Óscar Sevilla: “He aprendido a disfrutar del presente”

A sus 42 años defiende en la Vuelta a San Juan el dorsal 1, comparte y aguanta el endiablado ritmo de Egan Bernal en los entrenamientos y, ante todo, disfruta de su vida en Colombia a lomos de su gran pasión: la bicicleta.
Texto: Ainara Hernando. Foto: Ainara Hernando. -
Óscar Sevilla: “He aprendido a disfrutar del presente”
Óscar Sevilla: “He aprendido a disfrutar del presente”

En el maillot del Medellín que viste Óscar Sevilla, en la parte baja de uno de sus laterales, hay dos banderas junto a su nombre. La española y la colombiana. Así se siente él. “Soy colombiano y español”. No es para menos. “Colombia me ha cambiado mucho pero yo soy español. Tengo mis costumbres, allí está mi gente y extraño la gastronomía de allí. Pero en Colombia me han adoptado muy bien, tanto en lo deportivo como en lo personal. Se han entregado mucho a mí y me han hecho desde que llegué la vida muy fácil. Cuando corro una carrera con ciclistas colombianos, me siento como uno de ellos”.

Ya lleva unos cuantos años instalado allí, viviendo en Medellín. Ha echado raíces. De allí es Ivonne, la mujer que le ha cambiado la vida y se ha convertido en su todo. La madre de sus dos hijas, el acicate de motivación que necesita. Ella es su asesora, su psicóloga, su cuidadora. El centro de su mundo. En los más de veinte años que lleva como ciclista profesional, ella, toda su familia, es lo que le mantiene vivo e ilusionado para seguir adelante. A Óscar no le pesan los años. Normal. Ya se podía predecir con esa cara de niño angelical y siempre sonriente que mantiene, intacta desde que se hizo ciclista profesional en 1998 de la mano del Kelme.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces. También muchas cosas. La más importante que ha sucedido es que Óscar, desde hace ya un tiempo, es feliz. Plenamente. Ha aprendido a serlo. A estas alturas, asegura, “no mira en ganarle a ese o al otro, ni tampoco en reivindicarme. Es divertirme. Correr con los World Tour como aquí en San Juan es bonito, cuando atacan y poder irte con ellos pero para mi cada carrera es diversión y motivación. Y a veces no tienes que correr con los World Tour para sentir que tienes nivel. Me divierte lo que hago, tengo la ilusión como la de un niño y no solo por correr. También por entrenar. Aunque soy consciente de que pasan los años pero aún no me he puesto a pesar en la retirada. He aprendido a disfrutar del presente y de cada carrera”.

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Ha aprendido porque ahora sabe que cuando echa la vista atrás no disfrutaba. No tenía esa felicidad que ahora le imbuye. El secreto es el equilibrio, dice. Entre la familia, “que les encanta lo que hago, me acompañan, me motivan cada día y encima me lo consienten todo”, el equipo, el Medellín que en torno a él se ha construido y en el que se siente uno más, sin importar la edad ni la nacionalidad. Y claro, los resultados. Porque Óscar sigue ganando y siendo competitivo. “Gano una media de 18 carreras al año”. Entre ellas, esta Vuelta a San Juan en la que defiende el dorsal 1 por un triunfo, el del año pasado que le cayó meses más tarde tras el positivo de Gonzalo Najar.

Durante la charla, Óscar solo echa una vez la vista atrás. Y lo hace para compararse a él consigo mismo. “Es que antes era más cuadrado. Me creaba problemas en la cabeza por tonterías, donde no los hay”. Era más europeo. “Ahora lo pienso y sigo, ¿merece la pena estar así por esto? Cuando hay un problema hay que solucionarlo, con calma y tranquilidad, y no crearte dos”.

Asegura sentirse “un privilegiado por lo que hago. Me siento feliz aunque no todo es perfecto, claro. Lo más duro es estar lejos de mi hermano y de mis dos sobrinos pero me apasiona lo que hago. Ser ciclista y estar aquí. En Colombia hay una expresión que dice que se sufre pero se goza”.

En eso está Sevilla. 42 años, casi la mitad de ellos siendo ciclista profesional (desde 1998) y con 155 victorias en su palmarés. “Hay que ser realista, y yo sé que pierdo año tras año pero es poco porque me siento bien. Noto que tengo menos arrancada, que soy más diesel”. Aún así, todavía es capaz de poner en apuros a algunos de los mejores ciclistas colombianos con los que entrena. Con el que más horas de fatiga comparte es con su gran amigo Egan Bernal. “La bestia”, como él lo llama. “En una semana se pone como un toro. Hacemos entrenos de mucha calidad juntos. Antes de venir aquí hicimos uno que lo hemos bautizado el Apocalipsis. 242 kilómetros con 4.200 metros de desnivel. La última subida es de 50 kilómetros. Algunos de los que vienen con nosotros se tienen que coger un autobús para volver a casa”.

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Cuando entrena con el ciclista del Sky “en las subidas explosivas me suelta pero el resto le aguanto. Aunque antes le soltaba, pero es que del año pasado a éste ha dado un gran salto. Yo disfruto mucho con él aunque llegue muerto. Él y los demás me buscan para entrenar porque soy un buen medidor para ellos. ¡Yo creo que me utilizan!”, dice entre risas. Tantos kilómetros compartidos da además para muchas confidencias y amistad. “Tiene mucha clase y la cabeza buen puesta. Sabe a dónde va. Ojalá le salgan bien las cosas porque es muy bueno y entrena mucho, como una bestia. A lo campeón. Me sorprende la madurez que tiene para su edad”.

Él, en cambio, sigue viéndose como un niño. “Tengo esa ilusión y es gracias a mi gente. Mis hijas y mi mujer que me lo consienten todo. Yo solo tengo que pedalear. Me levanto y me hago el desayuno. Pero cuando vengo de entrenar, mi mujer ya me tiene la comida preparada, todo sano y mucha fruta. Y además ya ha llamado al masajista para que venga a verme. Me tienen como un rey. ¡Así no me quiero retirar!”.

Ella lo cambió todo. Ivonne lo salvó. “Yo antes me creaba un problema por algo que no existía y ella me hizo cambiar. Es mi todo”. Por eso, hablar de la retirada es algo todavía muy lejano. “El día que decida hacerlo nos sentaremos los dos a hablarlo y ya lo veremos”. Hasta entonces, ¿para qué pensarlo? No tengo ni idea de lo que haré aunque si me gustaría seguir ligado al ciclismo porque es mi vida. Aunque tampoco me voy a morir si no estoy en este mundo”.

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Lo que sí tiene claro es que “seguiré montando en bici toda mi vida, es lo que me apasiona. Con mis amigos, haciendo marchas o ironmans…”. Lo suyo es auténtica devoción. Amor puro y fiel por la bicicleta. Ya casi no quedan ciclistas así, que hablen con tanta ternura y cariño por lo que hacen. Son una especie en extinción. Sevilla en eso se parece mucho a Alejandro Valverde. Pura pasión y dedicación. Compartieron equipo en Kelme durante dos años, el 2002 y 2003 y desde entonces han mantenido una amistad inquebrantable. Por eso se alegró como nadie cuando vio al Bala convertirse en Campeón del mundo. “Sentí mucha emoción, felicidad y alegría. Compartí muchas cosas con él y se lo merece mucho, más después de la lesión por la caída del Tour. Nos dio una lección de superación a todos, de entrega. Es un ejemplo para muchos, ver esas ganas que tiene de luchar…se lo merecía. Lloré mucho ese día. Se me erizó la piel”.

En cierto modo, se vio reflejado en él. Sintió algo especial. “Me sentí identificado porque lo veo contento, a su edad y dando caña como uno más. Y no solo en el Mundial. Valverde es un ejemplo todo el año, gana todas las carreras. Gente como él es lo que necesita el ciclismo, los que honran todas las carreras donde va. Disfruta con lo que hace y también con cuidarse”.

Igual que él. “Aprendo mucho de Egan Bernal y del resto de ciclistas que tengo alrededor. De la alimentación sobre todo. Luego lo llevo a mi equipo, les digo cómo hacer las barritas, en qué podemos mejorar en el material. Me siento en constante evolución y me sigue motivando aprender cosas nuevas”. Así que queda Sevilla para rato, empezando por esta Vuelta a San Juan en la que, avisa, “vengo igual o un poquito mejor que el año pasado”. Como para retirarlo. Y cuando llegue, ya se verá. “No sé qué es lo que haré”, repite. “Mi gran preocupación son mis hijas, en darles una buena vida. Quizás me quede en Colombia o nos vayamos a otro sitio a vivir. A descubrir, que es lo que más me gusta”. Cuando llegue ya se verá. ¿Por qué preocuparse ahora?”.

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