Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

Se trata de un modelo muy polivalente, con el que podrás hacer un viaje con alforjas -gracias a sus múltiples soportes- moverte por la ciudad con la posibilidad de poner guardabarros, e incluso hacer salidas que rozan el MTB aprovechando sus generosos pasos de rueda.

José Pastor

Especial Bicis Gravel: test Niner RLT
Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

Volver a pedalear sobre una bici Niner es recordar el eslogan de su tubo superior: “Pedal damn it" (Pedalea, maldita sea). Parece que el aluminio se ha quedado un poco en tierra de nadie en la disciplina gravel, en la que cohabitan los acérrimos del acero y los entusiastas del carbono. Sin embargo, esta RLT tiene mucho que decir y lo demuestra con detalles como el trabajo en las vainas, que salen del pedalier con una pieza mecanizada, pasan a ser un tubo y terminan en la puntera en otra pieza mecanizada. Esto, junto a las soldaduras y el color gris, dan al cuadro un aspecto industrial.

Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

La horquilla sí es de carbono, lo que mejora la absorción en el tren delantero, e incluye multitud de soportes, entre los que destaca el específico para una luz delantera, muy útil para que quede en una posición baja. Lo único que no entiendo es por qué Niner no ha aprovechado el guiado de los cables por el tubo diagonal para introducir el latiguillo del freno trasero -aunque que sea externo facilita el purgado-.

Pedaleando, lo primero que me llama la atención es que roza la punta del pie con la rueda delantera al girar. La explicación es que han compensado la longitud extra de las vainas, necesaria para alojar cubiertas de 50 mm, reduciendo el tamaño del triángulo delantero y consiguiendo así una bici más compacta y menos perezosa con una dirección bastante ágil.

Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

Me gusta la transmisión de doble plato para aprovechar las zonas rodadoras -y potencia su capacidad viajera- y la facilidad para tubelizar las ruedas Stan’s No Tubes, que tienen una garganta suficiente para cubiertas generosas, aunque no son muy rígidas lateralmente.

Repaso el cuadro y me fijo de nuevo en el eslogan, que me motiva a disfrutar de una bici muy polivalente que me hace plantearme dos cosas: una, volver al aluminio porque en esta modalidad, con las presiones más bajas gracias al tubeless, las cubiertas hacen mucho trabajo aportando comodidad, y dos, tener sólo esta bici, en lugar de varias, porque vale para todo: un viaje con alforjas gracias a sus múltiples soportes; moverse por la ciudad con la posibilidad de poner guardabarros; incluso hacer salidas que rozan el MTB aprovechando sus generosos pasos de rueda con neumáticos de 700x50 o 650Bx2.0.

Especial Bicis Gravel: test Niner RLT

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