Diario de La Vuelta: Hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 15)

Esta misma meta, pegada a la casa del 'Chava' Jiménez, la ha conquistado Rafal Majka también plagado de emociones. En la conferencia de prensa contaba el ciclista polaco que “hace cuatro meses falleció mi padre y eso me ha motivado más para ganar esta etapa”.

Ainara Hernando. Fotos: Photo Gómez Sport

Rafal Majka, exultante tras cruzar la línea de meta.
Rafal Majka, exultante tras cruzar la línea de meta.

Se presentaba día especial, día de emociones con el desembarco de La Vuelta en El Barraco y la maravillosa Sierra de Gredos y no ha defraudado. Más, eso sí, por el terreno, el lugar y el pueblo tan ligado al ciclismo, tan parte de la historia de nuestras páginas más épicas y legendarias que por lo que ha sido la carrera en sí. Amanecíamos en Oropesa (que no del Mar, ya bastante traslado tenemos esta noche tras la etapa como para añadirle más) y poníamos camino a la montaña abulense. 

La aproximación a la meta nos ha dejado sobrecogidos de la pena viendo las tierras quemadas de los últimos incendios, abrasadas y sin vida con todos los árboles calcinados por las laderas. Es imposible seguir hablando como si nada o escuchando música, cantando al ritmo de “Cuando zarpa el amor” que sale cada día sin falta en nuestro repertorio musical. Nos hemos quedado por un momento mudos, simplemente observando el destrozo que somos capaces como seres humanos de crear en nuestro propio entorno. 

El Barraco es un pueblo literalmente echado a la calle. Un pueblo con tanta tradición ciclista tenía que tener las cunetas abarrotadas y no han defraudado. La meta, situada en la Calle José María Jiménez ya daba una pista de dónde estábamos. Bastaba cruzar el arco de la llegada unos metros y justo antes de toparte con la zona mixta para la prensa a mano izquierda, el busto del ‘Chava’ en un jardín vallado ya deja bien claro de quién era esa casa, cerrada hoy a cal y canto.

Calle José María Jiménez, en El Barraco
Calle José María Jiménez, en El Barraco

Su memoria se respira en el ambiente como si estuviera aquí. Ésa es la magia de los hombres con carisma únicos como era él. Que da igual el tiempo que pase, porque siempre estarán presentes en el corazón de todos los que formamos la familia ciclista.

De esa familia es también otra que da gusto venir a visitar y abrazar y es la de los Sastre. Por meta se pasea Víctor, el padre, percursor, artífice y en buena parte responsable de que en El Barraco tenga hoy tanto arraigo el ciclismo. Nuestra sala de prensa está ubicada en el polideportivo que lleva su nombre. Un precioso homenaje para el incombustible Víctor, que está hoy embargado por la emoción y que incluso con la mascarilla que le cubre la boca y las gafas para protegerse del sol que nos abrasa, trasmite una alegría sin igual. 

Otro que también estaba muy emocionado era Diego Rubio, que ha pasado por su Navaluenga, plagada de gente para aplaudir a todo el pelotón y especialmente a él con unas cuantas pancartas para animarle. En la meta hablaba de lo “emocionante que ha sido venir por mis carreteras y llegar hasta aquí, me han venido todos los recuerdos de mis inicios, en la escuela de Víctor Sastre en la que aprendimos un montón de niños a andar en bici gracias a él”

Adam Yates, el único de los 'capos' que se movió.
Adam Yates, el único de los 'capos' que se movió.

Esa misma meta, pegada a la casa del Chava Jiménez la ha conquistado Rafal Majka también plagado de emociones. En la conferencia de prensa contaba el ciclista polaco que “hace cuatro meses falleció mi padre y eso me ha motivado más para ganar esta etapa”. 

Él ha puesto el espectáculo con su bonita cabalgada en solitario a la que algo ha ayudado también la tregua, un día más, que se han dado los grandes. Ni Enric Mas, ni Primoz Roglic quisieron guerra hoy tampoco. El que sí lo probó es Adam Yates que sacó algo de petróleo con unos segunditos que le lanzan derecho a la búsqueda del podio. Aunque al Ineos ahora le tocará también decidir quién es el jefe. Si mantienen su confianza en Egan Bernal o le trasladan toda la responsabilidad, viendo sus buenas piernas, al británico. 

Dijo Enric Mas al llegar al Barraco, tierra de leyendas y emociones, que “el trazado no era el mejor para tener esa batalla que se esperaba”. Ahora nos toca un largo traslado hasta Santander de algo más de cuatro horas. Y el trazado, tras el día de descanso de mañana cambiará. También el tiempo, dicen. Se acabó el buen tiempo. Quizás también, esperemos, el letargo.

 

Rafal Majka

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