David de la Fuente: rock añejo para el Louletano (2ª parte)

Desde 2003 rueda cada año como ciclista profesional. Desde entonces ha pasado por muchos días bonitos como los nervios del neoprofesional, la gloria de las Grandes Vueltas y sus victorias. Pero también por puntos malos como la angustia de verse sin equipo o incluso un proceso de bulimia severa.

David de la Fuente. Foto: Louletano - Loulé Concelho
David de la Fuente. Foto: Louletano - Loulé Concelho

Aquí puedes leer la 1ª parte de "David de la Fuente: rock añejo para el Louletano"

 

Sabes una cosa: los momentos buenos hay que saber disfrutarlos con intensidad. Porque hay muy pocos en la vida, y los malos, se agolpan”, la explica. Sin embargo, Abril parece estar más preocupada por el cuello del jersey de su padre. Pero David no bromea. El ciclismo puede ser como una tormenta de verano. Pasar del cielo más azul a una galerna de rayos y truenos.

En 2011, tras aquella Vuelta, el Geox, a pesar de que le había extendido un contrato por más años, desapareció. De pronto David, de poder haber ganado aquella etapa, de poder seguir disfrutando de participar en victorias de grandes Vueltas, pasó a verse sin equipo. Y, en ese momento, el viejo fantasma de la ansiedad volvió a visitarle.

Fue meses después, ya en 2012, cuando el Caja Rural decidió ficharle. La noticia la recibió con una sonrisa tibia. Sin la luz de la motivación suficiente para estar en forma todo el año como le pedía el equipo. Atufado por el asma que, como cada primavera, le perseguía inclemente. Sin el recuerdo de la lucha por una General de un compañero. En medio de una nostalgia donde, en vez de entrenar, se refugiaba en la carnicería de sus padres donde lamentar su suerte aferrado a una fregona.

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David de la Fuente en una imagen de 2009, vistiendo los colores del Fuji-Servetto

Pero, al final, supo dar la vuelta a aquella espiral de negatividad, retomando las enseñanzas que había encontrado en aquel Tour de 2006. Sin embargo, estaba a punto de despedirse del ciclismo de alto nivel.

A pesar de que le habían prometido renovar el año siguiente con el equipo navarro, la renovación nunca llegó y, de nuevo, tuvo que volver a buscar un equipo. Tras unos meses en los que se planteó dejar el ciclismo, tuvo la posibilidad de recalar en el Torku. Un modesto equipo turco de categoría continental. Esta vez, David aprendió rápido a olvidarse del ciclismo de la televisión para centrarse en el exótico. En carreras disputadas por países donde nunca imaginó que iba a estar rodando sobre su bicicleta. Donde, de nuevo, volvió a encontrarse con su amigo Juanjo [Cobo] que, tras dejar Movistar firmó por el Torku a petición de David el año siguiente.

Tras esos dos años, David volvió a Europa para ingresar en el ciclismo portugués. Siete años en los que la última experiencia en activo será en el Louletano. Un equipo donde no le dicen lo que tiene que hacer, porque ya lo sabe. Una familia donde llegó enseñado. A vueltas con el desengaño, pero enlazado en el mayor valor que le ha dado una carrera ciclista: la autoafirmación.

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Foto: Louletano - Loulé Concelho

Puede que su historia no la conozcan todos aquellos chicos que, enfundados en un maillot de equipos del World Tour, pasaron por delante de David en el alto de la Geoda sin prestar atención en aquel viejo rockero. Sin llegar a pensar que, tras ese humilde maillot del Louletano, se encierran gestas a caballo entre el ciclismo heroico de compañerismo ciego y las cornadas que le ha propinado la inestabilidad de un deporte que le abría y cerraba puertas sin cesar. Que le castigó con la bulimia pero que, también, le enseñó a no ser negativo nunca más.

Hija, prométeme que tu nunca…”. No termina su frase. Abril duerme. Quizá, a final de temporada, termine esta vida de carreras, entrenamientos y viajes. La que empezó con siete años mientras empujaba con ahínco su chapa de Bortolami hasta llegar, un día, a ser lo que es hoy. Un tipo de cuarenta años en paz con el ciclismo. Entonces, podrá ver crecer a su hija.

 

David de la Fuente: rock añejo para el Louletano. Foto: @D_DeLaFuente

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