Diario de La Vuelta: Hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 17)

Lagos de Covadonga nos recibe con frío y lluvia, y luego es testigo del final de una etapa para el recuerdo, marcada por el ataque lejano de dos ciclistas que emocionan: Egan Bernal y Primoz Roglic.

Diario de La Vuelta: Hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 17). Foto: Photo Gomez Sport
Diario de La Vuelta: Hoy en Pekín, mañana en Talavera (etapa 17). Foto: Photo Gomez Sport

Dos semanas y media llevando una térmica, un abrigo y las zapatillas de monte en el fondo de la maleta tenían que servir para algo. Y ese algo ha sido hoy, por fin. Los Lagos de Covadonga, las montañas, Asturias y el frío. Y la lluvia. Lo que todos queríamos y lo que todos esperábamos. Hoy se presentaba día largo y no importaba. Sabíamos a lo que veníamos. Y veníamos a jugar. Nos despedíamos de Santander temprano, pues había que estar en Cangas de Onís a media mañana para subirse al autobús que a toda la prensa nos iba a subir a los Lagos de Covadonga.

Ha costado, por los aficionados y cicloturistas, más de una hora para la ascensión y gracias a la pericia del conductor. La preciosa carpa de Unipublic nos recibía pegada al podio, a escasos 150 metros. Los lagos de Covadonga nos han recibido con nubes y unas cuantas gotas que pronto se han convertido en lluvia. Y lluvia que pronto se ha convertido en aguacero. Mientras comíamos, el primer gran momento del día, que ya se pronosticaba épico, era el ataque de Mikel Landa a 100 kilómetros de la meta. Suicida o no, loco o más que eso, pero el alavés ha encendido las emociones de todos.

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Foto: Ainara Hernando

Poco nos ha durado la alegría, pues enseguida ha sido cazado y más triste ha sido después cuando hemos sabido que se ha quedado a pie de los Lagos, abandonando la Vuelta. Esto era lo que estaba esperando Mikel, la llegada de este día, de su terreno y de un poco menos de calor. Ha forzado llegando hasta aquí esperando encontrar las buenas sensaciones que brillan por su ausencia en sus piernas. Pero no, en Asturias tampoco han llegado. Lo poco que tenía lo ha gastado en ese movimiento, nadie puede achacarle que lo ha probado y al menos se va con la conciencia de haberlo hecho. Pero no había para más.

El que sí nos ha emocionado es Egan Bernal, que ha cumplido con lo prometido. Le daba igual quinto que décimo. Morir matando. Y a 60 kilómetros de la meta nos levanta a todos de la silla con un ataque precioso de los que ya brillan por su ausencia en este ciclismo moderno. Suerte de ciclistas como ellos que además arrastran a grandes amigos, Katy y Mauro, que por fin han podido cruzar el Atlántico y están en la cima de los Lagos, prestos y dispuestos para llenar el alma con su cariño y sus abrazos y besos.

Ellos sufren por su amigo Egan pero dentro de sí, como todos, sabemos que poco o nada tiene que hacer con el ciclista enorme que se le acaba de pegar a la espalda y que no es otro que Primoz Roglic. En meta, Bernal se quita méritos a su ataque épico y dice que él no, que el valiente es el esloveno porque es el que más tenía que arriesgar con ese movimiento de lejos al que ha respondido y después remachado ya en la Huesera.

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Primoz Roglic. Foto: Photo Gomez Sport.

No le falta razón al colombiano. “Sin riesgo no hay gloria”, ya lo dijo Roglic hace algunas semanas. El caso es que hemos sido testigos de un gran etapón firmado por ambos, con un Bahrein que ha salvado los muebles del Movistar, con un equipo, el navarro, que no salió a ganar la Vuelta como prometieron y sí a mantener la plaza. Que tampoco es poco.

Que si alguien se merecía esta etapa era un corredorazo con todas las de la ley y ése es Primoz Roglic. Y nadie más. Ese ciclista que decían que en la tercera semana va a menos. Ese ciclista que se cae y ataca. Ese ciclista que con todo que perder, arranca a 60 kilómetros de meta. Ese ciclista que emociona como nadie.

 

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