Javi Moreno, el ciclista que recuperó el presente

Rafa Simón nos acerca a la figura y trayectoria del jienense, actualmente en las filas del Delko-Marseille tras pasar por Andalucía-Caja Sur, Caja Rural, Movistar Team y Bahrain Merida.
Rafa Simón. Fotos: Bettini Photo. -
Javi Moreno, el ciclista que recuperó el presente
Javi Moreno, en el podio de la Vuelta a Andalucía de este año

“¡Javier, no quites las manos del manillar!”, reitera Gema. Leo ríe la ocurrencia de su hermano mayor. Se divierten juntos. El parque está repleto de posibilidades, de juegos. Llevaban toda la tarde deseando ir. Durante el día, en pleno Agosto, en Torredonjimeno, a escaso kilómetros de Jaén, el calor, insoportable y constante, adormece al pueblo hasta altas horas de la tarde, cuando cae el sol. Javi, apoyado en un banco, observa la escena entre risas. “Déjale hacer al niño, que disfrute el momento”, le pide a su esposa con discreción. Gema otorga. El presente. Sabe lo importante que es para él.

Javi hace ya tiempo que ríe a carcajadas las peripecias de sus hijos. Liberado. Ya no se lleva la mano a la boca como antes, casi por instinto. Ya no duele. Ya no sueña con la cara del médico que le atendió, cuando vio reflejado en sus gafas un ciclista que escupía sangre. Que no podía balbucear su dolor.

Respira. Sonríe. No puede evitar verse identificado en su hijo mayor, el que lleva su nombre. Un poco temerario. Él también era inquieto. Se pasó las tardes de su infancia jugando a fútbol. Pero, con 12 años, le encontraron un problema en el riñón derecho. Tuvieron que operarle. Entonces, su padre, que veía que su hijo no podía estarse quieto en casa, le dejó una bicicleta vieja que tenía en el desván, para que diera rienda suelta a su energía inagotable sin miedo a que le dieran un balonazo en el costado.

Sus salidas con el Club Ciclista Jaén descubrieron rápidamente a un chaval espigado que subía como un rayo las cuestas. Le animaron a que corriera. Su progresión fue meteórica. Hasta amateur, enrolado en el Ávila Rojas. Siempre en los puestos cabeceros en cada prueba disputada. Pero el paso al profesionalismo fue humilde. El Nicolás Mateos le ofreció un hueco tejido con pocos medios en un mundillo en el que se competía muy rápido. Cada carrera costaba. Tardó casi una temporada en concederse un puesto meritorio.

Tras otro año en el Extremadura, pronto llamó la atención de un equipo más grande. El Andalucía- Caja Sur. Donde corrían todos los chicos que destacaban en el Sur de España. Como una selección. Sembró progreso, un carnet como ciclista y muchos amigos. Pero se los quitó de un plumazo la mala gestión que se hizo en ese equipo. Cambió de aires muy a su pesar. Su progreso fue recompensado en el Caja Rural y, un año después, se produjo la llamada que dio sentido a todo. A años de sacrificio. De tesón: “Tienes a Eusebio Unzué esperando al teléfono”, le dijeron un día. No se lo podía creer. La charla fue escueta. Que probara en el equipo y que ya se vería como podría funcionar mejor. El “si” fue rápido. No era ningún “neo”. No era necesaria ninguna integración. Sólo trabajo.

Javi Moreno: “el ciclista que recuperó el presente”

Javi Moreno en su época del Movistar Team. La imagen es de 2014.

Pronto, encontró su rol. En las vueltas pequeñas, tendría libertad. En las grandes, debería vaciarse por los grandes líderes. Su entrega, en favor de otros. El trabajo más satisfactorio no tardó en llegar. Tan sólo llevaba un mes con el equipo. En enero de 2012, en plena ascensión al explosivo Willunga Hill, Javi, con Alejandro Valverde pegado a su rueda, ayudó al murciano a eliminar a todos los rivales. Lo dejó sólo frente a la victoria en el Tour Down Under de aquel año. Valverde estalló de alegría. Era su primera victoria tras la suspensión por dos años. Luego, esperó a que llegara Javi. Le Abrazó: “¡Tío, lo hemos hecho!”, le gritó al oído mientras sacudía a manotazos su espalda.

Alejandro Valverde, “el Bala”, era diferente al resto. Un líder llano. Sencillo. Cercano. Como un cicloturista. Sin exigencias. Sus victorias las proclamaba en plural. Javi se sentía partícipe. Le invitaba a entregarse a cada momento. Fueron años gloriosos. El equipo ganaba. Él, crecía. Aunque, a veces, cuando corría una carrera, sin darse cuenta, apenas la disfrutaba. Pensaba en la siguiente. Como si el presente, no importara.

Tiempo después, en 2017, fichó por Bahreim. Con otra misión. Otro líder a quién ayudar. Pronto descubrió a otro hombre igual que “el Bala”. Vincenzo Nibali lo quería como uno de sus hombres de confianza. Aceptó sin dudarlo. Compartió “training camps” con un líder, pero también con un nuevo amigo. Nibali, como Valverde, era pura sencillez. Ajeno a la imagen de súper estrella que tantas hojas de periódico protagonizaba. Para Javi, tras cada entrenamiento, era fácil encontrar cualquier tema de conversación con él. Desde la primera concentración juntos en el Teide.

Por eso, al igual que en Movistar, tras disputar “su” Vuelta a Andalucía, dedicó la temporada a su nuevo líder, que buscaba brillar en el Giro y en la Vuelta. Sin embargo, las cartas parecieron volverse en contra de Javi. En la cuarta etapa del Giro, en un lance con Diego Rosa, perdió los nervios. Discutieron. Le agarró del maillot. Un Helicóptero grabó la acción. Estaba descalificado de la carrera.

Javi Moreno: “el ciclista que recuperó el presente”

En 2017 Javi Moreno corrió en el Bahrain Merida de Nibali.

No hay día que no se lamente. Desde aquel día, su cabeza empezó a jugarle malas pasadas. A reprocharle su acción. A no querer acompañar el trabajo que tenía labrado en sus piernas. Cayó en depresión. Volvió a la competición en la Vuelta a Suiza, luego vino el Tour. El sueño para muchos corredores. Para él, en cambio, tan sólo fue ir a perder el tiempo. Sin ganas. El anti-ciclismo.

Sin embargo, Nibali seguía confiando en él, quería que estuviese en el equipo que le ayudara a ganar la Vuelta a España. Javi decidió marcarse un plazo consigo mismo. No más auto-compasión. Pero, en la segunda etapa, sin saber apenas como, en un frenazo, cayó al suelo. Sin tiempo a cubrir la cara con sus brazos, impactó de lleno con su mandíbula. Escupió dos dientes antes de que llegaran los médicos. La mala suerte, volvía a increpar su destino.

Pero la desgracia, no vino sóla. Mientras trataba de recuperarse en su casa, recibió un mensaje del equipo. Bahrein no renovaría su contrato. Pronto se vio acosado por los pensamientos más oscuros. El ciclismo, ¿de qué le servía? Golpes. Un contrato roto. La mandíbula fracturada. Nada parecía merecer la pena. Fue entonces cuando, su núcleo más íntimo, entró en acción, sembrando un fortín a su alrededor: Sus padres, su hermana. Y por supuesto Gema, su mujer. “Mira a los niños, Javi, levántate por ellos”, le dijo un día.

Entonces, se ofreció de nuevo al ciclismo. Una última oportunidad. Muchos equipos le dieron la espalda. Sin embargo, un modesto equipo francés, el Delko Marseille Provence KTM, se interesó por su situación. La firma fue rápida. Pero su entorno le avisó. Le pidieron que supiera que, los grandes medios, las grandes concentraciones a nivel World Tour, iban a desaparecer. Su destino iba a ser el de un ciclismo de familia, como antes, pero también modesto.

Javi Moreno: “el ciclista que recuperó el presente”

Javi Moreno en el podio, como ganador de etapa y líder del Tour de l´Ain, el pasado mayo. Foto:@Delko_MP_KTM

Por eso, Javi, el pasado invierno, trabajó mucho el lado mental. Más que las piernas. A cambio, Delko le devolvió al ciclismo. Ahora es uno de los líderes del equipo. Con galones. Con experiencia para estar encima de Ángel Madrazo, para que no se ponga nervioso en carrera. Los más jóvenes también se acercan a él. Le preguntan cómo es Valverde, Nairo Quintana o Níbali. Vincenzo nunca se olvidó de él. Tras terminar la Vuelta a España, le envió un gran regalo a casa, igual que al resto de compañeros. Y lo acompañó de un mensaje: “Javi, sé que no has podido dar todo lo que tenías dentro, pero yo quiero que te sientas como uno más. Trabajaste duro para acompañarme. Desde el invierno. Recupérate pronto”. Oro en paño.

También ha descubierto nuevos amigos. Su director, Gorka Guerrikagoitia, es fundamental en su vida. Le dio el mejor consejo que jamás recibió en su carrera deportiva. Le pidió que se olvidara de lo que le había pasado, o de lo que le fuera a pasar. “Cuando corría, yo también era como tú. Pero, un día, me di cuenta de que la vida, el ciclismo, cada carrera, es presente. No lo olvides”, le dijo un día.

Y con Delko ha conseguido la victoria más importante de su carrera. Fue modesta, labrada en el desierto que dibuja las carreteras por las que discurre el Sharjah Tour, pero llegó tras su deseo de dejar el ciclismo. Ahora, la vida sigue para él. Aunque a veces duela, como los reproches por no haber sabido levantar la cabeza tras el Giro del año pasado. O como su boca. Se le infectó una pieza bucal en la Paris Niza. Le dejó sin fuerzas. Volvió a resurgir en una prueba pequeña, en Aragón. Pero Fred Rostaing, el mánager de su equipo, le dijo que se sentía orgulloso. Porque le había visto mal. Y salir del pozo nunca es fácil.

“¡Javier, con cuidado!”, reitera Gema. Su hijo parece haber olvidado que la bici tiene frenos y que Leo, que le espera al final del recorrido que han dibujado, no es un poste. Él vuelve a reírse a carcajadas. La boca no duele y, la vida, le sonríe. Siempre en presente.

Rafa Simón (@Rafatxus)

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