Omar no tira balas al aire

Tras ganar en el Tour y el año pasado en el Giro, el vizcaíno busca cerrar el triplete en la Vuelta, a la par de trabajar para Miguel Ángel López, del que advierte que “veo muy fuerte. Yo aspiro a todo con él”
Ainara Hernando. Fotos: Bettini Photo -
Omar no tira balas al aire
Omar no tira balas al aire

Camino de la salida de la sexta etapa en Huércal-Overa, en la frontera entre Almería y Murcia, el pelotón refugiado en sus autobuses pasó cerca del desierto de Tabernas. El escenario de tantas escenas de spaghetti westerns en los sesenta. La muerte tenía un precio. El bueno, el feo y el malo. Lawrence de Arabia. De las últimas en grabarse fue la genial ‘800 balas’ de Alex de la Iglesia. El director, como buen bilbaíno, lo acabó rebautizando al género Marmitako Westerns. Paisano suyo es Omar Fraile, que corre ésta Vuelta con un sueño metido en la maleta que empuja hacia el autobús poco después de esta entrevista, entre amodorrado y soñoliento. “Si consiguiese ganar una etapa y hacer el triplete sería la leche”.

Omar no necesita, como Alex de la Iglesia 800 balas para dirigir su ‘film’. Su súper estreno en una grande ya fue el año pasado, en el Giro de Italia. Ganó la 11ª etapa con final en Bagno de Romagna. Taquillazo. Casi un año más tarde alzó los brazos a los grande en Mende, el aeródromo donde su historia en el Tour despegó. Ahora anda en busca de cazar una etapa en la Vuelta. La que le falta para cerrar el círculo y entrar en ese grupo selecto y sideral de ciclistas que han ganado en las tres grandes. Omar lo logrará. Seguro. Quién sabe si será en esta Vuelta o en las siguientes. Será solo cuestión de tiempo. Como lo sabe, pedalea tranquilo. Los proyectiles los tiene guardadas en la recámara. Espera, paciente a que llegue su día. “Ya que lo intento, quiero estar al cien por cien para hacerlo bien. A mi no me gusta tirar balas al aire”, dice. Mientras tanto, se afana en trabajar para Miguel Ángel López, su otro gran objetivo.

Y todo, al tiempo que recupera los dolores que le dejaron la caída que tuvo en la segunda etapa con final en el Caminito del Rey.Desde entonces pedalea bajo el calor de la Vuelta sudando los apósitos que le cubren las heridas. Esas son las que le han impedido disparar las primeras balas en esta Vuelta. “La etapa de Roquetas ya la tenía señalada pero aún me duele el cuerpo, tengo inflamada la rodilla, el codo y la cadera. Tengo bastante golpe”. En una bajada previa al ascenso final, “entramos en una curva y sabía que la carretera patinaba muchísimo así que avisé al equipo y no se cómo, se me fue la rueda de delante. No la pude controlar”.

Omar ha viajado en el vagón de cola estos primeros días. En el sprint de San Javier que ganó Bouhanni, ya se dejó ver. Y no se metió en la llegada masiva por nada. Séptimo. Otra bala certera. Hasta ahora las había tenido que guardar por obligación. “Ya lo intenté un día y me vi que las piernas no estaban bien así que me dije, ¿a dónde vas? Voy a esperar a la siguiente semana y si tengo el permiso del equipo, lo empezaré a probar”, avisa.

Omar no tira balas al aire

Tras ganar etapas en Giro y Tour, Omar Fraile busca cerrar el círculo ganando en la Vuelta

Cada inicio de la Vuelta para Fraile se cuenta por accidentado. En su debut en el 2015, cuando corría para el Caja Rural sufrió indicios de fiebre, al siguiente con vómitos y el año pasado, se tuvo que retirar por una fuerte gastroenteritis que no le dejó pasar de la 13º etapa. “Basta con darle la vuelta como las dos veces que gané la montaña”, desea.

Con ese sueño guarda sus balas para la próxima semana. Porque Omar, cuando apunta, es a matar. Con los años ha labrado su personalidad para convertirse en el corredor guerrero y luchador que ahora es. “He tenido grandes maestros que me han ido enseñando. Primero Amets Txurruka e Ivan Velaso en Caja Rural, con ellos aprendí muchísimo y luego Alex Sans, mi director en Dimension Data que me ayudó a saber los días que eran buenos para mi y ahora en Astana estoy con Luisle, que es un gran especialista en lo que hago yo ahora mismo”. Ser un auténtico ‘killer’. “Si te fijas en esa gente puedes aprender mucho para intentar que cuando pegues sea la buena. Una pero bien dada”.

Se siente cómodo en ese perfil de ciclista batallador. “Es el tipo de corredor que siempre me ha gustado. Como mucho podría luchar por una carrera de una semana si estoy muy bien pero más allá de eso no. Tampoco yo lo quiero, ni psicológicamente ni físicamente. Me siento a gusto como estoy ahora. Siempre he defendido que me gusta la batalla”. Disparar 800 balas. Lo que no pensaba Omar “es que eso iba a significar ganar carreras tan importantes”.

Pero de buscar evolucionar hacia un ciclista que pueda pelear por una grande ni hablar. “Veo a la gente que disputa generales y tiene un estrés encima…van amargados”, dice entre risas. “¡Yo así no puedo!. Intento pasármelo bien en las carreras, sobre todo en las grandes porque como pierdas el humor se hace muy duro. Así me divierto y cuando te lo pasas bien, las cosas salen mejor, además luchar por una general no creo que iría bien, sobre todo en la Vuelta con tantos finales en alto que hay algún día reventaría. Hay que ser consciente de lo que eres e intentar amoldarte a ese tipo de ciclismo”.

Omar no tira balas al aire

Omar se siente cómodo en su rol de ciclista guerrero y luchador que ahora es.

El suyo es el de disparar. Espectáculo. Western con muchos tiros como los que se rodaban en el desierto de Tabernas. “De aquí en adelante a lo que quiero evolucionar es a mantenerme en la línea que llevo, ser un corredor que en fuga sea importante cuando entre, que está claro que cada vez me va a costar más ganar. Y luego ser muy sólido a la hora de trabajar para un equipo”.

Ese es su otro gran cometido en esta Vuelta a España. Proteger a Miguel Ángel López todo lo que pueda. Omar solo lleva un año en el Astana pero ya ha echado raíces. No es difícil con su simpática personalidad. “Él se siente cómodo conmigo, hacemos un buen tándem”. Avisa que al colombiano lo ve “muy fuerte. Yo aspiro a todo con él. Tiene piernas. De momento estamos en los límites de tiempo que teníamos pensado perder en estas primeras etapas, vamos como queremos ir. Lo más importante es centralizar a todo el equipo en la última semana. A mi no me importa trabajar para él, ya tengo una buena temporada hecha”.

Un año marcado por su genial triunfo en el aeródromo de Mende, la 14º etapa del Tour de Francia. La vida no le ha cambiado y mucho tendrá que suceder para cambiar su humilde personalidad pero lo que sí le ha dado ese triunfo es “más tranquilidad y sangre fría. Y No solo esa etapa, si no toda la temporada me ha dado mucha confianza. Habré estado en seis carreras diferentes y en cuatro de ellas disputando alguna etapa. Eso quiere decir que estoy a un buen nivel. Ahora sé que trabajando como lo hice para llegar al Tour puedo luchar por etapas”. Que puede hacerlo en cualquier sitio.

Porque, si hacia algún lado le puede llevar esa evolución, es a convertirse en un corredor con el instinto perfecto para hacer suyas carreras grandes de un día. Mundiales incluidos. Ése será precisamente el objetivo para el final de año. Ganarse un puesto en el equipo de Javier Mínguez para conocer los Campeonatos del Mundo y conocerlos antes de presentarse, algún día no muy lejano, con balas para disparar al arcoíris. “Este año creo que puedo trabajar muy bien para Valverde, es mi ídolo desde que tengo uso de razón y si le puedo ayudar a que gane el Mundial, es como si lo ganase yo. En un futuro es una carrera que me puedo ir bien dependiendo del circuito. Ya he hablado con Mínguez, lo iremos viendo. Él me dijo que estaría si salgo bien de la Vuelta”.

Omar no tira balas al aire

Omar tiene claro su otro gran cometido en la Vuelta: ayudar al líder de Astana, Miguel Ángel López.

Con ese instinto buscará el triplete en esta Vuelta. "Todo el mundo me dice que en fuga soy demasiado frio y creo que soy así porque nunca he llegado a pensar en que podría conseguir todo lo que he ganado”. Se siente un afortunado. “Para mi, todo lo que venga, bienvenido es. Llevo pocos años en carretera, solo nueve porque vengo de la BTT y eso me ha hecho evolucionar muy rápido. Cada año he ido dando un paso más. Cuando te empiezas a ver ganador confías más en ti, en tu sprint, en tu momento. Eso te hace vencer”. Tirar balas certeras.

El año que viene las seguirá disparando con el maillot del Astana. Un equipo que cada vez es menos kazajo y más vasco. Con la llegada de los Izagirre ya serán cuatro, más algún miembro del staff y el murciano Luis León Sánchez. EuskoAstana. Poco a poco, Vinokourov está cumpliendo el sueño por el que Landa tomó las riendas de la Fundación Euskadi el pasado año con el ánimo de volver al World Tour con un equipo formado por los mejores vascos del momento. “Así es”, confirma Omar, “el año que viene seremos cuatro y seguramente de los que somos referencia en Euskadi. Los Izagirre suponen un refuerzo muy importante”.

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