Crear y construir para que otros puedan disfrutar, brillar y cumplir sueños sobre la bici debe ser reconocido. Hace unos días nos dejaba Eugenio Jiménez Manzanares, un referente en la organización de pruebas en la región de Castilla-La Mancha y primer presidente de la Federación castellano-manchega de ciclismo.
Formó parte de la organización en la Ronda de la Hispanidad, prueba por etapas amateur que unía ciclismo con historia. Ahí tuvo el honor de entregar licencia federativa al príncipe Felipe, actual Rey de España, además de regalarle y subirlo a una bici. Era un gran embajador de su tierra, hizo que ilustres de este deporte la descubrieran y siempre con la bici como herramienta para conseguirlo. Me cuentan que llegó a organizar en un velódromo de ceniza -era una pista que había alrededor del campo de futbol de Campo de Criptana y que él mismo había construido-, una prueba en la que participó el mismísimo Eddy Merckx. Fue fundador de la prestigiosa vuelta Rutas del Vino, que arrancaba en el año 1967; en definitiva una figura incansable en la promoción del ciclismo.
Me detuve a leer un texto que él mismo escribió en el libro de ruta de dicha prueba por etapas y me apetecía mucho compartir con todos vosotros. Eugenio habla de la ilusión que le apoderaba al organizar la segunda edición de esta carrera. En aquella época sacar adelante una prueba con prestigiosos equipos y patrocinadores no era fácil tarea y las dosis de ilusión debían de ser elevadas. Esa ilusión la repartía con los hijos de la ilustre villa de Campo de Criptana, como así lo menciona, en las inmensas ganas de ver al mítico ciclista Jesús Manzaneque (ganador de contrarreloj en Vuelta a España y 37 triunfos en su carrera) brillar en la carrera de casa.
Eugenio amaba el ciclismo pero sin olvidarse de los corredores de la tierra, de los que paseaban a Castilla-La Mancha por todo el mundo. Él lo tenía claro, la última etapa debía de terminar en la sierra de los Molinos. Tengo el privilegio de conocerla y es espectacular, deseando volver a visitarla. Exigente, con rampas de hasta el 18% debía de ser ideal para que el gran Manzaneque se pudiera medir con otros protagonistas y brillar. Porque es así, los grandes líderes de cualquier ámbito hacen brillar al resto y Eugenio no iba a ser menos como organizador de las Rutas del Vino. Jesús no pudo vencer en las dos primeras etapas pero llegaba a la última con el mismo tiempo que el líder. Nuestro protagonista le dijo, en la salida de la tercera etapa:
"Serás ganador"
Jesús era tímido y modesto, así lo describe Eugenio, pero era el momento de hacer frente a esa timidez para regalarle algo a quién tanto hacía por los ciclistas y ciclismo de la región.
"Ganaré hoy, te brindo el triunfo final . Arriba entraremos de uno en uno", respondió Manzaneque.
Lo cumplió y seguro que en esas exigentes rampas finales y con los majestuosos molinos como testigos pensó en su promesa, en que no podía fallar a quien tanto daba por este deporte que nos apasiona. Cinco segundos de ventaja sobre Laudelino Hernández a una velocidad media de 36,7 kmh en un total de 140 km. Como Eugenio dijo, se cumplió la profecía y los locales vieron ganar a su ídolo. Y sí, Jesús Manzaneque fue profeta en su tierra. Crear y construir para que otros puedan disfrutar, brillar y cumplir sueños sobre la bici debe ser reconocido. Gracias D. Eugenio, su legado siempre estará presente. Descanse en paz.



