Connor Swift: el inglés que venció en la Tro Bro Léon

Su juventud no está exenta de gestas. Fue campeón nacional en 2018 corriendo como Continental. Amante del ciclismo a la antigua corrió su primera París- Roubaix bajo el barro y la lluvia muy cerca de los grandes.

Connor Swift en una imagen de esta temporada
Connor Swift en una imagen de esta temporada

El polvo al paso por los viñedos a las afueras de Tours le ha pintado sus largas piernas en tono pardo. A cambio, su tez permanece blanquecina. Esa es la imagen que imaginó que le acompañaría en su primera incursión en la París- Roubaix. Al menos, desde que se interesó por el ciclismo es como vio llegar a cada vencedor. Pero nada fue así. Todo lo contrario. Y así es como él quiso que fuera.

Años atrás, nada de esto interesaba a Connor. Como cualquier adolescente de Thorne, la pequeña localidad inglesa donde nació, sus ratos libres estaban atrapados por la importante tradición al fútbol o al rugby de la región. Más adelante probó en el triatlón pero rápidamente se dio cuenta de que era la bicicleta la que realmente le hacía disfrutar. Fue entonces cuando encontró un trabajo de estudiante a media jornada mientras probaba suerte en categoría juvenil.

Además, no era el único en la familia Swift que daba pedales. Su primo Ben, al que apenas había prestado atención antes como deportista, ya era ciclista profesional. Ben se prestó a acompañarle en sus entrenamientos invernales. Cada año, acompañaba sus pedaladas con explicaciones sobre nutrición, como moverse en el pelotón y, escrutando sus progresos, sobre qué carreras le irían bien.

Con su altura y rapidez, Connor parecía estar hecho para rodar fuerte cara al viento. Y, tras pasar con 19 años a profesionales con el Madison Genesis, puso en práctica la mejor de sus armas: la incesante necesidad de pasar al ataque.

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Campeón británico en 2018, con sólo 22 años, Swift llegó al Arkéa Samsic a mediados de la temporada 2019.

En 2018, con sólo 22 años, durante la disputa del Campeonato nacional, arrancó del pelotón sin mirar atrás. Sin ningún complejo, desafió a los grandes favoritos. No paró hasta llorar en brazos de sus padres tras cruzar la línea de meta. Ganar un Nacional es conseguir una victoria con memoria, porque da derecho a llevar la bandera de tu país bordada en una esquina de la manga hasta que tu carrera termine.

Su gesta la celebró Chris Boardman, aquel tipo que peleaba hace décadas por conseguir records de la hora con bicis extravagantes. Connor utilizó una bicicleta de su marca en su época de juvenil. De edición limitada. Y las primeras bicicletas nunca se olvidan.

Pero, lo más importante es que su victoria le expuso ante el ciclismo. Aquel chico pelirrojo y espigado entró en la órbita del Dimension Data, que lo reclutó como stagiaire hasta final de temporada. Sin embargo, a pesar de sus resultados, no le ficharon para el año siguiente, lo que decepcionó a Connor, teniendo que regresar a su antiguo equipo de nuevo.

Pero se negó a rendirse. El año siguiente su agente habló con André Greipel. El potente sprinter alemán necesitaba alguien más para ser parte de su treno en el Arkea Sámsic, equipo donde militaba en aquel momento. A mediados de temporada firmó por el equipo galo.

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El británico del Arkéa, en la fuga de la 12ª etapa del Tour´2021. Foto: Charly López (ASO)

Su capacidad de adaptación fue rápida. En 2020 el equipo francés le seleccionó para disputar el Tour de Francia. Su papel estaba claro, defender la opciones de Nairo Quintana en las etapas llanas. El año siguiente la estrategia cambió. Tendría más libertad. Tanta como para probar suerte en la fuga de la etapa 12. Filtrado en una veintena de corredores su director le señaló la rueda de Nils Politt: Si salta él, saltas tú”, le dijeron desde el coche. Lo hizo la primera vez, pero no la segunda. Con rabia le costó asumir un puesto, undécimo, que supo a poco. Pero el ciclismo da y quita y, un mes antes, le había dado mucho, a pesar de su error.

La Tro Bro Léon es una clásica apreciada en Francia, similar a la Strade Bianche pero sin el pedigrí, aunque con el mismo encanto. Connor la conocía, y la ansiaba. Aquel día consiguió seleccionar un pequeño grupo, pero no supo deshacerse de él. Asumió que sus opciones de victoria estaban hipotecadas al sprint. Por eso arrancó con decisión en la última curva. Sin embargo, celebró su victoria demasiado pronto. Al alzar los brazos sintió que el manillar de Piet Allegaert, del Cofidis, había pasado demasiado cerca.

Bramó su rabia esperando un segundo puesto tras la decisión de los jueces. Sus compañeros le animaron por el trabajo pero, durante la interminable espera él repetía lo mismo: “He hecho segundo, estoy seguro, ¡maldita sea!”, se lamentaba. Cuando escuchó por el altavoz su nombre como ganador, gritó aliviado. Y poco después, a finales de agosto, prolongaba su racha de victorias conquistando la general del Tour Poitou-Charentes en Nueva Aquitania. 

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Connor Swift celebrando su victoria en la clásica Tro Bro Léon. Foto: William Cannarella / Bettini Photo

Connor es un ciclista a la antigua usanza. Por eso, hace una semana, se alegró de correr su primera París- Roubaix bajo la lluvia. Con el rostro empapado en barro. Con el maillot envuelto en la esencia histórica de la carrera. Sintiendo el frío. Pasando por cada tramo de pavés con una velocidad que realmente parecía desafiaba los brillantes y húmedos pedruscos. Pero la carrera se apiadó de él. No le llevó al suelo. Tampoco pinchó. Le dejó rodar con el grupo de Wout Van Aert casi hasta los últimos kilómetros de la carrera y, como guinda, pudo entrar en el velódromo de Roubaix a solas con Philippe Gilbert. Con timidez sintió que, de todo el griterío de los aficionados, un poco fue para él también.

Maldita sea, he pinchado”, avisa por radio. Con resignación desciende de la bicicleta. La carrera hoy no será para él. Pero no importa. El mejor consejo se lo dio a sí mismo hace mucho. Detrás de un mal resultado puede llegar uno mejor. A veces meses después. Esta vez ha sido al revés, lo bueno llegó antes. Pero, igualmente reconfortado, cruzará la línea de meta de Tours orgulloso. En el equipo valoran su tesón, su crecimiento como clasicómano, como hombre de equipo. Sus avances con el francés son notables. Quién sabe, quizás llegue alguna vez a ser como Dylan Van Baarle o Ian Stannard, sus referentes. A sus 25 años, de momento ya es el primer ganador inglés de la Tro Bro León.

 

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