Xabier Mikel Azparren: la saga llega a la Fundación Euskadi

El guipuzcoano ha debutado esta temporada en profesionales con el Euskaltel Euskadi honrando así la saga familiar de ciclistas iniciada por su abuelo Javier.

Xabier Mikel Azparren en una imagen del pasado Campeonato de España, en el que formó parte de una fuga. Foto: Photo Gomez Sport
Xabier Mikel Azparren en una imagen del pasado Campeonato de España, en el que formó parte de una fuga. Foto: Photo Gomez Sport

A San Sebastián le describe una belleza gris. Empujada hacia atrás por un mar que, en días de viento, impulsa sus olas con virulencia sobre el paseo marítimo que, entre barra agrietadas por la sal, se dibuja señorial ante los turistas. A cambio, en días de sol, su vestuario cambia. Sonríe con sus playas, pintada en un paisaje mezclado en salitre y montaña.

Pero la mejor vista de la ciudad se contempla desde el Monte Igeldo, alzado entre curvas que parecen acabar sobre el mar y que, desde hace años, ayudan a decidir el ganador de la Clásica ciclista que da nombre a la ciudad. Xabier Mikel suele acudir mucho allí. Sobre todo con la bicicleta. Para despejarse. Se llama así porque a Mikel, su padre, le hizo gracia que un jugador de balomano de la zona se llamase así, aunque todos le llaman Xabier.

Lo de que sea ciclista tiene que ver por su abuelo Javier, que llegó a correr en aficionados. Luego, su padre, además de dedicarse a realizar pruebas de gran fondo, llegó a ser Mánager del Caja Rural. Aunque tanto con él como con su hermano Enekoitz supo relativizar. Les dijo que, si querían dedicarse a dar pedales, que fuera para disfrutar del sufrimiento, no por presión familiar.

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Xabier Mikel (izda) junto a su hermano Enekoitz en una concentración con la Selección el pasado año. Foto: RFEC

A Xabier le costó un poco despegar. Fue un niño torpe con la bicicleta. No le quitaron los ruedines hasta los 9 años y, levantarse del sillín, le costó tres más. Desde entonces, todo fue rodado. Siempre cercano al entorno de la Fundación Euskadi. Su vida se rodeó del soporte necesario para progresar. Muchos de sus amigos han sido antiguos compañeros de equipo y sus actuales directores han crecido con él. Con Mikel Gaztañaga lloró abrazado a su cuello cuando consiguió su primera victoria en amateur en la Volta a Castellón. Con Jorge Azanza estalló de alegría el día que ganó el Campeonato de España de crono sub´23 en 2019. Tras aquella prueba, Jorge le avisó: “Si continúas mejorando en esta disciplina puede que el año que viene estemos hablando de otra cosa”, le retó.

De aquello a lo que se refería Azanza se enteró un par de meses después cuando, parado en un semáforo, cuando regresaba al hotel de concentración en Altea con sus compañeros de la selección española, su teléfono sonó. “Hijo, que la Fundación Euskadi lo hace oficial, ¡Te quieren en el equipo para el año que viene!”, recibió de la emocionada voz de su padre. En ese momento se quedó en shock. El resto le preguntó que qué le pasaba. “Que voy a ser profesional el año que viene”, se limitó a decir, como si aún no fuera consciente.

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Hace unos días conquistaba el premio de la combatividad en l’Etoile d’Or, prueba que acabó noveno de la general. Foto: RFEC

La realidad de su nueva aventura llegó en un hotel de Almería, la víspera de la Clásica. Por protocolo Covid la organización había decidido agrupar a todos los equipos en el mismo hotel. A la hora de la cena, Xabier se vio rodeado de ciclistas de equipos World Tour. Su primera impresión fue sentirse pequeño. Luego se vio afortunado. “Tío, con esta gente respeto, pero de igual a igual”, le dijo Mikel Alonso, su compañero de habitación mientras avanzaban empuñando sus bandejas por la cola que llevaba al catering de la comida.

Sin embargo, el día que el ciclismo profesional le dio la mano fue de lluvia y frío. Enrolado en una fuga de apenas un puñado de hombres, desafió al temporal que castigaba a un pelotón que tiritaba. Entendió que su papel en el ciclismo, además de su faceta de contrarrelojista, debía residir en la búsqueda de las fugas, ya que no se consideraba un hombre rápido. A pesar de ser atrapado a pocos kilómetros de la meta, se sintió feliz.

Pero lo fue más aun cuando, al día siguiente, en la etapa reina, cuando Imanol Erviti, corredor de Movistar, tras acabar de realizar su trabajo, se dejó caer al grupo de hombres que se conformarían con llegar dentro de control, rozó su mirada con la de Xabier. El vasco agachó los ojos por timidez. No pudo evitar fijarse en la envergadura del navarro, en sus potentes piernas y en las fuertes manos que agarraban el manillar desde la barra. Chaval, ayer muy bien en la fuga, le echaste narices”, escuchó. Xabier sonrió. Sólo le salió silbar un agradecimiento escueto. Pero, por dentro, estalló de alegría. Que ese hombre, tan respetado por todos, se hubiera detenido unos segundos para hablar con él era algo que iba a recordar para siempre.

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Xabier Mikel Azparren durante el pasado Campeonato de España contrarreloj, que acabó 10º. Foto: Photo Gomez Sport.

Aunque, de hombres veteranos, también está rodeado en el equipo. Por un lado están los andaluces, con Luis Ángel Maté y Juanjo Lobato. De ahí vienen las bromas. Y luego están los tres vascos, todos con el mismo nombre: Mikel. Con Iturria y Bizkarra estuvo hace poco en Sierra Nevada, entrenando nuevas enseñanzas. Con Aristi siente que tiene un profesor en la carretera que le sabe explicar que es lo que quiere en cada momento.

Pero si tuviera que destacar un Mikel, sería su padre. El que le dijo hace años que no diera pedales por obligación. Y es que, San Sebastián, tiene mil y una distracciones para los jóvenes. Las fiestas, las cuadrillas, ir a potear por “lo viejo”. Las opiosas comilonas en las Sociedades gastronómicas. Xabier optó por el camino del medio. Disfrutar de ello con medida. Como si seleccionara un intento de fuga. Es esencial para cuidarse. Para seguir la estela de su abuelo Javier. Para honrar a su padre y ser el ejemplo de su hermano Enekoitz. La saga de los Azparren.

 

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