momentos de la historia del deporte de las dos ruedas ha contado con más ejemplos que también han demostrado que rendir no debería estar reñido con la fecha de nacimiento. Firmin Lambot: las dos caras de la moneda Por muy poco que quede en común entre el ciclismo de hoy y el que él vivió, los corredores actuales están obligados a mirar atrás y fijarse en Firmin Lambot (Florennes, 1886) como referente si hablamos de ser el ganador más veterano del Tour de Francia. En uno de los periodos más complicados de la historia de este deporte, justo tras la Primera Guerra Mundial, este belga de la región valona lograría ganar dos veces la general de la ronda gala: una en 1919, la primera después de la contienda militar, y otra en 1922 marcando un récord de longevidad todavía no superado con su llegada a París de amarillo a la edad de 36 años y 130 días. La fortuna sonreiría a este corredor de la provincia de Namur en el desenlace de sus dos triunfos. En el primero se benefició durante la penúltima etapa de la mala suerte del hasta entonces líder, Eugène Christophe, quien rompió la horquilla de su bicicleta camino de Dunkerque y se vio obligado a parar a arreglarla en una fábrica de Valenciennes. Tres años más tarde, y tras una carrera vivida a la expectativa, vería como penalizaciones y averías sufridas por sus rivales más directos -Jean Alavoine y Hector Heusghem- le servían de nuevo en bandeja el triunfo final en París. Sólo Cadel Evans, ganador en 2011 con treinta y cuatro años, se ha acercado últimamente a la marca de un Lambot a quien la buena estrella que tuvo como corredor le abandonaría al retirarse. Instalado en Amberes, donde gracias al pequeño capital recibido como compensación por la inactividad forzada que supuso la Primera Guerra Mundial abrió primero una tienda y posteriormente una fábrica de bicicletas, vería como esta vez los bombardeos de la Segunda dejaban su negocio reducido a escombros. Léon Scieur, vecino de la propia Florennes y curiosamente también ganador del Tour en aquel periodo, le acogería y apoyaría hasta su fallecimiento en la década de los sesenta. Un siglo después de las victorias de ambos, una prueba con sus respectivos nombres les sigue recordando anualmente en su villa natal, el Memorial Scieur-Lambot. Joop Zoetemelk: arcoíris para culminar Con 38 años y 273 días de edad, Joop Zoetemelk (La Haya, 1946) sigue ostentando desde 1985 el récord de longevidad en el momento de subirse al podio como ganador de un Mundial de Fondo en Carretera para profesionales. Alejandro Valverde, arcoíris en Innsbruck con 38 y 158, se acercó peligrosamente hace un par de temporadas a la marca del ciclista neerlandés, quien al igual que pretende ahora el murciano, continuó corriendo y triunfando hasta superar la cuarentena sin que la edad frenase sus ansias competitivas ni el instinto ganador. Zoetemelk, criticado por muchos por su conservadurismo compitiendo, culminó su carrera en el circuito de Giavera del Montello (Italia) aprovechándose del férreo marcaje entre Argentin y Lemond, los dos grandes favoritos, y lanzando un certero e inteligente ataque a poco más de un kilómetro de la llegada sin que por detrás existiera acuerdo para salir en su búsqueda. Sus palabras tras ganar sorprendieron por la mezcla de incredulidad y sinceridad. "No esperaba ni siquiera estar convocado para esta carrera -afirmaba-. Mi movimiento era para preparar el terreno a mis compatriotas, pero me vi delante solo y decidí continuar. Los jóvenes no corren como lo hacíamos antes, ahora se hace todo de otra manera", apuntaba en una clara crítica hacia la pasividad de sus rivales, todos mucho menores que él. No sería sin embargo este título mundial el último gran triunfo profesional de Zoetemelk, quien dos temporadas después, a los cuarenta años, fue capaz de imponerse de similar modo en la clásica más importante de su país, la Amstel Gold Race. Con ella cerraba un completísimo palmarés, labrado en dieciocho temporadas de profesional entre 1970 y 1987, donde también hubo sitio para generales de pruebas por etapas como el Tour de Francia -allí fue ¡seis! veces segundo- y la Vuelta a España, tres ediciones de la París-Niza, la Tirreno-Adriático y otras clásicas como la Flecha Valona o París-Tours. Sus últimas pedaladas las dio en suelo barcelonés con motivo de la Escalada a Montjuic, otra prueba en la que también destacó con un balance de una victoria y cuatro segundas posiciones, esta última precisamente superado por Álvaro Pino en el día final de su carrera. Robert Marchand: recordman centenario A Robert Marchand (Amiens, 1911) la notoriedad sobre la bicicleta no le llegaría hasta bien entrada edad, aunque de muy joven ya la había conocido tras ser también boxeador y gimnasta. Su cambiante y prolífica vida laboral le hizo ejercer como bombero en París, agricultor y ganadero en Venezuela, leñador en Canadá y, una vez de vuelta a Francia, horticultor y comercial de los sectores del calzado y el vino. Sería tras jubilarse en la segunda mitad de la década de los setenta cuando compró de nuevo una bicicleta de carretera y se dedicó a entrenar y participar en las numerosas pruebas que el calendario ciclodeportivo de su país ofrecía ya por entonces: la Marmotte, Burdeos-París, Ardéchoise, París-Roubaix... Su implicación en el deporte no disminuyó con el progresivo paso de los años. Una vez superada la centena, la propia UCI le tendió la mano en forma de categorías creadas específicamente para él donde estableció varios Récords de la Hora sobre los velódromos -26,92 km en Máster 100 y 22,54 kilómetros en Máster 105 respectivamente-, hazañas conseguidas a partir de 2012. El más popular de todos, el de Máster 105, llegó rebasados los 107 años con notorio eco en medios deportivos y generalistas de todo el mundo. Su actividad posterior quedó no obstante relegada a un ámbito oficioso tras decidir el máximo ente ciclista dejar de homologar sus marcas hace un par de años. En Aigle no querían tener que hacer frente a ninguna responsabilidad en el caso de que estos esfuerzos acabasen suponiendo un problema para su salud y cortaron por lo sano. Recientemente, Marchand volvía a ser protagonista en medios del mundo entero al contar cómo estaba viviendo el confinamiento al que los ciudadanos franceses también han estado sometidos. "Pedaleo a diario en el rodillo, practico gimnasia y camino dentro de mi apartamento", aseguraba criticando de paso las declaraciones del presidente Macron, quien comparó en algún momento la situación actual con la de una guerra. "Esto es un ejercicio de supervivencia contra un virus, no una lucha provocada entre personas. Jamás llamaría guerra a lo que estamos viviendo", decía con la inestimable experiencia que da el haber vivido y sobrevivido a las dos Guerras Mundiales del siglo veinte. Pierino Gavazzi: campeón ciclista y de la vida Más allá de las obtenidas como ciclista durante sus veinte años en la máxima categoría, probablemente la victoria más importante en la vida de Pierino Gavazzi (Provaglio d'Iseo, 1950) llegaba la tercera semana de mayo de 2020 tras recibir el alta hospitalaria al superar la COVID-19. Por espacio de 58 días, el campeón bresciano se enfrentó al coronavirus en una lucha que como buen excorredor no dudó en comparar metafóricamente con la competición. "Estoy como si hubiese disputado sin parar Giro, Tour y Vuelta -declaraba emocionado-, pero esto vale más que ganar mil veces sobre la bici". Tras abrazarse con su mujer y sus dos hijos, los también exprofesionales Mattia y Nicola, Pierino fue de inmediato a revisar el huerto del jardín de su vivienda, felizmente conservado pese a su ausencia. Vencedor hace justo cuarenta años en la 71ª edición de la Milán-San Remo, Gavazzi protagonizó en su momento una larguísima y fructífera carrera de dos décadas vivida en equipos de su país, con una pequeña licencia en su tramo final para integrar una rara combinación de italianos y australianos inscrita en el país oceánico, el Polli-Mobiexport-Fanini. Su inagotable punta de velocidad le proporcionó también cinco triunfos parciales en el Giro, tres Campeonatos de su país -el último a los 37-, clásicas como la Milán-Turín o la París-Bruselas y también varias etapas de rondas en suelo español como la Volta a Cataluña o la Ruta del Sol. La Milán-San Remo de 1980, marcada por un enloquecido ritmo que favoreció la llegada masiva e impidió fructificar cualquier intento de escapada, supuso el punto culminante de la trayectoria de Gavazzi, quien consiguió doblegar en la volata a estrellas de la época de la talla de Saronni, Raas, Kelly, De Vlaeminck o el propio Francesco Moser. Seguiría imponiéndose en grandes grupos hasta bien cumplidos los 38, edad a la que consiguió su última gran victoria en el Trofeo Laigueglia, una de las tradicionales pruebas de apertura del calendario transalpino. Davide Rebellin: eterno "Monaguillo" En sus primeros momentos de profesional, a Davide Rebellin (San Bonifacio, 1971) se le conocía popularmente como el Monaguillo por su timidez y piadoso estilo de vida. Veintiocho temporadas y once equipos después, este ya veteranísimo italiano prosigue su carrera en las filas del Meridiana croata con el estigma de un positivo en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 que nunca le ha terminado de abandonar. Si bien un Tribunal de Padua le absolvió en instancias civiles, de su decisión nunca tomaron nota las autoridades deportivas ni la élite ciclista, ignorándole desde entonces con un veto no declarado que le ha impedido regresar a la práctica totalidad de formaciones del primer y segundo escalafón -sólo CCC le hizo un hueco entre 2013 y 2016- y, sobre todo, retornar al Giro de Italia. Triunfos logrados en escenarios menos habituales -los últimos han llegado en Indonesia, Irán y Omán- han tomado el relevo en su palmarés a las habituales pruebas del calendario de su país o del World Tour. A sus 49 años, su edad y la de sus rivales sigue siendo fuente recurrente para muchos de chascarrillos y bromas, pero también es cierto que quienes le acaban conociendo no tardan en mostrar públicamente respeto y admiración hacia su figura y profesionalidad. Francisco Caro: ciclista por necesidad Treinta y seis años y tres hijos tenía Francisco Caro (Valverde de Llerena-Badajoz, 1947) en el momento de su paso a la máxima categoría con el Colchones Dormilón. Extremeño de nacimiento y valenciano de adopción después de un periodo en el extranjero, Caro rompía esquemas en su llegada al profesionalismo en 1984 precedido de una notable fama y palmarés acumulado en sus nueve años como aficionado cerrados en el propio equipo fuenlabreño. El Campeonato de España logrado en Galicia en 1981 ante el cántabro Alfonso Gutiérrez fue el más destacado de una serie de triunfos entre los que se encontraban etapas y generales de vueltas, carreras de un día y también, y quizá lo más importante, la consideración de muchos de quienes compartieron pedaladas junto a él. La bicicleta fue primero una afición que compaginaba con su trabajo en la construcción al terminar la jornada, pero posteriormente y por motivos económicos -en paro y sin desempleo- acabó convertida en herramienta con la que poder llevar dinero a casa. Una segunda plaza en la general de la Vuelta a los Valles Mineros fue la actuación más destacada de su efímera trayectoria profesional de dos años, en la que completó además dos ediciones de la Vuelta a España y, según cuentan muchos, mantuvo su costumbre de fumar a la vista de todos, tanto en alguna meta como en los hoteles donde se hospedaba.