Pello Bilbao, el gran comodín de Mikel Landa (1ª Parte)

En este artículo repasamos la trayectoria del vizcaíno, quien tras pasar por el Euskaltel-Euskadi, Caja Rural y Astana, aterriza esta temporada en el Bahrain McLaren para ser un apoyo vital para el nuevo líder del equipo, un viejo conocido, Mikel Landa.

Rafa Simón

pello bilbao bahrain mclaren
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De puertas para adentro, todo se mueve. Incluso el príncipe de Baréin, Salman Bin Hamad, cuyo país esponsoriza el nuevo proyecto, se ha animado a pedalear virtualmente en un evento del equipo. Realidad adulterada para maquillar la realidad. Lazos publicitarios para apoyar un proyecto en torno a Mikel Landa.

Pello acompaña aportando un pedaleo tan optimista como enlatado. Sus piernas ya no están dibujadas en la finura que le pintó la Paris-Niza de hace un mes. Quería ganar una etapa. Apoyar a su compañero Dylan Teuns en la disputa de la general. Pero, de repente el mundo enfermó y tuvo que regresar a casa. Desde su ventana, en cambio, todo permanece estático. A miles de kilómetros del Golfo Pérsico, Gernika, su localidad natal, orientada hacia la costa vizcaína, reposa en silencio bajo un cielo extrañamente azul.

Sus carreteras, las que iniciaron a Pello en todo esto, respiran vacías. De un lado, el que mira a Bermeo, los toboganes de carretera agrietada por el viento marino ven crecer la hierba por las cunetas. Por el otro, las rampas de Morga, nada más pasar Muxika, parecen girar en silencio. Incluso el repecho de Errigoitia espera impaciente a que algún ciclista se acuerde de sus rampas.

 

Ciclismo y estudios

Años atrás, desde juveniles, Mikel y Pello se vieron las caras más de una vez. Pello, una de las promesas vizcaínas, había sido becado por la Fundación Euskadi, como Mikel. Pero era un ciclista a medias. Por un lado, la bici, por otro, sus estudios de IVEF en Vitoria. Por eso, Miguel Madariaga, Mánager de la Fundación, le dijo que estuviera tranquilo. “Te doy cuatro años, para que crezcas con pausa, ya habrá tiempo de ver lo que creo que vales. Cuando termines de estudiar el ciclismo te va a conocer”, le dijo un día.

La calma era algo con lo que Pello convivía de manera innata. La tenía para aguantar las bromas de Unai Arriola “Txulu”, Jorge Calcedo, hermano de su novia, o de Markel Anton, sus otros compañeros del piso de Vitoria donde, entre semana, estudiaban y entrenaban juntos. Los fines de semana, eran rivales, mil y una guerrilas donde también participaba Mikel Landa.

 

Pello Bilbao Euskaltel-Euskadi
 

A Pello, su calidad le delataba, pero también su discreción. Desde muy joven. Dicen que, en amateur, la subida a Gorla corona a un futuro profesional. El día que participó en esa prueba los jueces dieron por vencedora la rueda delantera que cruzó la línea de meta en paralelo a la suya, la de otra joven promesa, Jesús Herrada. En aquella época, no había foto finish y, a ojo de buen cubero, coronaron al conquense. Pello no levantó una palabra por encima de otra. Ya habría alguien que se fijara en él. Y lo tenía bien cerca.

Miguel Madariaga que ya contaba con él en Naturgas, filial amateur de la Fundación, en sólo dos años le subió al equipo continental, el Orbea, en 2011, para que debutara como profesional pero, la inesperada lesión de Koldo Fernández hizo que Miguel sacara a Pello no sólo de sus libros, también de sus cálculos. “Te voy a dar un susto. Olvídate de Orbea. La temporada la vas a seguir con Euskaltel. ¿Tienes miedo o vas a responder lo que quiero oir?”, le retó Madariaga con su agrietada mirada. Pello no pestañeó. Era una oportunidad pintada para él, aunque apareciera algo antes de lo que él hubiese deseado. De pronto, pasó de codearse con otros chavales de su edad, a disfrutar, con sólo 20 años, de la presencia de los ídolos de toda la vida. Y en el equipo de casa.

 

Euskaltel-Euskadi

Para apoyar a las grandes estrellas del equipo contaba con el aval de quien había preparado su formación con reposo: Iñaki Zárate, uno de los Directivos de Naturgas, amante del ciclismo a cambio de nada, o sus directores y preparadores de Naturgas por aquel entonces: Alex Díaz, Iñigo Urretxua y Aritz Arberas. Todos aunaron la misma opinión. Le dijeron que aprovechara la oportunidad.

En Euskaltel, Samuel Sánchez le hacía soñar. El buen rollo lo encontraba con Amets Txurruka y, la tranquilidad, con Igor Antón. El de Galdakao siempre le pedía sosiego. Que calmara su enfado de los días malos para poder disfrutar más de los buenos. Que no tuviera prisa por dejar de lado carreras menos emocionantes para disputar las que salían por la tele. Amets descubrió lo mismo en él. “´Txurru`, no sé si valgo yo para el ciclismo, esta gente va muy rápido”, le dijo durante una Dauphinée al entrar en la habitación. Pero luego, Pello desconectó. Se puso a mirar por Internet las pistas de esquí que había por la zona, las montañas para visitar cuando cogiera las vacaciones. El ciclismo no era una obsesión para él.

Pello Bilbao Euskalte-Euskadi
 

 

Tan sólo en una de las pocas ocasiones en las que el equipo, quizás alistándolo como “hombre de relleno”, apuntó su nombre en una de ellas, sin saberlo, le ofrecieron uno de los mejores días de su vida sobre una bicicleta. Fue un Tour de Flandes. Ataviado con su delgada silueta y sin ningún tipo de adaptación al adoquín flamenco consiguió hacerse un hueco entre tipos fornidos hasta coger la fuga de una carrera en la que no pensaba terminar. De estar condenado al anonimato, pasó a disfrutar del calor del público desde la posición tan privilegiada que da una escapada. Se regaló el griterío de una de las aficiones más entregada del mundo, la flamenca, en una carrera a la que no ha vuelto a acudir.

Pero, sus vivencias en el equipo naranja, también fueron agridulces. Fueron años para disfrutar de las hazañas de Samuel o Igor, pero también llegaron tiempos de convivencia forzada con corredores llegados de cualquier punto de Europa ajenos a la tradición de un equipo que siempre se había basado en la cantera vasca. Algunos, sabedores de que les avalaba un “sistema de puntos”, apenas aportaron, cayendo, incluso, en la tentación del dopaje. Otros, como el griego Tamouridis, pelearon cada carrera como agradecimiento de cada experiencia. De entre todos, Pello confraternizó con Tarik, un tímido marroquí. Su convivencia comenzó de la manera más absurda posible. Ambos fueron alistados por el equipo para participar en las clásicas de las Ardenas pero la nieve obligó a los corredores a permanecer en el hotel. Durante siete días, encerrados en una habitación, tan sólo pudo intercambiar con el marroquí cuatro palabras escupidas en un mal francés más gestual que hablado pero suficiente para hacerseles congeniar.

Tras finalizar la temporada, Pello, llevado por su espíritu viajero, decidió emprender un viaje por África ataviado tan sólo con la compañía del hermano de su novia Andrea y de su mochila. Sin un rumbo preciso a Peio se le ocurrió una idea: "¿Y si nos vamos a ver a Tarik?", le dijo a su atónito acompañante. Juntos consiguieron dar con el pueblo donde Tarik,en alguna de sus gestuales conversaciones le había dicho que vivía. Cuando dieron con la casa, la sorpresa de la madre de Tarik al abrir la puerta fue mayúscula. En un francés mal masticado consiguieron comunicarse hasta la llegada de su hijo convirtiendo aquel día en una maravillosa aventura.

Pero, arrastrado por una corriente de rumores, el fin de aquella etapa estaba por llegar.

 

Aquí puedes leer la 2ª parte de "Pello Bilbao, el gran comodín de Mikel Landa"