Álvaro Cuadros: el saque directo desde Caja Rural-Seguros RGA

Su pasado comenzó precoz. Precocinado entre talentos belgas. Su futuro, en cambio, se encarriló en la senda del paso a paso. Hoy, su trabajo comienza a dar sus frutos en el Caja Rural-Seguros RGA.

Álvaro Cuadros: el saque directo desde Caja Rural. Foto: Photo Gomez Sport
Álvaro Cuadros: el saque directo desde Caja Rural. Foto: Photo Gomez Sport

Álvaro mastica en silencio. Atrapado en sus propios pensamientos. La vista que ofrece su ventana invita a la calma. El azul intenso que pinta el cielo es tan relajante como frío. Hasta hace poco llegó cargado de nieve. Sierra Nevada es la Andalucía gélida. La que encierra objetivos que se maduran en silencio. La que alberga guerreros. La que, con la majestuosidad de su altura, pronostica la lucha que se librará semanas después.

Maximiliam Schachman pasó unos días allí con él. Recordaron juntos sus inicios. El alemán le contó que iba a por todas en la Paris - Niza. Que las sensaciones que le estaba dando la magia de Sierra Nevada estaban surtiendo efecto. Álvaro sonrió. Sus objetivos son más humildes, aunque vinieran embalados en la misma cesta.

A él también le hablaron de hacer cosas grandes. Se lo decían los ojos de su hermano mayor cada vez que corría carreras con su bicicleta. A Paqui en cambio, le llevaban los demonios. Pedro la dejó demasiado pronto a cargo de sus hijos. Se lo llevó un cáncer. Y, sola, le costaba un mundo acostumbrarse a ver a un hijo metido en un pelotón de chiquillos alocados que soñaban con ser Alberto Contador. Por eso, cuando Álvaro le dijo que también le gustaba el ping pong, no tardó nada en comprarle una raqueta. Pero la mesa donde pegar los raquetazos llegó demasiado tarde. Su insistencia valió para que le inscribiera en el Club Ciclista Antonio Miguel Díaz ubicado en Granada.

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Foto: Caja Rural-Seguros RGA

Álvaro, sobre su bicicleta, aprendió prematuramente a volar. Era certero como sus puntos de saque directo. En su primera carrera ganó un Campeonato de Andalucía y, poco tiempo después, en su último año como juvenil, se hartó de ganar carreras. Sin apenas tiempo de asimilar su calidad, cuando sus 18 años le pedían sacarse el carnet de conducir, un mensaje por Facebook le invitaría a cambiar de planes. “Soy Johan Molly, un auxiliar del Quick Step. Te he visto correr y me gustaría invitarte a una concentración del equipo filial en Bélgica”, le escribió. Era un reto a su destino.

Paqui tuvo que aceptar que su hijo se fuera de casa demasiado pronto. “Mamá, que me han cogido, que voy a tener que vivir en la República Checa”, le dijo un día por teléfono. Álvaro había sido el primero en escalar las empinadas cuestas que crecen entre adoquines y que describen el ciclismo flandrien. Había sido más rápido que otros jóvenes talentos como Filippo Gana, Mads Wurts, Mads Pedersen o Tiesj Benoot.

Entonces llegó el vértigo. Primero con el Ettix y luego con el AWT-Greenway se empezó a hacer ciclista. Sin pasar por el campo amateur, las carreras se hacían duras. Debutar con 18 años en la Vuelta a Andalucía quizás llegó demasiado pronto. En la primera etapa tuvo que bajarse de la bicicleta. A cambio, compartir pelotón con Bradley Wiggins o Jens Voigt le daba la vida.

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Cuadros durante una etapa de la Volta a Catalunya 2019. Foto: Photo Gomez Sport

Tras aquellos dos años, el equipo belga le dijo que no se preocupara, que seguiría otros dos años más. Pero a su casa de Granada nunca llegó un contrato que rubricara las palabras de Zdenek Bakala, Mánager del equipo. Paqui vio que su hijo no tenía aquel brillo en los ojos de siempre. “Hijo. Tu vales más que aquellas palabras vacías. Seguro que habrá una solución”, le dijo.

En Octubre, ya sin tiempo de encontrar otro equipo, el apaño llegó del campo amateur. A sus 20 años, aun era joven para demostrar que tenía calidad en sus piernas. Enrolado en el Caja Rural-Seguros RGA amateur, apeló a la magia de Sierra Nevada. A invocar guerras. La suya sería en el escenario más emblemático de la categoría: el Memorial Valenciaga. En 2017, bajo el gris lluvioso que siempre tiñe Eibar en abril consiguió alzar los brazos. Meses después, Juanma Hernández, Mánager del primer equipo, le dio las llaves de su nuevo destino. “Te has ganado una segunda oportunidad en profesionales, espero que la aproveches”, le dijo escueto.

Caja Rural-Seguros RGA se convirtió en la segunda familia que pudo haber conocido en Bélgica. Esta vez, acostumbrado a la multiculturalidad de las mil y una nacionalidades de los portentos que eran reclutados por toda Europa que había conocido antes cambió por rostros desenfadados de chavales de la zona. Los adoquines por carreras en asfalto fino.

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El ciclista granadino durante la reciente Settimana Coppi e Bartali. Foto: Bettini Photo

Y no fueron pocos los días en los que tosió sufrimiento. En los que peleó hasta la extenuación por seguir el ritmo del pelotón. En un Tour de Limousin, a las primeras de cambio, se vio sólo. Como un marinero abandonado en alta mar, nadó contra las olas para alcanzar la costa del alivio. Sabía que el ciclismo es ingrato. Que a cambio de penar, ofrece muy pocos días en los que poder celebrar algo. Y ocasiones, aunque pocas, las ha habido. Una, fue agridulce. En la Volta a Portugal, acertó a escoger la fuga ganadora pero, a cambio, la suerte le repartió las cartas equivocadas.

A cambio, en la pasada edición de la Vuelta a Andalucía, la magia de Sierra Nevada se alió con él. Le preparó lo suficiente para que, en la cuarta etapa, la que terminaba en el Paseo de la Bomba de su Granada natal, empujara su nombre entre los de Mikel Landa o Ion Izaguirre. Aquel día, llevó su cuerpo al límite más hermoso. El de pasar agónico ante los ojos de una madre orgullosa. Paqui jaleó su nombre. Álvaro la escuchó con nitidez a pesar del griterío. Y seguro que no estaba sóla. En alguna parte, Pedro, de alguna manera, también celebró el esfuerzo de su hijo.

Al fin y al cabo, para Paqui, lo mejor era verle con una raqueta de ping pong en la mano. Pero, ni con aquella mesa que le compró, donde hacía sus puntos de saque directo, pudo despertarle el brillo en los ojos que le dio el ciclismo.

 

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