Gotzon Martín: la foto futura del Euskaltel-Euskadi

Samuel Sánchez, Iban Mayo, Roberto Laiseka... sus logros reposan en las fotos del Aula Pedagógica de la Fundación Euskadi. Él no se cansaba de mirarlas cada vez que, de niño, visitaba las instalaciones. Hoy, años después, Gotzon aspira a que su trabajo se vea reflejado en una de esas fotos.

Gotzon Martín: la foto futura del Euskaltel-Euskadi
Gotzon Martín: la foto futura del Euskaltel-Euskadi

“¿Qué tal Gotzon, lo de siempre?”, le pregunta el camarero. Él asiente. Vestido de calle se disfraza de un chaval del pueblo más. Aunque Orozko, enclavado en la Vizcaya de interior, sabe abrigarle más que nadie. Cuando está allí, no hay bici que valga, al menos por unos días. A cambio, prefiere regalarse pequeños ratos de sosiego en el Itxina. Un bar de esquina donde quedar con los amigos.

Bajo unos vaqueros de corte moderno, las piernas aun le recuerdan los excesos de la Vuelta a Valencia. El esfuerzo de haber seguido la estela de Enric Mas en la etapa reina describe los rasgos de un veinteañero de mentón afilado y mirada suave que, bajo el maquillaje de luces y sombras que le ha pintado el sol levantino, aún conserva la energía suficiente para que el cansancio acumulado no tape su carácter extrovertido.

Unas calles más allá suben hacia su casa. La de toda la vida. Donde, desde bien pequeño, en cada viernes de invierno, junto a su hermano Josu, hacía su maleta para irse con sus padres a Candanchú. Allí, con el Club Ski Navarra, practicaba Ski Alpino primero, y tiempo después, con la selección de Euskadi, la modalidad de travesía. En verano, en cambio, era sólo un niño vestido con un maillot del Naturgas que casi le tapaba los pies. Así acudía al Aula pedagógica de la Fundación Euskadi, donde pasaba ratos observando con atención las fotos de todos aquellos tipos vestidos de naranja que hicieron historia en el ciclismo vasco. Luego, junto a otros niños, salían a dar una vuelta con la Mountain Bike entre choperas. Pero a él, lo que de verdad le gustaba, era la bicicleta de carretera. Por eso, se apuntó al Ugao de Miraballes, el pueblo más cercano con escuela de ciclismo.

Durante su adolescencia, entendió que los deportes de invierno no daban para vivir, no así la bicicleta. Además, los logros de Samuel Sánchez iluminaban su mirada, empapada del naranja que veía en las etapas pirenaicas del Tour.

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Gotzon Martín en la Clásica de Ordizia del pasado año. Foto: Photo Gomez Sport

Por eso, en su último año de juvenil, tenía claro que en su teléfono tenía que aparecer la llamada de Jorge Azanza, ex corredor de Euskaltel Euskadi y nuevo director del equipo amateur. Pero su progresión fue inversamente proporcional a la crisis que sufrió la Fundación. Desaparecido el equipo del World Tour y el Continental creado posteriormente, lo que le ofrecieron fue al menos crecer a rueda de Mikel Aristi y Mikel Iturria. Emborracharse de sus triunfos constantes con la esperanza de heredarlos. Pero Gotzon no era un ganador. En cambio, fue la regularidad la que hizo que, tras tres años de amateur, un amigo suyo le llamara para darle el mejor regalo en plenas fiestas de su pueblo.

Mikel Landa es un tipo con el que apenas habla de ciclismo. Durante sus entrenamientos prefieren hablar de la vida. De los que les ocurre. Pero Landa quería salvar a la Fundación. Y puso de su parte para crear un equipo continental que también fuera naranja. Que llevara el sello de Euskaltel. Y de Euskadi. Y le ofreció ser parte de él.

Landa le dijo a Gotzon que no se obsesionara si el último año no le había dado demasiados buenos resultados. Que el cuerpo cambia. Y que debía escucharse. De Azanza, que pasó a dirigir el equipo profesional, se quedó con su mensaje directo. Con las enseñanzas que se dicen con la vena del cuello inflamada porque van envueltas en pasión.

Gotzon, a cambio, juró tener las orejas bien tiesas. Aceptó subirse en una noria de emociones que quería controlar. Descubrió que, lo que un día es gris y frio, cambia de color con una buena ducha en un hotel. Y que no siempre hay un guion escrito. En el Tour del Porvenir de 2018 que disputó, los periódicos esperaban al joven talento colombiano que venía de imponerse en la Vuelta a Burgos. En cambio, fue un joven esloveno llamado Tadej Pogacar el que sentenció la prueba.

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En el podio, como ganador de la Clasificación de la Montaña de la Vuelta a Burgos 2020. Foto: Photo Gomez Sport

A él, la Vuelta a Burgos también le ha dado mucho. El año pasado, Azanza le dijo que probase a coger la fuga del primer día para disfrutar del maillot de la montaña un par de días. Gotzon asintió entre dudas. A Burgos llegaban muchísimos corredores de nivel ansiosos por competir tras la pandemia. ¿Cómo iba a conseguir él ser el líder de la Montaña? En la salida de la última etapa, Gotzon era un mar de nervios. Seguía siendo el dueño provisional de aquel maillot. Debía volver a buscar la fuga, como en los días anteriores. De lo contrario, sin Renco Evenepoel volvía a imponerse en el Alto de Neila, como ya lo había hecho en el Picón Blanco días atrás, lo perdería.

A pesar del trabajo de su equipo, Gotzon no consiguió coger la fuga. Por eso, cuando el pelotón rodaba ocupando toda la carretera a 40 segundos de los escapados, salió como pudo por la cuneta para poder alcanzarlos. Cuando lo hizo, tras sumar los puntos correspondientes en los pasos montañosos previos, reptó por las inacabables rampas de Neila preguntando a los aficionados si Evenepoel había ganado la etapa. Sólo en la llegada supo que, gracias a que su amigo Mikel y a Ramiro sosa habáin precedido al belga, el maillot le pertenecía.

Pero el ciclismo, además, le ha regalado otras cosas. “Tío, nosotros vamos a estar en Ermualde sea como sea”, le dijeron sus amigos hace unas semanas en el Itxina cuando Gotzon les confirmó que correría la Vuelta al País Vasco. Para ello debía coger la fuga de la tercera etapa. La que salía de Amurrio. Aquel día Gotzon suplió la imagen de una Itzulia semi desnuda de aficionados por la pasión de sus amigos a pie de cuneta. El griterío de los que se acercaron vestidos de naranja le recordó las imágenes del gentío agolpadas en los cuadros que visten el Aula pedagógica  de la Fundación Euskadi a la que acudía de pequeño.

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Gotzon Martin lleva desde 2018 en la Fundación Euskadi. 

Por eso, tras terminar agotado aquella Itzulia, pidió a Azanza en el autobús del equipo no correr la semana siguiente en Valencia, pero su Director le pidió que lo hiciera. “Los esfuerzos de ahora los vas a asimilar allí”, le retó.

Fue la energía que necesitaba para dejar el resto camino del Alto de la Reina. Con la cara sonrojada en esfuerzo se atrevió a salir a un ataque de Enric Más. A mantener la rueda de su compañero Luis Ángel Maté. El andaluz siempre le dice que parece su sombra. Y él no lo niega. Como tampoco contradice a quien le recuerda que es feliz rodando con su jefe. Porque de Mikel Landa recibió el mayor de los regalos. Ser parte del equipo profesional de la Fundación Euskadi. Quién sabe. Tras ese refresco, en aquel bar de Orozko, se esté tomando un trago uno de los próximos protagonistas de las fotos que la nostalgia mantiene fijas en aquella Aula.

 

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