Julien, la rama independiente del apellido Bernard

A pesar de las inevitables comparaciones con su padre que siempre le han hecho, el ciclista del Trek-Segafredo ha sabido labrarse su propio camino.

Julien Bernard (Trek Segafredo), tirando del pelotón (Photo Gomez Sport)
Julien Bernard (Trek Segafredo), tirando del pelotón (Photo Gomez Sport)

A Julien a veces le condena su sonrisa amable. Su mirada oscura y educada. Era la misma que tenía a su edad Jean François Bernard, su padre. Es recurrente recordarle que su progenitor fue un campeón. Que le sobraba clase. Aludir a una comparativa injusta en la que su apellido parece querer atraparle con grilletes. En cambio, Julien se considera independiente de la sombra de su padre, caracterizado por  un carácter que se asemeja más al de su madre. Pero, lo quiera o no, sus piernas ruedan con la misma humildad que las de su progenitor.

El primer escollo que Julien tuvo que pasar para ser ciclista fue el de su propio padre. Tras cinco años jugando al fútbol un día le dijo que quería ser ciclista. Jean François al principio se opuso. Sabía que era un deporte duro, pero Julien insisitió hasta cinco veces. “De acuerdo, mañana te compro una bicicleta y el domingo que viene correrás una carrera”, le respondió.

Aquel día Julien acudió sin entrenar, tal y como quería su padre, para que tuviera una mala experiencia y aparcase definitivamente la idea de ser ciclista. Terminó la carrera en última posición. Sin embargo, lejos de rendirse, entrenó duro semana tras semana. Años después, sus resultados como amateur atrajeron la mirada del ciclismo profesional.

Julien y Jean Francois Barnard
Julien (izda) y su padre Jean Francois (der) en una imagen de su época en el Banesto (1991-94).

Jean François nunca había sido de dar consejos a su hijo. Ni de estar detrás de sus entrenamientos con un cronómetro en la mano. Pero sí que le había hablado de la bondad de Miguel Induráin y del maillot que le regaló el navarro tras su victoria en el Tour de 1992, donde trabajó para él. “Hijo, yo aprendí muchísimo fuera de mi zona de confort, con el Banesto. Mi consejo es que corras en un equipo extranjero”, le dijo un día.

Julien escuchó a su padre y aceptó formarse como stagiaire en el equipo Trek. En su segunda carrera a prueba, en el Tour del Colorado, Julián Arredondo, el líder del equipo y para el que debía trabajar, sufrió una caída que le obligó a la retirada. En el equipo las órdenes cambiaron: “Eres el siguiente en la general, haz lo que puedas por hacer un buen puesto”, le dijeron. Julien finalizó décimo y como premio obtuvo su primer contrato de profesional.

Desde el principio siempre tuvo claro que prefería ser un buen gregario antes que un mal líder. A su lado, el luxemburgués Laurent Didier le enseñó como realizar su trabajo. “Sé la sombra de tu líder. Que nunca le falte de nada. Ni agua, ni comida, que no tenga que mostrarse al viento. Cuanto mejor lo hagas, más tiempo serás ciclista”, le explicó.

julien bernard
Foto: Photo Gomez Sport

De todos los líderes a los que ha tenido que apoyar, dos le han marcado especialmente: A Bauke Mollema le conoce bien. Sabe lo que necesita en cada momento, pero hubo otro que fue especial. Hace unos años, en 2017, acudió a la Vuelta a España a apoyar a Alberto Contador en la que iba a ser su última carrera como profesional. Admirado por su tesón, no dudó en dejarse la piel para que el pinteño estuviera siempre bien asistido. Sobre todo el día que alzó las manos en el Anglirú. Tras casi veinte minutos, Julien cruzó la línea de meta tan agotado como feliz por la victoria de su compañero.

Cuando llegó, a Contador ya se lo habían llevado al podio. El retomó el camino del autobús carretera abajo escoltado por la humildad de quien sabe que pedalea bajo el abrigo de una cara desconocida para el público español. Ya en el hotel, cuando Contador entró entre los aplausos de sus compañeros, el pinteño se dirigió uno por uno a todos ellos. Cuando llegó su turno, Julien se ruborizó: “Muchas gracias tío, me has ayudado mucho”, le dijo.

Aunque, si le dan a elegir otro gran momento de sacrificio anónimo, sin duda evocaría aquel discurso de Thomas Voeckler en Imola, previo a la disputa del Mundial de ruta de 2020. “Si estáis aquí es porque cada uno de vosotros va a jugar un papel decisivo para que de una vez hagamos historia y Alaphilippe pueda alzar los brazos. ¡Vamos a aunar todas las individualidades para Francia!”, jaleó. Aquel día Julien sólo se bajó de la bicicleta tras entregar un agónico último bidón a Alaphilippe. El guiño de su compañero fue lo último que vio en aquella carrera antes de verle en lo más alto del pódium.

Julien Bernard Mont Ventoux Denívele Challeng
Julien Bernard en una imagen del Mont Ventoux Dénivelé Challenge de este año (Photo Gomez Sport).

Pero, a pesar de su rol de trabajador, el equipo también le ha dado libertad en alguna ocasión. Una de ellas fue el año pasado, en su participación en el Tour de los Alpes Marítimos. Durante la tercera y última etapa, escapando de la vigilancia de los hombres que se jugaban la victoria final, Julien pudo alzar los brazos honrando así el esfuerzo poco reconocido del que siempre trabaja para los demás.

Ya lleva seis años en la estructura del equipo americano con un contrato que se sigue ampliando en el tiempo. Sus galones aumentan cada vez que el equipo le lleva a las carreras más importantes, pero su actitud sigue siendo la misma. La de un tipo discreto ante los medios, pero fiel ante los suyos. Que peleó duro para que su padre, ese gran gregario con el que muchos le comparan, aceptara que siguiera su camino.

Hoy Julien no sólo ha conseguido labrar su propio camino, aunque sea consciente de que nunca será tan exitoso como el de su padre. También ha conseguido algo más importante aún. El orgullo de Jean François de que su apellido siga siendo útil a los grandes líderes del ciclismo. 

 

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