Kenny Molly: el tesoro de Johan, el caza fugas del Bingoal

Kenny ya no es aquel chaval que corría para divertirse. Tras debutar como profesional en 2016 en el Klein Constantia -donde coincidió con Enric Mas, García Cortina, Schachmann y Cavagna- y tras algún tiempo como stagiaire en diversos equipos, el Wallonie Bruxelles (actual Bingoal) llamó a su puerta.

Kenny Molly. Foto Bingoal Pauwels Sauces WB
Kenny Molly. Foto Bingoal Pauwels Sauces WB

Kenny es un tipo sonriente. Viajado. Acostumbrado a tratar con gente de diferentes países. A entender que el ciclismo a veces arrincona a muchos corredores en sí mismos porque no hablan el idioma que utiliza el resto. Por suerte, él se habituó rápido cuando le tocó pasar por ello. Su padre quiso que fuera lo antes posible. Mejor adaptarse como un chaval que de más mayor, cuando las cosas cuestan más.

Johan ha visto mucho ciclismo. Es capaz de citar decenas de jóvenes promesas que con 18 años dejaron la bici. Que sucumbieron a la vida adolescente de fiesta y diversión. Por eso no dejó competir a su hijo hasta los 15, para que no se saturara. También le explicó que priorizara correr pocas carreras de nivel antes que muchas pero menos importantes. Y luego contactó con Fran Contador para que corriera en la Fundación. Allí estuvo rodeado de chavales que hablaban español o italiano. Pero con apenas una veintena de años los chicos se integran rápido. Como si fuera un Erasmus. Y ahora habla un idioma más.

Johan siempre ha madurado con antelación el futuro de su hijo. Le avala su trayectoria. Ha sido auxiliar del Quick Step muchos años. Acostumbrado a masajear las mejores piernas del ciclismo de las clásicas, quiso que su hijo conociera a sus ídolos. Desde niño, Kenny estaba acostumbrado a verlos en el hotel antes y después de las grandes citas. Pero, estudiando sus rostros cansados entendió que, detrás de la gloria se escondían unos tipos que además de convivir con la obligación de ganar en las mejores carreras de un día del mundo también les gustaba hablar de videojuegos.

Años después, Kenny ya no es aquel chaval que corría para divertirse. Tras debutar como profesional en Klein Constantia, aquel equipo de formación donde se agruparon muchas de las jóvenes promesas del futuro como Enric Mas, Iván García Cortina, Maximilan Schachmann o Remi Cavagna, y tras algún tiempo como stagiaire en equipos franceses, el Wallonie Bruxelles (actual Bingoal) llamó a su puerta.

Correr en aquel equipo significaba disfrutar de la libertad que no dan los World Tour. Sin un líder claro, las fugas priorizan el proyecto de la estructura. A cambio, conseguirlas no era tan fácil. Siendo un modesto inquilino, la edificación del pelotón tiene los mejores rincones vendidos a los grandes equipos. Pero Kenny era de los que aprendía rápido.

Kenny Molly, dorsal 223, en una imagen de la reciente Lieja Bastoña Lieja
Kenny Molly, dorsal 223, en una imagen de la reciente Lieja-Bastoña-Lieja, donde fue uno de los integrantes de la fuga junto a sus compañeros Luc Wirtgen y MarcoTizza (226). Foto: Gregory Van Gansen / Sprint Cycling Agency.

El año pasado, en la prestigiosa Amstel Gold Race consiguió filtrarse entre los corredores a los que una cámara acompañó durante gran parte de la carrera. No fue su mejor día. Tuvo que compartir los aplausos que abrían carrera con desagradables molestias estomacales que nunca le dejaron tranquilo. Este año fue diferente. La carrera holandesa le empujó a una caída con apenas 12 kilómetros disputados. No fue grave, pero condicionó su estado anímico, aunque le dejó terminar en un grupo numeroso que rodó cerca de los mejores.

Pero, esta vez, la presión es mayor. “Chicos, ya sabéis. Correr la carrera de casa es un honor, pero también es una obligación dejarnos ver. Sé que es difícil, pero los patrocinadores deben de estar contentos. No os debo decir más". Fue el mensaje que Christophe Brandt, mánager del equipo, dio a los seleccionados para disputar Flecha Vallona y Lieja-Bastoña-Lieja. Ambas carreras discurren por el territorio Valón que se dibuja en Bélgica. Y Valonia, junto a la región de Bruselas, son dos de los principales sponsors del equipo.

Kenny ha entrenado duro para llegar con la entereza suficiente para intentar conseguir una fuga en ambas carreras [lo logró en La Decana]. Recién disputado el Tour de Jura, su preparación es óptima. Además cuenta con el mejor apoyo posible. Johan ahora, no sólo es su consejero, también es uno de los auxiliares del equipo. Para muchos esto podría suponer un problema. No para Kenny. Sabe que su padre es consciente del esfuerzo que le supone estar al máximo nivel. El respeto es mutuo y ausente de presión recíproca. Aunque, quizás sin decírselo, la admiración sea mayor por parte de Johan hacia Kenny. Aunque, esas cosas, absurdamente de vergüenza confesarlas. El ciclismo fatiga tanto que seda las emociones.

 

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